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SARCOPENIA E INFLAMACIÓN SISTÉMICA EN PACIENTES CON CÁNCER

La pérdida de masa muscular durante el cáncer aumenta el riesgo de mortalidad. El músculo ejerce de rival metabólico contra el tumor y por esto, preservar la masa muscular no debería ser un objetivo ligado únicamente a mantener la calidad de vida del paciente, si no a ejercer de contrapeso (fisiológico) al proceso invasor de la enfermedad.

 


REFERENCIAS

  • Feliciano, E. M. C., Kroenke, C. H., Meyerhardt, J. A., Prado, C. M., Bradshaw, P. T., Kwan, M. L., … & Castillo, A. L. (2017). Association of systemic inflammation and sarcopenia with survival in nonmetastatic colorectal cancer: results from the C SCANS study. JAMA oncology, 3(12), e172319-e172319.

EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA DISMINUYE LA SARCOPENIA EN PACIENTES CON CÁNCER

Los pacientes que reciben terapia de privación de andrógenos para el tratamiento del cáncer de próstata pierden en el primer año de la terapia ~2–4% de masa muscular como consecuencia del descenso de los niveles de testosterona. Este hallazgo es sumamente importante, ya que existe evidencia meta-analítica que concluye que, en pacientes con tumores sólidos como puede ser el cáncer de próstata, la sarcopenia se asocia con una mayor mortalidad general y por la enfermedad (1). Asimismo, como vimos recientemente, la pérdida de masa muscular incrementa el riesgo de muerte en pacientes con cáncer.

Un reciente estudio piloto (2) ha analizado el efecto del entrenamiento de fuerza supervisado sobre la masa muscular de pacientes de cáncer de próstata con terapia de privación de andrógenos, además de comparar si la combinación de suplementación con proteínas (50 g/día) y el entrenamiento proporcionaba beneficios adicionales a los proporcionados por el ejercicio. 32 pacientes con cáncer fueron aleatorizados a uno de los siguientes 4 grupos:

  • Entrenamiento de fuerza y suplementación con proteínas
  • Entrenamiento de fuerza
  • Suplementación con proteínas
  • Grupo control, el cual no recibía ningún tipo de intervención

Los grupos que realizaron entrenamiento de fuerza lo hicieron 3 días/sem durante 12 semanas a una intensidad del 60% 1-RM (15 repeticiones) las dos primeras semanas, para ir progresando hasta finalizar al 83% 1-RM (8 repeticiones) las dos últimas.

Antes del programa de ejercicio, el 44% y 41% de los pacientes tenían sarcopenia y síndrome metabólico, respectivamente. A las 12 semanas, la prevalencia de pacientes con sarcopenia disminuyó entre los grupos que realizaron entrenamiento de fuerza (39%) con respecto a los que no, entre los que incluso aumentó (47%). Sin embargo, la prevalencia de síndrome metabólico no difirió entre los grupos de ejercicio y no ejercicio. Con respecto a las variables de composición corporal, los participantes que hicieron ejercicio incrementaron la masa muscular, mientras que se mantuvo sin cambios entre quienes no lo realizaron. Además, la masa grasa disminuyó en los grupos que entrenaron (-2%) y aumentó en los que no (1%). Asimismo, la circunferencia de cintura se redujo en los grupos de ejercicio con respecto a los que no entrenaron, en los cuales llegó a aumentar (-1% vs 2%). Sin embargo, no hubo beneficios adicionales entre los que, además de entrenar, se suplementaron con proteína en comparación con los que solo entrenaron. La fuerza muscular también incrementó en los grupos de entrenamiento en 6 de los 7 ejercicios (37%–81%), no siendo así en los dos grupos que no realizaron ejercicio. De igual manera, la calidad de vida mejoró en los pacientes que entrenaron, no siendo así en los que no lo hicieron.

En base a los resultados obtenidos, queda demostrada la relevancia clínica del entrenamiento de fuerza en población con cáncer en general, y de próstata en particular, por sus beneficios sobre la composición corporal, la calidad de vida y la fuerza. Finalmente, remarcar que en la actualidad disponemos de evidencia científica suficiente sobre la importancia del ejercicio como tratamiento coadyuvante para pacientes con cáncer.


REFERENCIAS

  1. Shachar, S. S., Williams, G. R., Muss, H. B., & Nishijima, T. F. (2016). Prognostic value of sarcopenia in adults with solid tumours: a meta-analysis and systematic review. Eur J Cancer, 57, 58-67.
  2. Dawson, J. K., Dorff, T. B., Schroeder, E. T., Lane, C. J., Gross, M. E., & Dieli-Conwright, C. M. (2018). Impact of resistance training on body composition and metabolic syndrome variables during androgen deprivation therapy for prostate cancer: a pilot randomized controlled trial. BMC Cancer, 18, 368.

ESTRATEGIAS PASIVAS PARA PREVENIR LA ATROFIA MUSCULAR TRAS UNA LESIÓN

Las lesiones deportivas a menudo requieren de un periodo de inmovilización durante la recuperación, lo cual puede provocar pérdida de masa y fuerza muscular. La electroestimulacion, la restricción de flujo sanguíneo y la vibración son algunas de las principales estrategias pasivas que podemos utilizar para evitarlas.


REFERENCIA

  • Valenzuela PL, Morales JS, Lucia A. Passive Strategies for the Prevention of Muscle Wasting During Recovery from Sports Injuries. Journal of Science in Sport and Exercise. In press.

LA PÉRDIDA DE MASA MUSCULAR INCREMENTA EL RIESGO DE MUERTE EN PACIENTES CON CÁNCER

La caquexia es un síndrome multifactorial que padecen los pacientes con cáncer caracterizado por pérdida involuntaria de peso corporal (>5%), sarcopenia e infiltración de grasa intramuscular. En este estudio en el que se analizaron estas 3 variables a 1473 pacientes mediante tomografia computarizada, aquellos que tenían caquexia tuvieron peor pronóstico de supervivencia (8,4 meses), independientemente de su IMC, frente a aquellos que no presentaban ninguna de estas 3 variables (28,4 meses). Estos resultados muestran la importancia de la evaluación de la composición corporal en los pacientes con cáncer, así como la necesidad de implementar protocolos para evitar la pérdida de masa y fuerza muscular. El entrenamiento de fuerza ayuda a preservar la masa muscular, la fuerza y mejorar la calidad de vida de estos pacientes, por lo que puede ser un tratamiento coadyuvante eficaz para atenuar los efectos asociados a la enfermedad.

ENTRENAR FUERZA 1 VEZ A LA SEMANA REDUCE EL RIESGO DE MUERTE

Los beneficios del ejercicio físico aeróbico sobre la enfermedades cardiovasculares (ECV) y la mortalidad son ampliamente conocidos. Sin embargo, no pasa igual con el entrenamiento de fuerza, para el que ha sido analizado principalmente su efecto sobre la salud ósea, la función física, la calidad de vida o la salud metabólica, siendo aún limitada la evidencia respecto a los beneficios del ejercicio de fuerza sobre la ECV y la mortalidad por cualquier causa.

En este contexto, un grupo de investigadores evaluaron el efecto del entrenamiento de fuerza y su frecuencia de realización, evaluado mediante cuestionarios, sobre la ECV y la mortalidad en 12591 sujetos. Cabe señalar que, independientemente de haber hecho ejercicio aeróbico, realizar entrenamiento de fuerza 1, 2 o 3 veces a la semana redujo entre 40-70% el riesgo de eventos cardiovasculares y de muerte en comparación con los que no lo realizaron. Además, el menor riesgo se obtuvo para los que entrenaron fuerza 2 veces a la semana, mientras que los que la habían entrenado 4 o más veces a la semana tuvieron incluso mayor riesgo que los que no habían entrenado (Figura 1). De forma sorprendente, una única sesión semanal de fuerza o solamente entre 1-59 minutos a la semana ya se asoció con un menor riesgo de ECV, con independencia de haber cumplido las recomendaciones de ejercicio aeróbico.

Figura 1. Relación dosis-respuesta entre la frecuencia semanal de entrenamiento de fuerza y el riesgo de eventos cardiovasculares.

En resumen, una sola sesión o incluso menos de 1h a la semana de entrenamiento de fuerza, independientemente del ejercicio aeróbico realizado, reduce el riesgo de eventos cardiovasculares y de mortalidad por cualquier causa. Por lo tanto, observamos cómo incluso una dosis mínima de ejercicio es ya suficiente para reducir de forma importante el riesgo de morbi-mortalidad en comparación con la población que no realiza este tipo de entrenamiento, lo que debería estimular a entrenar al menos un día a aquellas personas que por sus ajetreadas agendas no son capaces de entrenar fuerza 2-3 veces por semana como recomiendan las principales organizaciones. Por último, parece ser contraproducente entrenar fuerza con una alta frecuencia semanal (4 o más veces).


REFERENCIA

Liu, Y., Lee, D. C., Li, Y., Zhu, W., Zhang, R., Sui, X., … & Blair, S. N. (2018). Associations of Resistance Exercise with Cardiovascular Disease Morbidity and Mortality. Medicine and Science in Sports and Exercise. [Epub ahead of print]

¿ES SEGURO CONSUMIR MUCHAS PROTEÍNAS?

Las proteínas son probablemente el suplemento más popular entre los deportistas, ya que favorecen la recuperación tras el entrenamiento y el aumento de masa muscular. Además, su uso está cada vez más extendido en otras poblaciones como las personas mayores, en las que se recomienda aumentar la ingesta de este macronutriente para prevenir la atrofia muscular asociada a la edad.

Sin embargo, existe cierta preocupación sobre los posibles efectos adversos de tomar grandes dosis de proteínas, especialmente a nivel renal. Ante esta controversia, un reciente meta-análisis publicado en la prestigiosa revista Journal of Nutrition (Devries et al. 2018)comparó estudios que aportaban dosis altas de proteína (establecido como más de 1.5 g/kg o 100 g al día, o más del 20% de la energía total consumida) con otros en los que los participantes consumían dosis menores durante un mínimo de 4 días. Tras analizar 28 estudios que incluían más de 1000 participantes sanos, los resultados mostraron que el filtrado glomerular, un indicador de la función renal, no evolucionaba de forma diferente en los sujetos que consumían dosis altas o bajas de proteínas.

De forma similar, un estudio (Antonio et al. 2016)hizo que sujetos entrenados en fuerza siguiesen su dieta habitual (la cual era de por sí alta en proteínas, ya que consumían 2.6 g/kg al día) o tomasen una dosis muy alta de proteínas (> 3 g/kg al día) durante 8 semanas. Al ser la dosis de proteínas tan alta en ambos casos, no hubo diferencias en la composición corporal entre grupos, pero un aspecto curioso fue que en ningún caso se produjeron efectos adversos a nivel de función renal, hepática o en otras variables analíticas (e.g., perfil lipídico).

Por lo tanto, cada vez hay más evidencia de que consumir proteínas por encima de las dosis tradicionalmente recomendadas no produce efectos adversos en personas sanas, aunque es importante remarcar que en personas que ya presentan insuficiencia renal sí podría suponer un empeoramiento de la patología (Knight et al. 2003). Además, como muestra un meta-análisis reciente, la suplementación con proteína es eficaz para aumentar la masa muscular y la fuerza, pero los beneficios parecen no aumentar con dosis mayores a 1.6 g/kg (Morton et al. 2018).


REFERENCIAS

Antonio J, Ellerbroek A, Silver T, et al (2016) The effects of a high protein diet on indices of health and body composition – a crossover trial in resistance-trained men. J Int Soc Sports Nutr 13:1–7. doi: 10.1186/s12970-016-0114-2

Devries MC, Sithamparapillai A, Brimble KS, et al (2018) Changes in Kidney Function Do Not Differ between Healthy Adults Consuming Higher- Compared with Lower- or Normal-Protein Diets: A Systematic Review and Meta-Analysis. J Nutr 148:1760–1775. doi: 10.1093/jn/nxy197

Knight EL, Stampfer MJ, Hankinson SE, et al (2003) The impact of protein intake on renal function decline in women with normal renal function or mild renal insufficiency. Ann Intern Med 138:460–467.

Morton RW, Murphy KT, McKellar SR, et al (2018) A systematic review, meta-analysis and meta-regression of the effect of protein supplementation on resistance training-induced gains in muscle mass and strength in healthy adults. Br J Sports Med 52:376–384. doi: 10.1136/bjsports-2017-097608

LA SARCOPENIA DUPLICA EL GASTO SANITARIO

Un estudio publicado recientemente muestra como la sarcopenia y la pérdida de fuerza en personas mayores duplica el gasto sanitario y social en Gran Bretaña, aumentándolo en alrededor de 2.500 millones de £.

La implementación de medidas que eviten la prevalenvia de sarcopenia y debilidad muscular en las personas mayores tendrá un importante impacto económico. De nuevo, el ejercicio físico se erige como una herramienta fundamental para la mejora de la salud de la personas (y de las arcas públicas).

ESTRATEGIAS PARA COMBATIR LA INACTIVIDAD FÍSICA EN LOS MAYORES

Los periodos de inactividad como los que ocurren durante hospitalizaciones o periodos de enfermedad conllevan importantes consecuencias en cualquier población, pero especialmente en personas mayores.

Por ejemplo, un reciente estudio (McGlory et al., 2017) evaluó el efecto de dos semanas de reducción de actividad física en la salud de personas mayores (69 años de media). Los pacientes, que tenían sobrepeso y eran considerados pre-diabéticos (perfil cada vez más habitual en personas de esa edad), redujeron durante dos semanas el número de pasos a menos de 1.000 al día, y después volvieron a su nivel de actividad física habitual (en torno a 7.000 pasos al día) durante otras dos semanas. Los resultados mostraron un importante empeoramiento de la sensibilidad a la insulina durante el periodo de inactividad, que no consiguió recuperarse en las dos semanas posteriores. Además, la síntesis proteica (un marcador de atrofia muscular) también disminuyó al reducir la actividad física, y no se recuperó tras dos semanas de vuelta a su actividad normal.

Éste y otros estudios confirman los peligrosos efectos de disminuir el nivel de actividad física durante periodos tan cortos como dos semanas, incluyendo entre otros un empeoramiento de la salud metabólica, pérdida de funcionalidad y atrofia muscular. Sin embargo, como resume una revisión publicada en Aging Research Reviews por miembros de Fissac junto con expertos como Alejandro Lucía o Mikel Izquierdo (Valenzuela et al., 2018), tenemos a nuestra disposición diferentes estrategias para evitarlo.

Si el paciente puede realizar ejercicio físico, se pueden obtener beneficios con métodos tan sencillos como levantarse de la silla a la máxima velocidad posible, ejercicios con gomas, o contracciones isométricas, lo que permite su ejecución en habitaciones de hospital o incluso durante periodos de inmovilización. Realizar ejercicio aeróbico ya sea andando o pedaleando (existen pedalinas que se pueden colocar en posición tumbado) también reduce la pérdida de funcionalidad que acompaña a estos periodos de inactividad. Además, la combinación de estas estrategias junto con restricción de flujo sanguíneo puede maximizar los beneficios. Incluso en aquellas situaciones en las que el paciente no puede realizar ejercicio podemos tratar de evitar las consecuencias de la inactividad, pues la electro-estimulación y la vibración nos permiten “simular” contracciones voluntarias, con los consiguientes beneficios a nivel muscular, óseo y metabólico.

Por lo tanto, debemos tener conciencia de las consecuencias negativas de la inactividad física incluso durante periodos cortos de tiempo, algo excesivamente común sobre todo en hospitales o residencias. El papel de los profesionales del ejercicio físico en este contexto es primordial, ya que tienen a su disposición numerosas estrategias para evitar el deterioro funcional que conllevan.


REFERENCIAS

  • McGlory, C., von Allmen, M. T., Stokes, T., Morton, R. W., Hector, A. J., Lago, B. A., … Newman, A. (2017). Failed Recovery of Glycemic Control and Myofibrillar Protein Synthesis With 2 wk of Physical Inactivity in Overweight, Prediabetic Older Adults. The Journals of Gerontology: Series A, 00(00), 1–8. https://doi.org/10.1093/gerona/glx203
  • Valenzuela, P. L., Morales, J. S., Pareja-Galeano, H., Izquierdo, M., Emanuele, E., de la Villa, P., & Lucia, A. (2018). Physical strategies to prevent disuse-induced functional decline in the elderly. Ageing Research Reviews, 47(July), 80–88. https://doi.org/10.1016/J.ARR.2018.07.003

SI ESTÁS ESCAYOLADO, ENTRENA EL OTRO LADO

Las lesiones o procesos quirúrgicos requieren frecuentemente de la inmovilización de algún miembro durante un periodo de tiempo, ya sea de unos días o de varias semanas. Estos procesos conllevan una serie de adaptaciones negativas a nivel local, especialmente pérdida de masa y fuerza muscular, pero también sistémico, ya que la inactividad física va asociada a un empeoramiento de la función cardiovascular y metabólica (ej. menor sensibilidad a la insulina).  De hecho, periodos de inactividad tan breves como 5 días, comunes ante lesiones de no muy alta gravedad, han mostrado inducir una importante pérdida de masa (3.5%) y fuerza (9%) (Wall et al., 2014).

Es por lo tanto primordial tratar de minimizar la deterioración muscular en estas situaciones. Por ejemplo, en el ámbito deportivo reducir la pérdida de fuerza mientras que la persona debe mantener el miembro inmovilizado (ej. una pierna escayolada) nos permitirá volver a competir antes y en mejores condiciones. De forma similar, reducir la pérdida de masa muscular en personas mayores que han sido sometidas a una operación reducirá el riesgo de caídas y la pérdida de funcionalidad que normalmente sufren estos pacientes.

Con este fin ha sido publicado recientemente un meta-análisis (Manca, Dragone, Dvir, & Deriu, 2017)que evaluó si el entrenamiento unilateral puede provocar mejoras en el miembro contra-lateral. Tras analizar 31 estudios (785 participantes que entrenaron solo un hemisferio del cuerpo, ya sea de miembros superiores o inferiores),los resultados mostraron que el entrenamiento de un miembro producía una mejora de entre el 9 y el 16% (miembros superiores e inferiores, respectivamente) en el miembro contra-lateral. Además, estos beneficios se observaban ante cualquier tipo de entrenamiento, pero sobre todo con los ejercicios excéntricos.

Los efectos que el ejercicio provoca a nivel central (corteza motora, etc.) y sistémico (ej. liberación de mioquinas al torrente sanguíneo) podrían facilitar adaptaciones positivas incluso en los segmentos no utilizados. En este caso los resultados son de una gran aplicabilidad, ya que apoyan la inclusión de ejercicios de fuerza en el miembro no inmovilizado para reducir la pérdida de fuerza muscular en el miembro-contralateral inmovilizado.


Referencias

Manca, A., Dragone, D., Dvir, Z., & Deriu, F. (2017). Cross-education of muscular strength following unilateral resistance training: a meta-analysis. European Journal of Applied Physiology, 117(11), 2335–2354. https://doi.org/10.1007/s00421-017-3720-z

Wall, B. T., Dirks, M. L., Snijders, T., Senden, J. M. G., Dolmans, J., & Van Loon, L. J. C. (2014). Substantial skeletal muscle loss occurs during only 5 days of disuse. Acta Physiologica, 210(3), 600–611. https://doi.org/10.1111/apha.12190

LA IMPORTANCIA DEL ESPECIALISTA EN EJERCICIO FÍSICO Y CÁNCER

Conocemos por estudios previos la importancia del ejercicio físico durante y una vez finalizado el tratamiento del cáncer en la mejora de la fuerza y la masa muscular, la fatiga, la capacidad cardiorrespiratoria y la calidad de vida. Sin embargo, la magnitud de estas mejoras vendrá dada por las características del ejercicio, entre las que se incluyen los criterios TIFD (tipo, intensidad, frecuencia y duración). Asimismo, un aspecto que se ha demostrado fundamental a la hora de optimizar los beneficios del ejercicio en el cáncer es la realización del programa de entrenamiento bajo la supervisión de un especialista (1).

Un reciente meta-análisis ha comparado los efectos del ejercicio físico supervisado frente al no supervisado sobre la función física y la calidad de vida en pacientes con cáncer. Se incluyeron 64 estudios controlados aleatorizados con 47 grupos de intervención supervisados y 17 no supervisados (2).

El análisis de los resultados determinó que el ejercicio supervisado mejoró significativamente la función física y la calidad de vida, mientras que el no supervisado no produjo efectos significativos sobre las variables de estudio. Los mayores beneficios del ejercicio supervisado podrían explicarse por una mayor adherencia al programa de entrenamiento, un cumplimiento más estricto de la intensidad prescrita, un continuo feedback, así como mayor atención y apoyo del especialista. Por último, un sub-análisis mostró que, para el ejercicio no supervisado, los beneficios sobre la función física fueron mayores con un mayor gasto energético semanal, no habiendo diferencias para la calidad de vida.

Por tanto, los importantes beneficios obtenidos con el ejercicio supervisado, en comparación con el no supervisado, vuelven a poner de manifiesto el importante papel de los especialistas en ejercicio físico y cáncer. Y es que estos especialistas no solo deben manejar las diferentes características inherentes al ejercicio para un buen uso de éste, sino que además han de conocer la fisiopatología de la enfermedad y los diferentes efectos secundarios a los distintos tratamientos médicos que se pueden producir en los órganos y sistemas corporales.


REFERENCIAS

  1. Buffart, L. M., Kalter, J., Sweegers, M. G., Courneya, K. S., Newton, R. U., Aaronson, N. K., … & Steindorf, K. (2017). Effects and moderators of exercise on quality of life and physical function in patients with cancer: An individual patient data meta-analysis of 34 RCTs. Cancer Treatment Reviews, 52, 91-104.
  2. 2. Sweegers, M. G., Altenburg, T. M., Chinapaw, M. J., Kalter, J., Verdonck-de Leeuw, I. M., Courneya, K. S., … & Buffart, L. M. (2017). Which exercise prescriptions improve quality of life and physical function in patients with cancer during and following treatment? A systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. British Journal of Sports Medicine, bjsports-2017.