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LA OBESIDAD, UN PROBLEMA A RESOLVER DESDE LA MÁS TEMPRANA EDAD

La obesidad es ya considerada una de las grandes epidemias del siglo XXI debido a su relación con multitud de patologías (incluyendo enfermedades cardiovasculares, metabólicas y algunos tipos de cáncer) y por ende con un mayor riesgo de mortalidad. Por ello, es importante conocer no solo métodos para su prevención y/o tratamiento en edad adulta, sino también posibles factores de riesgo desde la más temprana edad.

Como muestra una revisión sistemática que incluyó 25 estudios longitudinales, los niños y adolescentes con sobrepeso tienen aproximadamente entre 2 y 10 veces más riesgo de tener sobrepeso u obesidad al llegar a adultos que aquellos que tienen un peso normal (Singh et al., 2008). Además, una revisión que incluyó 37 estudios mostró que un índice de masa corporal elevado durante la infancia se relaciona con una mayor incidencia de diabetes, enfermedad coronaria y diversos tipos de cáncer en la edad adulta (Llewellyn et al., 2016).

En este sentido, un estudio recientemente publicado que incluyó casi 20 mil niños nacidos en el año 2000 (Gray et al., 2018)confirmó la importancia del estilo de vida a nivel familiar en el riesgo de sobrepeso de los niños, aumentando esta influencia según aumenta la edad de los mismos. En concreto, se observó que la alimentación, el nivel de ejercicio y el peso de los padres aumentaba en gran medida el riesgo de sobrepeso de los hijos. Además, curiosamente se observó que el sobrepeso de la madre era un reflejo prácticamente perfecto del estilo de vida (alimentación y ejercicio) de la familia, explicando un 93.5% de la varianza.

A menudo pensamos que el sobrepeso es solo problemático en la edad adulta. Sin embargo, estos resultados muestran la relevancia de evitar el sobrepeso desde la más temprana edad. Para ello es importante implementar acciones a largo plazo y a nivel global, es decir, no sólo centradas en el niño, ya que el entorno familiar es probablemente el que ejerce una mayor influencia.


REFERENCIAS

Gray, L. A., Hernandez Alava, M., Kelly, M. P., and Campbell, M. J. (2018). Family lifestyle dynamics and childhood obesity: Evidence from the millennium cohort study. BMC Public Health18, 1–15. doi:10.1186/s12889-018-5398-5.

Llewellyn, A., Simmonds, M., Owen, C. G., and Woolacott, N. (2016). Childhood obesity as a predictor of morbidity in adulthood: A systematic review and meta-analysis. Obes. Rev.17, 56–67. doi:10.1111/obr.12316.

Singh, A. S., Mulder, C., Twisk, J. W. R., Van Mechelen, W., and Chinapaw, M. J. M. (2008). Tracking of childhood overweight into adulthood: A systematic review of the literature. Obes. Rev.9, 474–488. doi:10.1111/j.1467-789X.2008.00475.x.

RECOMENDACIONES PARA EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA EN NIÑOS Y ADOLESCENTES

Actualmente son incuestionables los beneficios del entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes sobre la salud y el rendimiento deportivo. Es por ello que los principales estamentos internacionales ya sí incluyen el entrenamiento de fuerza como parte de cualquier programa de actividad física para niños y adolescentes. Como todo programa de ejercicio físico, el entrenamiento de fuerza correctamente planificado y supervisado por profesionales cualificados se ha mostrado como un método seguro, válido y efectivo para la mejora de la condición física y, por ende, de la salud y el rendimiento. Asimismo, la literatura científica nos informa que precisamente la infancia, por ser la etapa donde se empieza a formar y moldear toda la estructura ósea, puede ser el momento ideal para iniciarse en el entrenamiento con cargas (1-3). Por tanto, hay que desterrar definitivamente viejos mitos como el del supuesto retraso en el crecimiento de los niños que desde edades tempranas entrenan la fuerza.

Entre los principales beneficios se encuentran mejoras en la salud músculo-esquelética y cardiovascular, y la composición corporal. Sin embargo, la evidencia respecto a los beneficios psicosociales del entrenamiento de fuerza en esta población es aún inconsistente. No obstante, en jóvenes con problemas de autoestima, la mejora de la composición corporal a través del entrenamiento de fuerza podría proporcionarles beneficios en la auto-percepción sobre su físico y en la imagen de sí mismos.

En cuanto a las pautas del entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes, hemos de seguir unas consideraciones generales (4):

  1. A la hora de la selección de los ejercicios, hay que priorizar en todo momento la ejecución técnica. Una vez que se haya dominado la técnica básica de ejercicio con el peso corporal, se progresará a trabajar con peso libre, ya que se ejerce una mayor activación muscular que la provocada mediante máquinas de resistencia. Además, es fundamental trabajar con equipos y dispositivos adaptados al tamaño del sujeto.
  2. La prescripción del volumen y la intensidad del entrenamiento se considerará sinérgicamente, ya que ambas están interrelacionadas. Cuanto mayor sea la carga (intensidad), menor será el número de series y repeticiones (volumen) que se podrán completar. Sin embargo, priorizaremos la intensidad, ya que está íntimamente ligada al riesgo de lesión asociado a una carga excesiva. En niños y adolescentes no entrenados, se recomienda comenzar con una intensidad de entrenamiento baja a moderada (≤60% de 1-RM) y un volumen bajo (1-2 series) en diversos ejercicios.
  3. Dado que se ha visto que los niños pueden recuperarse más rápidamente de la fatiga secundaria al entrenamiento de fuerza (5), periodos de un minuto de descanso podrían ser suficientes. Sin embargo, conforme incrementemos la intensidad del entrenamiento, será necesario también un aumento del tiempo de descanso.
  4. En base a las últimas investigaciones, parece que lo más óptimo para el desarrollo de los niveles de fuerza muscular en niños y adolescentes son 2-3 sesiones de entrenamiento por semana, siempre en días no consecutivos (6). A medida que vayan adentrándose en edades más adultas, la frecuencia de entrenamiento puede ir aumentando.
  5. Inicialmente se recomiendan velocidades moderadas de movimiento, sobre todo en aquellos sin experiencia previa y que deben ir adquiriendo la técnica de ejercicio. Mientras, jóvenes entrenados requerirán mayores velocidades de movimiento.

En definitiva, como parte de cualquier programa de actividad física en niños y adolescentes debe incluirse el entrenamiento de fuerza, siempre bajo la supervisión de profesionales cualificados que maximicen los beneficios de este tipo de ejercicio, a la vez que minimicen los riesgos que se pudieran derivar de su incorrecta aplicación. Por último, resaltar que, al tratarse de niños y adolescentes, es sumamente importante que toda intervención con ejercicio lleve implícito un claro componente lúdico, que va a ser lo que realmente adhiera al sujeto al programa.


REFERENCIAS

  1. Gunter, K. B., Almstedt, H. C., & Janz, K. F. (2012). Physical activity in childhood may be the key to optimizing lifespan skeletal health. Exercise and Sport Sciences Reviews, 40(1), 13.
  2. Vicente-Rodríguez, G. (2006). How does exercise affect bone development during growth?. Sports Medicine, 36(7), 561-569.
  3. Hind, K., & Burrows, M. (2007). Weight-bearing exercise and bone mineral accrual in children and adolescents: a review of controlled trials. Bone, 40(1), 14-27.
  4. Lloyd, R. S., Faigenbaum, A. D., Stone, M. H., Oliver, J. L., Jeffreys, I., Moody, J. A., … & Herrington, L. (2014). Position statement on youth resistance training: the 2014 International Consensus. British Journal of Sports Medicine, 48(7), 498-505.
  5. Faigenbaum, A. D., Ratamess, N. A., McFarland, J., Kaczmarek, J., Coraggio, M. J., Kang, J., & Hoffman, J. R. (2008). Effect of rest interval length on bench press performance in boys, teens, and men. Pediatric Exercise Science, 20(4), 457-469.
  6. Faigenbaum, A. D., Kraemer, W. J., Blimkie, C. J., Jeffreys, I., Micheli, L. J., Nitka, M., & Rowland, T. W. (2009). Youth resistance training: updated position statement paper from the national strength and conditioning association. The Journal of Strength & Conditioning Research, 23, S60-S79.

LO QUE HAGAS HOY, SE REFLEJARÁ EN EL MAÑANA

La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en el mundo y, aunque a menudo empieza a mostrarse durante la edad adulta, cada vez existe mayor evidencia de que se desarrolla en los primeros años de vida. Así, la hipertensión arterial en los más jóvenes predice una peor salud cardiovascular en el futuro, al igual que ocurre con un índice de masa corporal (IMC) alto durante la infancia y/o la adolescencia.

Ya vimos en anteriores entradas que existe una asociación entre la capacidad cardiorrespiratoria (CRF) y el riesgo de enfermedad cardiovascular en niños y adolescentes. Sin embargo, la evidencia es limitada en cuanto a la asociación entre la CRF en edades tempranas y los factores de riesgo cardiovascular posteriormente.

Una revisión sistemática ha analizado la relación entre la CRF durante la infancia y la adolescencia y los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular en el futuro (1). El estudio incluyó 38 artículos y 44169 niños/adolescentes, haciéndoles un seguimiento durante una media de 6 años.

Los resultados demuestran cómo tener una buena CRF durante la infancia y la adolescencia se asoció con menor IMC, circunferencia de cintura, grasa corporal y menor prevalencia de síndrome metabólico años más tarde.

Por tanto, el diseño de estrategias que fomenten la promoción de ejercicio físico entre los niños ha de convertirse en objetivo prioritario entre las instituciones competentes, , tanto en el tiempo libre como durante el periodo escolar (por ejemplo a través del aumento de las horas de educación física, con la consiguiente mejora en el rendimiento académico que supone dicho aumento). Con esta mejora de la condición física y del rendimiento cognitivo no solo estaremos influyendo en nuestros niños en el corto plazo, sino que estaremos proporcionándoles un futuro más saludable y con mayor posibilidad de crecimiento personal.


REFERENCIA

  1. Mintjens, S., Menting, M. D., Daams, J. G., van Poppel, M. N., Roseboom, T. J., & Gemke, R. J. (2018). Cardiorespiratory Fitness in Childhood and Adolescence Affects Future Cardiovascular Risk Factors: A Systematic Review of Longitudinal Studies. Sports Medicine, 1-29.

POR LA SALUD DE LOS NIÑOS, CONTROLA LOS SNACKS

El sobrepeso y la obesidad afectan a una gran parte de la población. Cada vez es más común ver a niños con sobrepeso, habiendo sido estimado que al menos uno de cada cinco niños tiene obesidad en los Estados Unidos. Es por ello primordial conseguir implementar un estilo de vida saludable desde la más temprana edad.

El consumo de snacks es muy habitual entre los niños. Además de las comidas, los niños consumen diversos alimentos entre horas, ya sea a media mañana o por la tarde. El problema es el tipo de snack consumido, que a menudo consiste en galletas, bollos, patatas o chuches y sus derivados.

Es común pensar que, por el mero hecho de ser niños, el consumo de estos alimentos ricos en grasas saturadas y azúcares añadidos no tendrá ningún perjuicio en la salud. Sin embargo, la evidencia muestra preocupantes consecuencias. Un reciente estudio (1)realizado en casi 5000 niños analizó la influencia del consumo de snacks en la prevalencia de obesidad entre 2005 y 2014. Los resultados mostraron que los niños consumían, además de las comidas, dos o tres snacks de media, los cuales consistían principalmente en cereales, leche y dulces. Interesantemente, aquellos niños que presentaban un peso normal consumían menos snacks entre horas que aquellos que tenían sobrepeso u obesidad. En concreto, aquellos niños que tomaban más de dos snacks por día eran los que tenían una mayor probabilidad de presentar sobrepeso, especialmente si tenían menos de dos años.

Se confirma así el potencial peligroso para la salud de los niños de abusar de los snacks entre horas, existiendo una relación directa entre el número de snacks consumidos y el riesgo de sobrepeso u obesidad.No obstante, es importante remarcar que el tipo de snack consumido puede ser de mayor relevancia que la cantidad de los mismos.En el recreo del colegio y por la tarde los snacks más consumidos son probablemente los dulces y procesados. Sin embargo, los resultados de este estudio podrían haber sido totalmente diferentes si los niños hubieran consumido fruta u otros snacks más saludables. Los principios de una alimentación saludable deben ser aprendidos desde la más temprana edad, y conocer los riesgos de abusar de snacks no saludables entre horas son una parte fundamental de esa enseñanza.


REFERENCIAS

  1. Kachurak A, Davey A, Bailey RL, Fisher JO. Daily Snacking Occasions and Weight Status Among US Children Aged 1 to 5 Years. Obesity. 2018;0(0):1–9.

EFECTOS DEL HIIT SOBRE LA COMPOSICIÓN CORPORAL Y LA SALUD CARDIOVASCULAR EN NIÑOS

Según los datos de la OMS, en España se ha multiplicado por 4 la prevalencia de obesidad infantil en los últimos 40 años (1). Un aumento que viene asociado a una mayor presencia de factores de riesgo cardiometabólicos (2) y a un mayor riesgo de mortalidad prematura (3).

Previamente, expusimos los beneficios de la realización de entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) sobre la composición corporal en adultos con sobrepeso u obesidad. Asimismo, en adolescentes, diversas revisiones sistemáticas han evidenciado que el HIIT proporciona beneficios adicionales sobre parámetros relacionados con la salud como los factores cardiometabólicos y la composición corporal en comparación con los métodos tradicionales (4, 5)… pero ¿y en niños de primaria? ¿Cuál será el efecto?

Una reciente revisión sistemática (6) ha analizado los efectos del HIIT sobre la composición corporal y la salud cardiometabólica y cardiovascular en niños entre 5-18 años. Se tuvieron en cuenta únicamente estudios que incluyeran programas de ejercicio a una intensidad ≥90% del VO2pico,  ≥100% de la velocidad aeróbica máxima (VAM) o ≥90% de la FCpico.

Los resultados revelaron una baja evidencia respecto al hecho de que el HIIT pueda provocar cambios significativos en la composición corporal en esta población. En cuanto a la presión sanguínea, la mayoría de estudios consultados hallaron beneficios significativos sobre la presión arterial sistólica y diastólica. Además, todos los estudios que analizaron el efecto del HIIT sobre biomarcadores de enfermedad cardiovascular (glucosa, insulina, colesterol total, HDL-colesterol, LDL-colesterol y triglicéridos), obtuvieron mejoras clínicamente significativas que apoyarían el papel del HIIT como estrategia ideal para mejorar la salud cardiovascular en niños y adolescentes.

Por último, en base a los artículos incluidos que demostraron mejoras significativas sobre la salud, los autores de esta revisión establecen un protocolo óptimo de HIIT para niños y adolescentes. Éste se basaría en una intensidad del 90% de la FCmáx o entre 100-130% de la VAM, 2-3 veces/semana, con una duración mínima de 7 semanas. Sin embargo, la duración de la sesión y los intervalos de descanso son muy ambiguos entre los diferentes estudios, por lo que no se pudieron determinar.

Estos resultados vuelven a enfatizar el papel del ejercicio físico (en este caso de alta intensidad) como arma contra la epidemia de obesidad y de enfermedades cardiometabólicas asociadas a ésta. Además, muestran cómo este trabajo no es sólo interesante para adultos, sino que desde la infancia el HIIT (idealmente incluyendo actividades lúdicas) puede aportar grandes beneficios


REFERENCIAS

  1. Abarca-Gómez, L., Abdeen, Z. A., Hamid, Z. A., Abu-Rmeileh, N. M., Acosta-Cazares, B., Acuin, C., … & Agyemang, C. (2017). Worldwide trends in body-mass index, underweight, overweight, and obesity from 1975 to 2016: a pooled analysis of 2416 population-based measurement studies in 128· 9 million children, adolescents, and adults. The Lancet, 390(10113), 2627-2642.
  2. Skinner, A. C., Perrin, E. M., Moss, L. A., & Skelton, J. A. (2015). Cardiometabolic risks and severity of obesity in children and young adults. New England Journal of Medicine, 373(14), 1307-1317.
  3. Franks, P. W., Hanson, R. L., Knowler, W. C., Sievers, M. L., Bennett, P. H., & Looker, H. C. (2010). Childhood obesity, other cardiovascular risk factors, and premature death. New England Journal of Medicine, 362(6), 485-493.
  4. Logan, G. R., Harris, N., Duncan, S., & Schofield, G. (2014). A review of adolescent high-intensity interval training. Sports Medicine, 44(8), 1071-1085.
  5. Costigan, S. A., Eather, N., Plotnikoff, R. C., Taaffe, D. R., & Lubans, D. R. (2015). High-intensity interval training for improving health-related fitness in adolescents: a systematic review and meta-analysis. British Journal of Sports Medicine, 49(19), 1253-1261.
  6. 6. Eddolls, W. T., McNarry, M. A., Stratton, G., Winn, C. O., & Mackintosh, K. A. (2017). High-intensity interval training interventions in children and adolescents: a systematic review. Sports Medicine, 47(11), 2363-2374.

¿POR QUÉ IR A LA ESCUELA EN BICICLETA DEBERÍA SER UNA ASIGNATURA MÁS?

El desplazamiento activo al colegio -es decir, ir en bici o caminando- puede resultar una sencilla estrategia para incrementar el nivel de actividad física en los niños y, con ello, la capacidad cardiorrespiratoria (1). Los factores que pueden influenciar la decisión respecto a desplazarse activamente son el nivel socioeconómico, las características del entorno y la percepción que tengan de éste padres y niños, el nivel educativo de los padres, y la distancia entre la escuela y la casa.

Sin embargo, mientras que la asociación entre la movilidad activa y la capacidad cardiorrespiratoria ha sido ampliamente contrastada, para otros componentes de la condición física y de la composición corporal no está tan clara (1). Por ello, un grupo de investigadores liderados por el Dr. Ramírez Vélez , del grupo CEMA (Colombia), y el Dr. Villa González, del grupo PROFITH de la Universidad de Granada, analizó la relación entre desplazarse en bicicleta hacia/desde la escuela al menos 3 días en semana y factores de riesgo cardiometabólicos – la circunferencia de cintura , presión arterial, perfil lipídico y glucosa en sangre-, así como diferentes medidas de condición física – fitness muscular de hemisferio superior e inferior, flexibilidad y capacidad cardiorrespiratoria- en 2877 niños y adolescentes de entre 9 y 18 años (2).

Sorprendentemente, solo el 23% de los encuestados utilizaban la bicicleta para ir a la escuela. En el caso de los chicos, un porcentaje significativamente menor de los que iban en bicicleta tuvo valores por debajo de lo considerado saludable en los parámetros de flexibilidad y velocidad-agilidad en comparación con los que  no se desplazaban de forma activa. En el caso de ellas, las que se desplazaban 3 o más días en bicicleta se encontraban en un menor porcentaje en la categoría “no saludable” para las medidas de fitness muscular del hemisferio inferior, velocidad-agilidad y capacidad cardiorrespiratoria (tabla 1). Asimismo, estas chicas tuvieron menor probabilidad de tener síndrome metabólico comparadas con las que no se desplazaban activamente (OR, 0.61; 95% CI, 0.35-0.99; P = .048). Por último, el factor más determinante para promover la movilidad activa fue el nivel educativo de los padres. Un mayor nivel educativo de estos se asoció con una mayor probabilidad de que los hijos/as se desplazasen a la escuela en bicicleta.

Tabla 1. Relación entre ir hacia/desde la escuela en bicicleta, condición física y riesgo cardiometabólico, por sexos.

Por tanto, observamos cómo el desplazamiento en bicicleta hacia/desde la escuela se asocia con una mejor condición física y un menor riesgo de síndrome metabólico, especialmente en las niñas. Por ello, estos resultados, junto con los de otros estudios del grupo PROFITH, deberían proporcionar un impulso que incentivase los cambios sociales, ambientales e individuales necesarios para promover de forma segura el desplazamiento en bicicleta hacia/desde la escuela por parte de niños y adolescentes, favoreciendo en consecuencia un estilo de vida más saludable.


REFERENCIAS

  1. Larouche, R., Saunders, T. J., John Faulkner, G. E., Colley, R., & Tremblay, M. (2014). Associations between active school transport and physical activity, body composition, and cardiovascular fitness: a systematic review of 68 studies. Journal of Physical Activity and Health, 11(1), 206-227.
  2. Ramírez-Vélez, R., García-Hermoso, A., Agostinis-Sobrinho, C., Mota, J., Santos, R., Correa-Bautista, J. E., … & Villa-González, E. (2017). Cycling to school and body composition, physical fitness, and metabolic syndrome in children and adolescents. The Journal of Pediatrics, 188, 57-63.

REALIZAR ACTIVIDAD FÍSICA REGULARMENTE RETRASA EL ENVEJECIMIENTO CELULAR

Cada vez es más fuerte la evidencia que indica que la mortalidad por cualquier causa es menor cuanto mayor es la actividad física (AF) realizada, tanto en población sana como con patología. Uno de los mecanismos por los que se rige esta asociación es la longitud telomérica (1). Con el paso del tiempo los telómeros se van haciendo más cortos de forma natural. Como consecuencia del acortamiento telomérico, la senescencia celular aumenta, favoreciendo la apoptosis (muerte celular programada) de la célula.

En definitiva, este acortamiento telomérico está vinculado con el envejecimiento biológico, mientras que factores como la inflamación y el estrés oxidativo van a hacer que los telómeros se acorten. Por tanto, la longitud telomérica puede considerarse un biomarcador de envejecimiento celular, relacionándose estrechamente con la edad cronológica. Se ha visto, por ejemplo, que aquellas personas con los telómeros más cortos poseen un 25% mayor riesgo de muerte en comparación con las que tienen una mayor longitud telomérica (2).

Sin embargo, no está tan clara la relación entre la AF y la longitud telomérica. Una reciente revisión sistemática halló que el 54% de los estudios no obtuvieron asociación, un 41% sí encontraron una asociación positiva, mientras que el 5% restante observaron que existía una relación curvilínea (1).

Por ello, un estudio ha vuelto a evaluar recientemente dicha relación (3). Se analizó el nivel de AF y la longitud telomérica en 5823 adultos, obteniéndose como principal hallazgo que la AF se relacionó inversamente con la longitud telomérica. Así, a mayor nivel de AF realizado mayor longitud de los telómeros. Además aquellos con niveles sedentarios tuvieron 1,95 veces mayor riesgo de tener telómeros más cortos en comparación con el grupo que mayores niveles de AF registró. Asimismo, los telómeros de este último grupo tuvieron de media 140 pares de bases más que los de los sedentarios.

Dado que el acortamiento telomérico ocurre a una tasa de 15,6 pares por año, la interpretación de estos resultados sugeriría que los físicamente más activos tendrían un envejecimiento biológico aproximadamente 9 años (140/15,6) menor que los adultos sedentarios para una misma edad, género, raza, educación, IMC y un mismo consumo de alcohol y tabaco. De igual forma, existe una diferencia llamativa de 8,8 años (137/15,6) entre quienes registraron niveles altos y bajos de AF en cuanto al envejecimiento celular, así como de 7,1 años (111/15,6) entre aquellos con niveles altos y moderados.

Por tanto, observamos cómo los telómeros de las personas que realizan AF regularmente son considerablemente más largos, representando una reducción en el envejecimiento celular de hasta 9 años con respecto a sujetos con niveles bajos de actividad física.


REFERENCIAS

  1. Mundstock, E., Zatti, H., Louzada, F. M., Oliveira, S. G., Guma, F. T., Paris, M. M., … & Mattiello, R. (2015). Effects of physical activity in telomere length: systematic review and meta-analysis. Ageing Research Reviews, 22, 72-80.
  2. Weischer, M., Bojesen, S. E., Cawthon, R. M., Freiberg, J. J., Tybjærg-Hansen, A., & Nordestgaard, B. G. (2012). Short telomere length, myocardial infarction, ischemic heart disease, and early death. Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology, 32(3), 822-829.
  3. Tucker, L. A. (2017). Physical activity and telomere length in US men and women: An NHANES investigation. Preventive Medicine, 100, 145-151.

EFECTOS DEL ENTRENAMIENTO DE FUERZA SOBRE EL RENDIMIENTO EN NIÑOS

Un programa de entrenamiento de fuerza correctamente supervisado y prescrito es un método seguro y efectivo para mejorar el rendimiento físico en niños. Factores como la edad, el género y la modalidad deportiva influyen en los efectos del entrenamiento de fuerza. Sin embargo, disponemos de poca información contrastada respecto a cuál debe ser la prescripción correcta del entrenamiento para optimizar sus efectos. Esto es fundamental, ya que, por ejemplo, la dosis óptima para producir mejoras sobre las capacidades físicas probablemente sea diferente en función del nivel de entrenamiento de los niños (1). Además las recomendaciones de las que disponemos se suelen basar principalmente en opiniones de expertos y no en los resultados de estudios científicos.

Por ello, una reciente revisión sistemática con meta-análisis ha analizado la efectividad de diferentes programas de entrenamiento de fuerza sobre el rendimiento físico en niños y adolescentes deportistas, teniendo en cuenta variables como la edad, el género y el tipo de deporte practicado (2). 43 estudios cumplieron los criterios de inclusión y un total de 1558 niños y adolescentes (6-18 años) participaron, de los cuales 891 realizaron entrenamiento de fuerza.

Los principales resultados hallados muestran que las principales mejoras del entrenamiento de fuerza se producen sobre la fuerza muscular y el salto vertical. Asimismo se obtuvieron ligeros beneficios sobre la velocidad lineal, la agilidad y el rendimiento específico para cada deporte, estando mediados estos efectos por el género y el tipo de entrenamiento de fuerza realizado.

Además se halló que los programas más efectivos fueron los que comprendieron un periodo de entrenamiento mayor de 23 semanas, incluyendo 5 series por ejercicio, 6-8 repeticiones por serie, con una intensidad de ejercicio de entre 80-89% 1-RM y descansos entre series de 3-4 minutos. Por último, los programas de ejercicios con peso libre fueron los más efectivos para aumentar la fuerza muscular. No obstante, estas pautas de entrenamiento deberán individualizarse en función del nivel de entrenamiento, las habilidades y los objetivos de los diferentes sujetos.

Por tanto, se recomienda la inclusión de entrenamiento de fuerza como parte importante del entrenamiento de jóvenes deportistas con el fin de mejorar la fuerza y en general el rendimiento deportivo, principalmente, priorizando el entrenamiento con pocas repeticiones y mayor intensidad para acentuar los beneficios en el rendimiento físico. Estos efectos sobre el rendimiento deportivo se unen a los importantes beneficios para la salud que aporta el entrenamiento de fuerza en niños.


REFERENCIAS

  1. Faigenbaum, A. D., Lloyd, R. S., & Myer, G. D. (2013). Youth resistance training: past practices, new perspectives, and future directions. Pediatric Exercise Science, 25(4), 591-604.
  2. Lesinski, M., Prieske, O., & Granacher, U. (2016). Effects and dose–response relationships of resistance training on physical performance in youth athletes: a systematic review and meta-analysis. British Journal of Sports Medicine, 50(13), 781-795.

LA OBESIDAD DURANTE EL EMBARAZO ACORTA LA VIDA DE LOS HIJOS

Durante el embarazo, la obesidad de la madre va a influir en el entorno intrauterino, pudiendo producir alteraciones en el desarrollo, la fisiología y el metabolismo del feto, siendo éste posiblemente el origen de determinadas enfermedades que sufra el recién nacido a lo largo de su vida. Así, por ejemplo, la obesidad durante el embarazo se asocia con un crecimiento fetal anormal, incremento en el riesgo de complicaciones durante el parto, muerte fetal y muerte súbita del lactante. De igual modo, la obesidad, el asma y las enfermedades cardiovasculares durante la edad infantil se asocian con un estado de obesidad materna. Por tanto, la obesidad de la madre podría tener consecuencias sobre la salud del feto durante el propio embarazo e incluso años después de su nacimiento.

Por otro lado, como hemos visto en entradas anteriores, la longitud de los telómeros es considerada un marcador del estado de salud celular y el envejecimiento biológico, asociándose con enfermedades relacionadas con la edad como las cardiovasculares, la diabetes tipo II y la aterosclerosis, y una mayor mortalidad. Además se sabe que la longitud de los telómeros de un recién nacido va a determinar su longitud telómerica en etapas futuras de la vida.

En base a estas evidencias, un reciente estudio (1) ha analizado el efecto de la obesidad de la madre antes del embarazo -en base al IMC- sobre la longitud de los telómeros de los recién nacidos, evaluada a través de muestras de sangre del cordón umbilical (n = 743) y la placenta (n = 702).

De forma sorprendente se halló que la obesidad previa al embarazo se asoció con telómeros más cortos en los recién nacidos. Independientemente de otros factores, la longitud telomérica de los neonatos con madres obesas fueron más cortos que los de aquellos con madres con un peso saludable.

Por último, los datos mostraron que para cada aumento de una unidad de IMC, los telómeros de la sangre del cordón y de la placenta fueron 0.50% y 0.66% más cortos, respectivamente. Esto supone una pérdida de aproximadamente 50 pares de bases en la longitud del telómero, mientras que se estima que un adulto pierde entre 32.2 y 45.5 pares de bases anualmente (2), por lo que cada aumento previo al embarazo de una unidad de IMC es equivalente a la pérdida de pares de bases que sufre un adulto en un periodo de 1.1 a 1.6 años.

Estos hallazgos son de especial relevancia clínica, ya que supone que los recién nacidos de madres obesas fueron de 12 a 17 años mayores biológicamente en comparación con los recién nacidos de mujeres con peso normal, en base a la equivalencia de pérdida telomérica que se produce anualmente en la edad adulta.

El impacto sobre la salud pública es considerable, ya que en sociedades con un alto nivel socioeconómico el 30% de las mujeres en edad reproductiva tienen sobrepeso, con el consiguiente riesgo debido al acortamiento telomérico que se produce en los neonatos de madres obesas, lo que podría incrementar el riesgo de futuras enfermedades crónicas.

El estilo de vida previo al embarazo de la madre va a determinar la longitud telomérica del recién nacido y, por tanto, podría estar predisponiéndolo a un envejecimiento biológico y molecular prematuro y a una mayor susceptibilidad a las enfermedades.


REFERENCIAS

  1. Martens, D. S., Plusquin, M., Gyselaers, W., De Vivo, I., & Nawrot, T. S. (2016). Maternal pre-pregnancy body mass index and newborn telomere length. BMC Medicine, 14(1), 148.
  2. Müezzinler, A., Zaineddin, A. K., & Brenner, H. (2013). A systematic review of leukocyte telomere length and age in adults. Ageing Research Reviews, 12(2), 509-519.