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FIT OR FAT, EL GRAN DEBATE: ¿MEJOR LA OBESIDAD O LA FORMA FÍSICA COMO MARCADOR DE SALUD?

El sobrepeso o la obesidad, a menudo entendidos como un excesivo índice de masa corporal (IMC), han sido unos de los factores más asociados a mortalidad en la historia. Sin embargo, hace ya casi tres décadas el Dr. Steven Blair publicó en la prestigiosa revista JAMA un estudio1 que cambiaría este paradigma. En aquel estudio se mostró en 13344 personas cómo una mejor forma física (expresada como capacidad cardiorrespiratoria en una prueba de esfuerzo) se asociaba con una menor mortalidad, independientemente de la presencia de otros conocidos factores de riesgo como el tabaquismo, el colesterol, la presión arterial o, incluso, la obesidad.

Desde entonces, el papel de la obesidad como factor de riesgo per se se ha puesto en entredicho. Un meta-análisis reciente2 trató de compilar la evidencia al respecto, comparando la forma física y la obesidad como factores de riesgo sobre la mortalidad. Tras analizar datos de 10 estudios (92986 personas) estos autores encontraron que una peor forma física se asociaba a una mayor mortalidad, independientemente de que los sujetos tuvieran un mayor o menor IMC. Sin embargo, no existieron diferencias en el riesgo de mortalidad entre sujetos con normopeso, sobrepeso u obesidad si su forma física era buena. 

Parece que el estado de forma podría jugar un rol más importante, o al menos igual de importante, que la obesidad en el desarrollo de patologías y la mortalidad, estando la obesidad asociada con una mayor mortalidad solamente si además disminuye la forma física. De hecho, se han creado términos como “obeso metabólicamente sano” que tratan de describir a aquellas personas con un IMC excesivo (>30) pero sin otras comorbilidades como hipertensión, dislipidemia o diabetes. Así, estos obesos metabólicamente sanos, siempre y cuando presenten además una buena forma física, podrían no tener un mayor riesgo de mortalidad que otras personas con un peso normal.

Como concluyen el Dr. Steven Blair y colaboradores en su último artículo publicado en la revista JAMA3, estos datos no buscan promover la obesidad en una sociedad en la que ésta puede ser considerada actualmente una epidemia, sino que tratan de crear conciencia sobre la importancia de mantener una buena forma física y por ende del ejercicio físico. Nuestros esfuerzos deben ir encaminados a aumentar en la medida de lo posible los niveles de actividad física en cualquier población, promoviendo también una alimentación saludable.  Sea cual sea tu edad y condición, realizar unos niveles mínimos de actividad física, como los 150 minutos a intensidad moderada o 75 minutos a intensidad vigorosa a la semana propuestos por estamentos como la Organización Mundial de la Salud, es el primer paso para mejorar tu salud.


REFERENCIAS

  1. Blair SN, Kohl HW, Pattenbarger RS, Clark DG, Cooper KH, Gibbons LW. Physical Fitness and All-Cause Mortality: A Prospective Study of Health Men adn Women. JAMA. 1989;262(17):2395–401.
  2. Barry VW, Baruth M, Beets MW, Durstine JL, Liu J, Blair SN. Fitness vs. fatness on all-cause mortality: A meta-analysis. Prog Cardiovasc Dis 2014;56(4):382–90.
  3. Kennedy AB, Lavie CJ, Blair SN. Fitness or Fatness. JAMA 2018;319(3):231.

MONITORIZACIÓN DE LA FATIGA EN JUGADORES PROFESIONALES DE FÚTBOL

Los entrenadores y preparadores físicos de las distintas disciplinas deportivas tienen como objetivo que sus deportistas lleguen en un estado óptimo de forma el día de la competición además de evitar posibles lesiones. Para ello deben monitorizar y cuantificar la carga de cada entrenamiento con el objetivo de planificar las sesiones en función de la fatiga interna de cada deportista.

En un estudio reciente llevado a cabo por el readaptador de lesiones del Manchester United, Robin Thorpe, cuantificaron la relación entre la carga diaria de entrenamiento con una serie de medidas potenciales de la fatiga en jugadores de fútbol de élite durante la pretemporada (17 días).

Manchester United Training

Durante este periodo los investigadores recogieron diariamente las siguientes variables: distancia total recorrida a alta intensidad (THIR o Total high-intensity running distance), percepciones de bienestar (fatiga, dolor muscular, calidad del sueño), salto con contramovimiento (CMJ), recuperación de la frecuencia cardiaca post-ejercicio, variabilidad de la frecuencia cardiaca (Ln rMSSD). Utilizaron modelos lineales para con el fin de evaluar la influencia de las fluctuaciones diarias de la distancia recorrida a alta intensidad sobre las variables de fatiga.

Variaciones en la fatiga (r=-0.51; P<0.001), la variabilidad de la frecuencia cardiaca (r=-0.24; P=0.04), y el CMJ (r=0.23; P=0.04) se relacionaron significativamente con las fluctuaciones de la distancia recorrida a alta intensidad. En cambio, las correlaciones entre el dolor muscular, la calidad del sueño y la recuperación de la frecuencia cardiaca no fueron estadísticamente significativas.

Por ello, las calificaciones percibidas de la fatiga y la variabilidad de la frecuencia cardiaca eran sensibles a las variaciones en la distancia recorrida a alta intensidad en jugadores de fútbol de élite. Por lo tanto, estos marcadores pueden formar parte de la estrategia de los preparadores para valorar al jugador, siendo además evaluaciones no invasivas.

2015 Preseason: LA Galaxy training session at StubHub Center on January 26, 2015 in Carson, CA. Photo by Asano/LA Galaxy.

La cantidad de datos que puede amasar un cuerpo técnico es inmensa: GPS, frecuencia cardiaca, parámetros fisiológicos, etc. La diferencia entre aquellos que tienen éxito y no es la capacidad de gestionar esa amalgama de información y saber utilizarla en favor del deportista y sus objetivos.