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NIÑO OBESO, ADULTO CON CÁNCER

El sedentarismo supone un problema cada vez mayor, ya que es una de las principales razones del aumento de la prevalencia de obesidad en niños y adolescentes. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (1) asegura que la obesidad infantil es considerada como uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI, alcanzando proporciones epidémicas a nivel mundial. Mientras, en España, según los datos de la última Encuesta Nacional de Salud, la prevalencia de obesidad infantil alcanza ya a más de uno de cada diez menores (10,3% en niños y adolescentes de 2-17 años) (2).

Sin embargo, el alto índice de obesidad infantil no es un problema que se refleje únicamente en esa etapa de la vida, sino que los niños y adolescentes con sobrepeso y obesidad tienen un mayor riesgo de ser obesos cuando son adultos (3, 4), siendo los efectos deletéreos de la enfermedad más severos en tanto en cuanto la duración del estado de obesidad será mayor.

Como consecuencia, se ha observado que el 31, el 22 y el 20% de nuevos diagnósticos de diabetes, enfermedad coronaria y cáncer, respectivamente, se dan en adultos que han tenido sobrepeso u obesidad durante la infancia (5). En este sentido, una reciente revisión sistemática con meta-análisis (6), que incluyó 56 artículos y más de 27.000 casos de cáncer, concluyó que los niños, adolescentes y adultos jóvenes (≤30 años) con un elevado IMC tienen un mayor riesgo de desarrollar hasta 8 tipos de cáncer en el futuro. Así, aumentos de 5 unidades en el IMC durante etapas tempranas de la vida se asociaron significativamente con el riesgo de linfoma difuso de células B grandes, adenocarcinoma esofágico y de cardias gástrico, carcinoma hepatocelular, mieloma múltiple, cáncer de páncreas, de células renales y tiroides durante edades adultas.

Por tanto, parece evidente la necesidad de evitar conductas sedentarias (por ejemplo, utilización de ascensores y escaleras mecánicas, desplazamiento en coche y aumento del tiempo en sedestación, entre otras) y el uso desmesurado de las nuevas tecnologías (ordenadores, tablets, smartphones), que precisamente realzan dichas conductas. A su vez, es necesario promover estilos de vida activos desde edades muy tempranas, como desplazarse activamente o fomentar el que los niños jueguen y se diviertan al aire libre. Y es que, como rezaba el eslogan de la campaña publicitaria de una importante marca de detergente, ¡¡¡los niños pasan menos tiempo al aire libre que los presos!!!.


REFERENCIAS

  1. Organización Mundial de la Salud (2018). Sobrepeso y obesidad infantiles. Obtenido el 3 de Marzo, 2019, de https://www.who.int/dietphysicalactivity/childhood/es/
  2. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad – Instituto Nacional de Estadística (2013). Encuesta Nacional de Salud de España 2011-12 (ENSE 2011/12). Obtenido el 03 de Marzo, 2019, de http://www.msssi.gob.es/estadEstudios/estadisticas/encuestaNacional/encuestaNac2011/NotaTecnica2011-12.pdf
  3. Rooney, B. L., Mathiason, M. A., & Schauberger, C. W. (2011). Predictors of obesity in childhood, adolescence, and adulthood in a birth cohort. Maternal and Child health Journal, 15(8), 1166-1175.
  4. Brisbois, T. D., Farmer, A. P., & McCargar, L. J. (2012). Early markers of adult obesity: a review. Obesity Reviews, 13(4), 347-367.
  5. Llewellyn, A., Simmonds, M., Owen, C. G., & Woolacott, N. (2016). Childhood obesity as a predictor of morbidity in adulthood: a systematic review and meta‐ Obesity Reviews, 17(1), 56-67.
  6. Hidayat, K., Du, X., & Shi, B. M. (2018). Body fatness at a young age and risks of eight types of cancer: systematic review and meta‐analysis of observational studies. Obesity Reviews, 19(10), 1385-1394.

LO QUE HAGAS HOY, SE REFLEJARÁ EN EL MAÑANA

La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en el mundo y, aunque a menudo empieza a mostrarse durante la edad adulta, cada vez existe mayor evidencia de que se desarrolla en los primeros años de vida. Así, la hipertensión arterial en los más jóvenes predice una peor salud cardiovascular en el futuro, al igual que ocurre con un índice de masa corporal (IMC) alto durante la infancia y/o la adolescencia.

Ya vimos en anteriores entradas que existe una asociación entre la capacidad cardiorrespiratoria (CRF) y el riesgo de enfermedad cardiovascular en niños y adolescentes. Sin embargo, la evidencia es limitada en cuanto a la asociación entre la CRF en edades tempranas y los factores de riesgo cardiovascular posteriormente.

Una revisión sistemática ha analizado la relación entre la CRF durante la infancia y la adolescencia y los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular en el futuro (1). El estudio incluyó 38 artículos y 44169 niños/adolescentes, haciéndoles un seguimiento durante una media de 6 años.

Los resultados demuestran cómo tener una buena CRF durante la infancia y la adolescencia se asoció con menor IMC, circunferencia de cintura, grasa corporal y menor prevalencia de síndrome metabólico años más tarde.

Por tanto, el diseño de estrategias que fomenten la promoción de ejercicio físico entre los niños ha de convertirse en objetivo prioritario entre las instituciones competentes, , tanto en el tiempo libre como durante el periodo escolar (por ejemplo a través del aumento de las horas de educación física, con la consiguiente mejora en el rendimiento académico que supone dicho aumento). Con esta mejora de la condición física y del rendimiento cognitivo no solo estaremos influyendo en nuestros niños en el corto plazo, sino que estaremos proporcionándoles un futuro más saludable y con mayor posibilidad de crecimiento personal.


REFERENCIA

  1. Mintjens, S., Menting, M. D., Daams, J. G., van Poppel, M. N., Roseboom, T. J., & Gemke, R. J. (2018). Cardiorespiratory Fitness in Childhood and Adolescence Affects Future Cardiovascular Risk Factors: A Systematic Review of Longitudinal Studies. Sports Medicine, 1-29.

REALIZAR ACTIVIDAD FÍSICA REGULARMENTE RETRASA EL ENVEJECIMIENTO CELULAR

Cada vez es más fuerte la evidencia que indica que la mortalidad por cualquier causa es menor cuanto mayor es la actividad física (AF) realizada, tanto en población sana como con patología. Uno de los mecanismos por los que se rige esta asociación es la longitud telomérica (1). Con el paso del tiempo los telómeros se van haciendo más cortos de forma natural. Como consecuencia del acortamiento telomérico, la senescencia celular aumenta, favoreciendo la apoptosis (muerte celular programada) de la célula.

En definitiva, este acortamiento telomérico está vinculado con el envejecimiento biológico, mientras que factores como la inflamación y el estrés oxidativo van a hacer que los telómeros se acorten. Por tanto, la longitud telomérica puede considerarse un biomarcador de envejecimiento celular, relacionándose estrechamente con la edad cronológica. Se ha visto, por ejemplo, que aquellas personas con los telómeros más cortos poseen un 25% mayor riesgo de muerte en comparación con las que tienen una mayor longitud telomérica (2).

Sin embargo, no está tan clara la relación entre la AF y la longitud telomérica. Una reciente revisión sistemática halló que el 54% de los estudios no obtuvieron asociación, un 41% sí encontraron una asociación positiva, mientras que el 5% restante observaron que existía una relación curvilínea (1).

Por ello, un estudio ha vuelto a evaluar recientemente dicha relación (3). Se analizó el nivel de AF y la longitud telomérica en 5823 adultos, obteniéndose como principal hallazgo que la AF se relacionó inversamente con la longitud telomérica. Así, a mayor nivel de AF realizado mayor longitud de los telómeros. Además aquellos con niveles sedentarios tuvieron 1,95 veces mayor riesgo de tener telómeros más cortos en comparación con el grupo que mayores niveles de AF registró. Asimismo, los telómeros de este último grupo tuvieron de media 140 pares de bases más que los de los sedentarios.

Dado que el acortamiento telomérico ocurre a una tasa de 15,6 pares por año, la interpretación de estos resultados sugeriría que los físicamente más activos tendrían un envejecimiento biológico aproximadamente 9 años (140/15,6) menor que los adultos sedentarios para una misma edad, género, raza, educación, IMC y un mismo consumo de alcohol y tabaco. De igual forma, existe una diferencia llamativa de 8,8 años (137/15,6) entre quienes registraron niveles altos y bajos de AF en cuanto al envejecimiento celular, así como de 7,1 años (111/15,6) entre aquellos con niveles altos y moderados.

Por tanto, observamos cómo los telómeros de las personas que realizan AF regularmente son considerablemente más largos, representando una reducción en el envejecimiento celular de hasta 9 años con respecto a sujetos con niveles bajos de actividad física.


REFERENCIAS

  1. Mundstock, E., Zatti, H., Louzada, F. M., Oliveira, S. G., Guma, F. T., Paris, M. M., … & Mattiello, R. (2015). Effects of physical activity in telomere length: systematic review and meta-analysis. Ageing Research Reviews, 22, 72-80.
  2. Weischer, M., Bojesen, S. E., Cawthon, R. M., Freiberg, J. J., Tybjærg-Hansen, A., & Nordestgaard, B. G. (2012). Short telomere length, myocardial infarction, ischemic heart disease, and early death. Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology, 32(3), 822-829.
  3. Tucker, L. A. (2017). Physical activity and telomere length in US men and women: An NHANES investigation. Preventive Medicine, 100, 145-151.