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LA ACTIVIDAD FÍSICA, CLAVE EN LA PREVENCIÓN DE FRACTURAS EN MUJERES POSMENOPÁUSICAS

La menopausia se caracteriza por una disminución en la producción de hormonas sexuales como los estrógenos, la progesterona, y en menor medida la testosterona. Estos cambios hormonales provocan numerosos efectos en las mujeres, entre ellos, una disminución de su densidad mineral ósea. De hecho, en un estudio realizado en cerca de 100.000 mujeres post-menopáusicas se observó que aproximadamente una de cada tres había tenido al menos una fractura tras la menopausia (1).

El ejercicio físico podría ser una estrategia efectiva para aumentar la salud muscular y ósea en mujeres post-menopáusicas, reduciendo así el riesgo de fracturas. Con el fin de confirmar dicha hipótesis, un estudio publicado en JAMA (2) que incluyó casi 80.000 mujeres con edades comprendidas entre los 50 y los 79 años evaluó los niveles de actividad física así como la incidencia de fracturas durante un periodo de 14 años de media. Confirmando los datos mencionados anteriormente, aproximadamente una de cada tres mujeres (33%) sufrió alguna fractura. Sin embargo, es importante mencionar que los niveles de actividad física diarios se asociaron de forma inversa al riesgo de fractura. Por ejemplo, las mujeres que realizaban más actividad física tuvieron un 18% menos riesgo de fractura de cadera – una de las fracturas más comunes en esta población – que las que permanecían inactivas. Por el contrario, un mayor tiempo de sedentarismo (en concreto, más de 9 horas y media diarias de actividades sedentarias) se asoció a un mayor riesgo de fracturas.

Estos resultados tienen una gran relevancia, especialmente teniendo en cuenta la alta prevalencia de fracturas en esta población y las graves consecuencias que esto puede tener (ej., mayor riesgo de pérdida de densidad mineral ósea y masa/fuerza muscular durante la recuperación de la fractura, y pérdida de independencia funcional). Además, las fracturas suponen un gran desembolso económico para los sistemas de salud pública. Por ejemplo, en Estados Unidos se ha estimado que se dan 1.5 millones de fracturas en mujeres anualmente, lo que supone 12.7 billones de dólares para los sistemas de salud (3). El ejercicio físico debe ser por lo tanto un pilar fundamental en el día a día de las mujeres pre- y post-menopáusicas, intentando además reducir en la medida de lo posible el número de horas que se pasan en actividades sedentarias como trabajar sentado o ver la televisión.


REFERENCIAS

  1. Eisman, J., et al. (2004) Osteoporosis prevalence and levels of treatment in primary care: the Australian BoneCare Study. J Bone Miner Res. 19(12):1969-75.
  2. LaMonte, M.J., et al. (2019) Association of Physical Activity and Fracture Risk Among Postmenopausal Women. JAMA Network Open. 2(10):e1914084.
  3. Burge, R., et al. (2007) Incidence and economic burden of osteoporosis-related fractures in the United States, 2005-2025.J Bone Miner Res. 2007;22(3):465-475.

REALIZAR ACTIVIDAD FÍSICA DURANTE EL EMBARAZO CONLLEVA MENOR RIESGO DE CESÁREA Y OTROS BENEFICIOS PARA LA MADRE Y EL FETO

Las contracciones uterinas propias del parto pueden provocar estrés metabólico en el feto, viéndose este estrés reflejado en los gases arteriales y venosos del cordón umbilical inmediatamente después del nacimiento. Los pequeños cambios en el pH fetal podrían afectar significativamente tanto el funcionamiento de los sistemas nervioso central y cardiovascular, lo que implicaría una menor puntuación en el test de Apgar (test de evaluación post-parto de la salud del recién nacido) y, por tanto, un mayor riesgo de complicaciones neonatales a corto y largo plazo.

Por otra parte, como muestran diferentes estudios, la realización de actividad física (AF) durante el embarazo tiene una importante influencia en la salud de la madre y el feto durante y después del parto. Hasta la fecha no se había analizado de forma objetiva la asociación entre la AF realizada durante el embarazo y los gases arteriales y venosos extraídos del cordón umbilical y otros parámetros maternos y fetales relacionados con el parto. Sin embargo, un estudio enmarcado dentro del Proyecto GESTAFIT perteneciente a la Universidad de Granada (Granada, España) ha tratado de dar solución a dicha cuestión (1). Para ello, analizaron el tiempo de sedentarismo y de AF a través de un acelerómetro en 94 mujeres embarazadas durante el 2º trimestre de gestación.

Los resultados mostraron varios hallazgos interesantes a tener en cuenta. Un mayor tiempo de sedentarismo se asoció con una mayor presión parcial de dióxido de carbono y un pH más ácido en arteria y vena umbilicales, sugiriendo que la inactividad durante el embarazo se podría relacionar con un aumento de la acidosis fetal durante el parto, lo que podría indicarnos una deficiente perfusión placentaria. Además, mayores niveles de AF se asociaron con una mejor saturación de oxígeno y menor acidez en la arteria umbilical, siendo considerado un signo positivo de bienestar fetal. Esto sería tremendamente beneficioso, ya que las contracciones uterinas durante el parto producen restricciones agudas del flujo sanguíneo desde la placenta hacia el feto, pudiendo la AF minimizar estos riesgos. Del mismo modo, un mayor número de pasos diario se relacionó con una menor duración de la primera etapa del parto, hallazgo de una gran relevancia clínica, ya que una duración prolongada de esta etapa del parto conlleva un mayor riesgo de intervenciones obstétricas y cesáreas. En este sentido, se observó una mayor proporción de mujeres que dieron a luz mediante cesárea entre aquellas que realizaron una menor cantidad de AF, independientemente de la intensidad. Sin embargo, se encontró una menor puntuación en el test de Apgar asociada a la AF vigorosa.

En resumen, estos resultados sugieren que los neonatos de las mujeres físicamente activas tienen un mejor equilibrio ácido-base, lo que podría reducir el riesgo de cesárea y mejorar el bienestar fetal. Por tanto, vuelven a demostrarse los beneficios de realizar AF durante el embarazo en el parto.

REFERENCIAS:

  1. Baena‐García, L., Ocón‐Hernández, O., Acosta‐Manzano, P., Coll‐Risco, I., Borges‐Cosic, M., Romero‐Gallardo, L., … & Aparicio, V. A. (2019). Association of sedentary time and physical activity during pregnancy with maternal and neonatal birth outcomes. The GESTAFIT Project. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 29(3), 407-414.

BENEFICIOS DEL EJERCICIO FÍSICO DURANTE EL EMBARAZO

En anteriores entradas describimos algunos de los principales beneficios de la realización de ejercicio físico durante el embarazo sobre la propia madre, el feto e incluso el proceso del parto. Sin embargo, menos del 20% de las mujeres embarazadas cumplen las recomendaciones mínimas de ejercicio físico, es decir, 30 minutos al día de actividad física moderada-vigorosa.

Una reciente revisión sistemática (1) analizó la evidencia existente en relación a los beneficios de la realización de ejercicio físico durante el embarazo. Se evaluaron 61 estudios controlados aleatorizados, de los que el 92% fueron considerados de alta calidad metodológica. Los estudios incluyeron intervenciones con entrenamiento aeróbico (n=15), fuerza (n=6), concurrente (n=32) o asesoramiento en ejercicio (n=8). En todos ellos, el grupo control estuvo compuesto por embarazadas sin contraindicaciones médicas u obstétricas para la práctica de ejercicio físico.

Aunque las diferencias en frecuencia, intensidad y duración de ejercicio o el momento del embarazo en el que se llevó a cabo, junto con la baja adherencia al entrenamiento descrita en algunos estudios, dificulta el establecimiento de conclusiones sólidas, sí podemos aseverar que la práctica de ejercicio durante el embarazo es segura, ya que en ningún caso se registraron efectos adversos sobre la madre o el feto. Además, se observaron beneficios sobre la capacidad cardiorrespiratoria de la madre y sobre la prevención de incontinencia urinaria para aquellos programas que incluyeron entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico. Sin embargo, sobre el resto de variables analizadas, la evidencia fue débil. Por último, la modalidad de ejercicio que parece producir mayores mejoras durante el embarazo es el entrenamiento concurrente.

Por ello, es necesario seguir insistiendo en que las mujeres embarazadas y el personal sanitario sean conscientes de la gran importancia de realizar ejercicio físico durante este periodo ya que, además de haber demostrado ser seguro, los beneficios obtenidos repercutirán en la calidad de vida tanto de la madre como de la de su hijo.


REFERENCIA

Perales, M., Santos-Lozano, A., Ruiz, J. R., Lucia, A., & Barakat, R. (2016). Benefits of aerobic or resistance training during pregnancy on maternal health and perinatal outcomes: A systematic review. Early human development, 94, 43-48.

LA OBESIDAD DURANTE EL EMBARAZO ACORTA LA VIDA DE LOS HIJOS

Durante el embarazo, la obesidad de la madre va a influir en el entorno intrauterino, pudiendo producir alteraciones en el desarrollo, la fisiología y el metabolismo del feto, siendo éste posiblemente el origen de determinadas enfermedades que sufra el recién nacido a lo largo de su vida. Así, por ejemplo, la obesidad durante el embarazo se asocia con un crecimiento fetal anormal, incremento en el riesgo de complicaciones durante el parto, muerte fetal y muerte súbita del lactante. De igual modo, la obesidad, el asma y las enfermedades cardiovasculares durante la edad infantil se asocian con un estado de obesidad materna. Por tanto, la obesidad de la madre podría tener consecuencias sobre la salud del feto durante el propio embarazo e incluso años después de su nacimiento.

Por otro lado, como hemos visto en entradas anteriores, la longitud de los telómeros es considerada un marcador del estado de salud celular y el envejecimiento biológico, asociándose con enfermedades relacionadas con la edad como las cardiovasculares, la diabetes tipo II y la aterosclerosis, y una mayor mortalidad. Además se sabe que la longitud de los telómeros de un recién nacido va a determinar su longitud telómerica en etapas futuras de la vida.

En base a estas evidencias, un reciente estudio (1) ha analizado el efecto de la obesidad de la madre antes del embarazo -en base al IMC- sobre la longitud de los telómeros de los recién nacidos, evaluada a través de muestras de sangre del cordón umbilical (n = 743) y la placenta (n = 702).

De forma sorprendente se halló que la obesidad previa al embarazo se asoció con telómeros más cortos en los recién nacidos. Independientemente de otros factores, la longitud telomérica de los neonatos con madres con obesidad fueron más cortos que los de aquellos con madres con un peso saludable.

Por último, los datos mostraron que para cada aumento de una unidad de IMC, los telómeros de la sangre del cordón y de la placenta fueron 0.50% y 0.66% más cortos, respectivamente. Esto supone una pérdida de aproximadamente 50 pares de bases en la longitud del telómero, mientras que se estima que un adulto pierde entre 32.2 y 45.5 pares de bases anualmente (2), por lo que cada aumento previo al embarazo de una unidad de IMC es equivalente a la pérdida de pares de bases que sufre un adulto en un periodo de 1.1 a 1.6 años.

Estos hallazgos son de especial relevancia clínica, ya que supone que los recién nacidos de madres que padecían obesidad fueron de 12 a 17 años mayores biológicamente en comparación con los recién nacidos de mujeres con peso normal, en base a la equivalencia de pérdida telomérica que se produce anualmente en la edad adulta.

El impacto sobre la salud pública es considerable, ya que en sociedades con un alto nivel socioeconómico el 30% de las mujeres en edad reproductiva tienen sobrepeso, con el consiguiente riesgo debido al acortamiento telomérico que se produce en los neonatos de madres con obesidad, lo que podría incrementar el riesgo de futuras enfermedades crónicas.

El estilo de vida previo al embarazo de la madre va a determinar la longitud telomérica del recién nacido y, por tanto, podría estar predisponiéndolo a un envejecimiento biológico y molecular prematuro y a una mayor susceptibilidad a las enfermedades.


REFERENCIAS

  1. Martens, D. S., Plusquin, M., Gyselaers, W., De Vivo, I., & Nawrot, T. S. (2016). Maternal pre-pregnancy body mass index and newborn telomere length. BMC Medicine, 14(1), 148.
  2. Müezzinler, A., Zaineddin, A. K., & Brenner, H. (2013). A systematic review of leukocyte telomere length and age in adults. Ageing Research Reviews, 12(2), 509-519.

¿BASTA SOLO CON NADAR? HIT EN LA NATACIÓN PARA EL CONTROL DE LA GLUCOSA Y LA INSULINA

Nadar, la palabra mágica. La mayoría de las veces que alguien va al médico y éste “se atreve a prescribir” ejercicio la palabra mágica es nadar. Es cierto que es un ejercicio con múltiples beneficios, pero al igual que si tienes un problema cardiaco no te recetan un fármaco para el aparato digestivo, la elección del ejercicio a realizar deberá ir en consonancia con los efectos que éste pueda provocar.

Ahora pensemos en toda esa población que va a nadar sin saber muy bien lo que hacer y que está una hora haciendo largos a “su ritmo”. ¿Tiene sentido? Un grupo de investigadores llevó a cabo un estudio 1 en el que se intentó conocer qué tipo de ejercicio tiene mayor impacto sobre el control de la glucosa y la sensibilidad a la insulina en mujeres pre menopáusicas; el ejercicio interválico de alta intensidad (HIT) o el ejercicio de baja intensidad y mucho volumen, comúnmente conocido como ejercicio aeróbico.

62 mujeres desentrenadas y pre- menopáusicas se dividieron en 3 grupos de estudio:

  1. Control (n = 20; CON): sin entrenamiento
  2. Alta intensidad- volumen bajo (n = 21; HIT)
  3. Baja intensidad-volumen alto (n = 21; LIT)

Durante 15 semanas de intervención, el grupo de HIT hizo 3 días a la semana 6-10 series de 30 segundos a máxima intensidad (86 ± 3 % Fcmax) con 2 minutos de recuperación, mientras que el grupo LIT tenía que nadar durante 1 hora a baja intensidad (73 ± 3 % Fcmax). A los grupos se les hizo análisis de sangre así como un test de tolerancia a la glucosa antes y después de la intervención.

Los resultados muestran como en el grupo que llevó a cabo el HIT descendió la insulina en plasma (17 ± 34 %), mientras que en el grupo control y en el LIT permaneció igual. De la misma manera, el test de tolerancia a la glucosa (60-min) registró un descenso de la insulina y de la glucosa en el grupo de HIT (24 ± 30 % y 10 ± 16 %; P < 0.05, respectivamente), y nuevamente en los grupos CON y LIT no registró cambios. La sensibilidad a la insulina aumentó un 22 ± 34 % después de la intervención con HIT, sin cambios en los otros dos grupos.

Estos resultados demuestran (una vez más) que el ejercicio intermitente de alta intensidad en natación es una estrategia efectiva y eficiente para mejorar la sensibilidad a la insulina y el control de la glucosa en mujeres inactivas y de mediana edad. Ello nos da muestras de la importancia del control de la intensidad en los protocolos de entrenamiento para el tratamiento de poblaciones especiales, pues si bien es verdad que se obtienen resultados extraordinarios hay que tener en cuenta que se somete a la persona a un estrés fisiológico muy alto.


REFERENCIA

  1. Connolly, L. J. et al. Low-volume high-intensity swim training is superior to high-volume low-intensity training in relation to insulin sensitivity and glucose control in inactive middle-aged women. Eur. J. Appl. Physiol. 116, 1889–1897 (2016).

MARCADORES INFLAMATORIOS Y ENTRENAMIENTO CON KINESIS EN MUJERES MAYORES

Se ha observado que el aumento de citoquinas como pueden ser la interleuquina 6 (IL-6) o el factor de necrosis tumoral alfa (TNF- α) se asocia a un incremento en el riesgo de ciertas enfermedades. Estas citoquinas se consideran marcadores inflamatorios y un aumento de sus niveles es lo que se conoce como inflamación de bajo grado.

Además, los incrementos en los niveles circulantes de la proteína C reactiva (PCR), TNF-α y IL-6 observados en personas mayores podrían explicar, en parte, el aumento del riesgo de aterosclerosis, diabetes tipo 2, hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares en esta población.

Debido a la evidencia existente de que el ejercicio regular disminuye la inflamación de bajo grado, Ogawa y cols (1) examinaron los efectos de un programa de entrenamiento de fuerza de baja intensidad sobre varios marcadores de inflamación, el espesor muscular de 6 vientres musculares (anterior y posterior del brazo, abdomen, subescapular y anterior y posterior del muslo), insulina, perfil lipídico y presión sanguínea entre 21 mujeres mayores y sedentarias (85 años de media).

El protocolo de entrenamiento consistió en realizar al menos una sesión semanal de fuerza de 30 minutos de duración durante 12 semanas, compuesta de 4 ejercicios (3 para la parte superior del cuerpo y 1 para la inferior) a realizar en máquinas Kinesis, como las que se aprecian en la Figura 1.

fissac _ entrenamiento kinesis y mujer

Figura 1. Mujeres mayores ejercitándose en máquina Kinesis (como las utilizadas en el estudio de Ogawa y cols).

Como se aprecia en la tabla 1, los niveles circulantes de PCR, amiloide sérico A (SAA) y proteínas de shock térmico (HSP70) disminuyeron en respuesta a las 12 semanas de entrenamiento. Tanto SAA como PCR muestran una fuerte e independiente relación con eventos cardiovasculares futuros.

Tabla 1. Cambios en los niveles de los marcadores inflamatorios antes y después del programa. *Diferencias significativas entre valores del Pre y del Post. P<0.5. **Diferencias significativas entre los valores del Pre y del Post. P<0.1.

fissac _ kinesis y entrenamiento mujer

Además aumentó el espesor en los músculos de la parte superior del brazo, abdomen y subescapular. Estos últimos resultados pueden ser reflejo del énfasis que se hizo sobre el entrenamiento de la parte superior del cuerpo en relación a la inferior.

De igual modo, se obtuvieron mejoras a nivel de factores metabólicos como la presión sanguínea, perfil lipídico (colesterol total y triglicéridos) e insulina. Sin embargo, los niveles séricos de IGF-I disminuyeron.

Por tanto, en personas mayores, donde el ejercicio de alta intensidad podría incidir negativamente en la adherencia al programa, vemos como el de baja intensidad parece ser una estrategia válida para la prevención de la sarcopenia y la disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares a través de la mejora de la presión sanguínea, la resistencia a la insulina, la masa muscular y la reducción de niveles circulantes de ciertas citoquinas pro-inflamatorias.


REFERENCIAS

Ogawa, K., Sanada, K., Machida, S., Okutsu, M., & Suzuki, K. (2010). Resistance exercise training-induced muscle hypertrophy was associated with reduction of inflammatory markers in elderly women. Mediators of inflammation, 2010.

LA TRIADA DE LA MUJER DEPORTISTA Y SUS POTENCIALES RIESGOS

La triada de la mujer deportista es un síndrome que se ha observado en las mujeres que practican deporte y que presentan interrelación entre los siguientes tres factores: desórdenes alimenticios, amenorrea y osteoporosis. Esta condición se considera un trastorno caracterizado por una alteración en la disponibilidad de energía (con o sin trastornos de la alimentación), la función menstrual y la densidad mineral ósea.

Hasta 2007, cuando el Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM) actualiza las pautas para el diagnóstico, era necesario presentar conjuntamente los 3 componentes para ser diagnosticada como triada de la mujer deportista. Sin embargo, desde entonces, ya no tiene que presentar alteración conjunta de los tres para ser diagnosticada de este síndrome.

En cuanto a sus datos epidemiológicos, hay estudios que nos hablan de una incidencia de hasta un 78% de mujeres que practican deporte que desarrollan uno o más de los componentes de la triada. Asimismo, el riesgo de sufrir fracturas óseas por estrés entre estas mujeres se incrementa desde un 15% a un 21% en presencia de un factor de riesgo, aumentando este valor hasta el 30% con dos factores y hasta un 50% de riesgo con tres.

A la hora de evaluar cada componente específico de la triada, nos encontramos que la prevalencia de irregularidades menstruales entre niñas de secundaria que realizaban deporte osciló entre un 19 y un 54%, mientras que se demostró que de un 11% a un 25% de las mujeres deportistas tuvieron comportamientos alimentarios patógenos o estuvieron en riesgo de desarrollar trastornos alimenticios según aparecen descritos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV). Por tanto, en estos casos la educación temprana es fundamental para prevenir que las deportistas lleguen a etapas más avanzadas de la patología. Cabría reseñar que este problema no es exclusivo de mujeres deportistas, sino que también afecta a las mujeres obsesionadas con la imagen (ortorexia).

Además, el incremento de la participación de la mujer en el deporte junto con una sociedad cada vez más competitiva y los estereotipos actuales, pueden conducir a las mujeres a trastornos alimenticios y de obsesión por el ejercicio haciendo que las labores de prevención, diagnóstico y manejo de cada uno de los factores de la triada se conviertan en esenciales.

Así, educar a las deportistas sobre pautas nutricionales adecuadas sería una fuente importante en la prevención de la triada ya que proporcionaría una disponibilidad óptima de la energía afectando positivamente a la salud ósea y a la salud reproductiva y, por tanto, evitando la aparición de estados patológicos asociados a los componentes de la triada.

De igual forma, los entrenadores, preparadores físicos y los profesionales de la salud también deben ser educados sobre esta triada para detectar y saber reconocer cualquier alteración de sus componentes. La anamnesis y el examen físico por parte de profesionales de la salud pueden proporcionarnos datos que verifiquen si una deportista está en riesgo de desarrollar cualquiera de las alteraciones comentadas. Es por esto que el tratamiento para este grupo de deportistas es esencial que se lleve a cabo de forma multidisciplinar.

Para finalizar y aunque esta triada representa un gran riesgo para la salud, los beneficios del ejercicio, sobradamente evidenciados en muchos casos, superan sus potenciales riesgos.


REFERENCIA

Matzkin, E., Curry, E. J., & Whitlock, K. (2015). Female Athlete Triad: Past, Present, and Future. Journal of the American Academy of Orthopaedic Surgeons23(7), 424-432.

MARATÓN EN 2:00:00. ¿CUÁL ES EL EQUIVALENTE PARA LA MUJER?

En una entrada anterior intentábamos dar luz al perfil del corredor que conseguiría romper la barrera de las dos horas en maratón. Conseguir tal hazaña no será fácil pero solo es cuestión de tiempo. Los expertos vaticinan que en una horquilla de 10-20 años se conseguirá batir esta marca. La principal característica del corredor que rompa la barrera de las horas será el género: la persona que lo logre será hombre. Los hombres más rápidos superan a las mujeres más veloces debido a las diferencias fisiológicas que determina el sexo, incluyendo un mayor VO2 máximo.

Partiendo de la premisa que será un hombre el que consiga correr la maratón en menos de 2 horas, un artículo muy reciente de Hunter y cols intenta dar respuesta a la pregunta: ¿Cuál es el equivalente para la mujer de las dos horas en maratón y quién conseguirá romper esta barrera? 1

El enfoque más sencillo para determinar el equivalente a las 2 horas en maratón es calcular la diferencia de tiempo basada en las diferencias relativas al sexo en los récords del mundo, en torno al 10%. El actual récord del mundo (WR) es de 2:02:57 en hombres (Dennis Kimetto, 2014) y de 2:15:25en mujeres (Paula Radcliffe, 2003), por lo que el equivalente para mujeres sería de 2:12:00. Sin embargo, varios indicadores sugieren diferencias según el género de entre un 12-13%, por lo que el WR de Radcliffe equivaldría a las dos horas en maratón para mujeres.

fissac _ tiempos mujeres vs hombres

Figura 1. Diferencias según el género en los tiempos de maratón. Velocidad de los 100 mejores tiempos de maratón expresados en % en relación al WR en hombres, mujeres y mujeres excluyendo los 3 mejores tiempos de Radcliffe 1.

El rendimiento de Radcliffe entre los años 2002 y 2005 fue excepcional, pues consiguió los 3 mejores tiempos en maratón por una mujer, y su récord de 2003 todavía sigue vigente 12 años después.

Aunque en corredores de élite las diferencias en el rendimiento de los mejores atletas se relaciona con una mayor economía de carrera, “velocidad crítica” y “umbral anaeróbico” que con un mayor VO2max, en hombres y mujeres tanto la velocidad crítica y umbral, como la economía de carrera son similares. Sin embargo, la diferencias en el rendimiento entre hombres y mujeres se deben principalmente al mayor VO2max en hombres, ya que éstos tienen un corazón más grande, mayor masa muscular, menos % de grasa, mayor concentración de hemoglobina. Los corredores de élite suelen tener un VO2max en torno a 70-85 ml/kg/min mientras que las atletas de élite tienen valores de 60-75 mil/kg/min, un 10-14% menos.

Por ello hay varios aspectos que hacen de Radcliffe una corredora extraordinaria. En primer lugar tiene un VO2max mayor que muchos de sus homólogos, 70 ml/kg/min. Su umbral de lactato se encuentra a una velocidad relativa al VO2max muy alta (18,5 km/h) y se estima que su velocidad crítica es de 19,4 km/h. Además, Raddcliffe tiene unos valores excepcionales de economía de carrera de (175 ml/kg/km) si los comparamos con los valores típicos (200 ml/kg/km).

El WR de Radcliffe tiene visos de que no va a cambiar de manos hasta dentro de varios años, seguramente hasta que una atleta del este de África con una mejor economía de carrera y una mayor velocidad crítica entre en escena.


REFERENCIAS

  1. Hunter, S. K., Joyner, M. J. & Jones, A. M. The two-hour marathon: What’s the equivalent for women? J. Appl. Physiol. 118, 1321–3 (2015).

LA ACTIVIDAD FÍSICA MEJORA EL PRONÓSTICO EN MUJERES CON CÁNCER DE MAMA

¿Deberían las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama adquirir estilos de vida activos, en particular, realizar actividad física de forma regular? ¿Podría resultar ello en una mejora en los resultados del cáncer de mama?

Se sabe que la terapia adyuvante, tanto la radioterapia como la quimioterapia, causan efectos adversos sobre diferentes sistemas y órganos corporales. Por ejemplo, provocan cardiotoxicidad a corto y largo plazo. Así, los tratamientos que incluyen antraciclina pueden producir disfunción cardiaca progresiva, la cual se manifiesta por una disminución de la FEVI (fracción de eyección del ventrículo izquierdo) e insuficiencia cardíaca congestiva.

De igual forma, estos tratamientos pueden desarrollar efectos secundarios sobre otros sistemas y órganos corporales. Así, la radiación que sufren los pulmones durante la radioterapia en el cáncer de mama causa fibrosis y un posterior deterioro en el intercambio gaseoso. La anemia, una complicación frecuente del tratamiento durante la terapia anti-cáncer, reduce el aporte de oxígeno a las células musculares. Además, especialmente la quimioterapia que contiene antraciclina, aumenta la producción de especies reactivas de oxígeno, lo que puede afectar aún más al aporte de oxígeno (1).

La suma de todos estos eventos adversos va a contribuir a reducir significativamente la capacidad cardiorrespiratoria (CRF) medida como consumo de oxígeno pico (VO2pico). Remarcar que, en población con patología, no se habla de VO2máx sino de VO2pico. La CRF es un potente indicador de la función cardiovascular, la reserva cardiopulmonar y la eficiencia del transporte y utilización de oxígeno, así como de alteraciones en otros órganos vitales (1).

De hecho, hay estudios que hablan de un VO2pico de hasta un 17% menos en pacientes con cáncer de mama antes de la terapia adyuvante en relación a mujeres sanas y sedentarias. Disminución que se hace más evidente cuando se refiere a una vez completado dicho tratamiento ya que, en este caso, se habla de un VO2pico de hasta un 25% menor que en mujeres sanas y sedentarias (Figura 1).

Fissac _ Consumo máximo de oxígeno cáncer de mama y actividad física

Figura 1. VO2pico en pacientes con cáncer de mama antes y después de la terapia adyuvante y en mujeres sanas y sedentarias (1).

Para ser un poco más gráficos, en esta revisión realizada por el Dr. Lee W. Jones y su equipo, se observó que mujeres con cáncer de mama de 50 años tuvieron una CRF similar a la que obtuvieron las mujeres de 60, sedentarias y sin antecedentes de cáncer (Figura 2).

Fissac _ VO2pico de mujeres sedentarias, activas y entrenadas y cáncer de mama

 

Figura 2. VO2pico de mujeres sedentarias, activas y entrenadas, todas ellas sanas, y VO2pico de mujeres con cáncer de mama (1).

Esta relación apunta a un proceso de envejecimiento acelerado en las pacientes con cáncer de mama que podría afectar negativamente a la CRF y al pronóstico de la enfermedad.

Además, aproximadamente un tercio de los pacientes con cáncer de mama tiene un VO2pico inferior al umbral de independencia funcional y, por definición, es probable que no sean capaces de realizar las actividades de su vida diaria (3).

Por ello, resultaría de vital importancia para las pacientes con cáncer de mama incluir estrategias complementarias al tratamiento convencional que resulten en una mejora de su CRF.

Llegados a este punto, conviene resaltar que se ha evidenciado científicamente que el ejercicio físico es una intervención efectiva para mejorar la CRF, así como la calidad de vida y la fatiga en pacientes con cáncer de mama.

Precisamente el ejercicio se ha asociado con un incremento estadísticamente significativo del VO2pico. En concreto, en un metaanálisis realizado para ver el efecto del ejercicio sobre el VO2pico en pacientes con cáncer de mama, el incremento medio fue de 2.91 ml/kg/min tras el programa de entrenamiento, mientras que los sujetos del grupo control (sin ejercicio) vieron disminuido su VO2pico (2).

De igual modo, en otros casos se han registrado un 14.5% de incremento en VO2pico después de 15 semanas de un programa de ejercicio aeróbico a una intensidad del 70-75% del VO2pico. Algunos autores hablan de incrementos significativos en el VO2pico con un programa de 8 semanas a ligera y moderada intensidad, menos del 40% y entre 65-85% de la frecuencia cardiaca máxima, respectivamente (1).

Lazo rosa y actividad física

Por tanto, parece demostrado que el ejercicio físico puede mejorar las deficiencias relacionadas con el VO2pico y, por ello, tener el potencial para mejorar a diferentes niveles el pronóstico en pacientes con cáncer de mama, así como en pacientes con otros tipos de tumores.

Entonces, y una vez sabido esto, si retrocediéramos y volviéramos a plantear las mismas cuestiones que al inicio respecto a la actividad física en pacientes con cáncer de mama, ¿os habría quedado alguna duda de su respuesta? A nosotros, Fissac, desde luego que no.

REFERENCIAS

  1. Peel, A. B., Thomas, S. M., Dittus, K., Jones, L. W., & Lakoski, S. G. (2014). Cardiorespiratory fitness in breast cancer patients: A call for normative values.Journal of the American Heart Association3(1), e000432.
  2. Jones, L. W., Liang, Y., Pituskin, E. N., Battaglini, C. L., Scott, J. M., Hornsby, W. E., & Haykowsky, M. (2011). Effect of exercise training on peak oxygen consumption in patients with cancer: a meta-analysis. The oncologist16(1), 112-120.
  3. Jones, L. W., Courneya, K. S., Mackey, J. R., Muss, H. B., Pituskin, E. N., Scott, J. M., … & Haykowsky, M. (2012). Cardiopulmonary function and age-related decline across the breast cancer survivorship continuum. Journal of clinical oncology30(20), 2530-2537.