Entradas

¿ES EL AYUNO INTERMITENTE MÁS EFECTIVO QUE LA DIETA TRADICIONAL PARA LA PÉRDIDA DE PESO?

El ayuno intermitente (la alternancia de periodos con muy baja o nula ingesta energética con otros con una ingesta normal o ad libitum) ha ganado una gran popularidad en los últimos años. Existen numerosas estrategias de ayuno intermitente, desde incluir dos días de ayuno a la semana seguidos de 5 días de alimentación “normal”, hasta otros en los que los periodos de ayuno son mucho más cortos (e.g, 12 horas). Uno de los motivos que lleva a más gente a seguir este tipo de estrategia nutricional es la pérdida de peso, ya que a menudo el hecho de “ayunar” durante algunos periodos se asocia a una menor ingesta calórica total. Así, muchas personas con sobrepeso acuden al ayuno intermitente bajo la premisa de que les proporcionará una mayor reducción de peso que las dietas “tradicionales” (es decir, una restricción calórica continua).

Con el fin de determinar si periodos de restricción calórica intermitentes son realmente más beneficiosos para perder peso que la restricción calórica continuada, algunos meta-análisis han sido publicados en los últimos años. Por ejemplo, un meta-análisis que incluyó los 6 estudios publicados hasta la fecha con una duración igual o superior a 6 meses concluyó que se obtenía exactamente la misma pérdida de peso con la dieta “tradicional” y con el ayuno intermitente, teniendo los participantes una adherencia similar a ambas estrategias nutricionales [1]. De forma similar, un meta-análisis más reciente que incluyó 5 estudios realizados específicamente en personas con sobrepeso u obesidad no observó diferencias entre estas estrategias nutricionales ni al final de la intervención ni en los meses posteriores, observando una reducción de peso significativa (>5 kg) en ambos casos [2]. Además, otro meta-análisis que incluyó 11 estudios con una duración de 8 a 24 semanas también concluyó que el ayuno intermitente es igual de efectivo que la restricción calórica continuada para la pérdida de peso, aunque tendió a producir mayores beneficios en los niveles de insulina [3]. Es importante mencionar que no se observaron diferencias entre las dos estrategias para otras variables metabólicas como los niveles de glucosa o colesterol [3].

En resumen, pese a la popularidad del ayuno intermitente, debemos ser conscientes de que sus beneficios en la pérdida de peso no parecen ser superiores a los de otros tipos de restricción calórica. Al fin y al cabo, el balance energético es el principal factor que afecta a la pérdida de peso, y ante un mismo déficit calórico (es decir, si se ingiere menos de lo que se gasta) la pérdida de peso será similar. Por ello, la estrategia nutricional más recomendable será aquella que más se adecúe a nuestras preferencias y que facilite una mayor adherencia a largo plazo. El ayuno intermitente podría, sin embargo, aportar algunos beneficios a nivel metabólico. Este tipo de estrategia nutricional no solo basa sus beneficios en el déficit calórico total, sino que periodos prolongados de ayuno (los cuáles no se dan con las “dietas tradicionales”) activan otra serie de mecanismos como la activación de vías autofágicas y una posible regulación de los ritmos circadianos. Por ello, como muestra un estudio publicado en Cell [4], el ayuno intermitente puede provocar beneficios (mayor sensibilidad a la insulina, menor presión arterial y estrés oxidativo) incluso en ausencia de pérdida de peso. Es necesaria todavía una mayor evidencia para confirmar estos resultados.


Referencias

  1. Headland M, Clifton PM, Carter S, et al. Weight-loss outcomes: A systematic review and meta-analysis of intermittent energy restriction trials lasting a minimum of 6 months. Nutrients 2016;8. doi:10.3390/nu8060354
  2. Harris L, McGarty A, Hutchison L, et al. Short-term intermittent energy restriction interventions for weight management: a systematic review and meta-analysis. Obes Rev 2018;19:1–13. doi:10.1111/obr.12593
  3. Cioffi I, Evangelista A, Ponzo V, et al. Intermittent versus continuous energy restriction on weight loss and cardiometabolic outcomes: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. J Transl Med2018;16:1–15. doi:10.1186/s12967-018-1748-4
  4. Sutton EF, Beyl R, Early KS, et al. Early Time-Restricted Feeding Improves Insulin Sensitivity, Blood Pressure, and Oxidative Stress Even without Weight Loss in Men with Prediabetes. Cell Metab 2018;27:1212-1221.e3. doi:10.1016/j.cmet.2018.04.010

¿CUÁLES SON LOS BENEFICIOS DE REDUCIR 300 KCAL EN LA DIETA DURANTE 2 AÑOS?

¿Qué tienen en común una ración de patatas Deluxe, una rebanada de pan blanco en cada comida, una ración de patatas fritas de bolsa o seis nuggets de pollo? Todos ellos aportan alrededor de 300 kcal y un nulo aporte nutricional. ¿Qué ocurre si reducimos de forma diaria 300 kcal en nuestra dieta durante dos años?

El estudio CALERIE analiza los efectos de la restricción calórica a largo plazo sobre marcadores cardiometabólicos en personas sin obesidad. 143 sujetos redujeron ~300 kcal su ingesta calórica (11,9%) durante 2 años, mientras que 75 mantuvieron su dieta habitual. Las personas que redujeron su ingesta perdieron de media 7,5 kg de peso, en su mayoría grasa (5,3 kg). Además, mejoraron marcadores de riesgo cardiometabólico como el índice de síndrome metabólico, la presión sanguínea, el colesterol y la sensibilidad a la insulina.

Eliminar de la dieta alimentos con un escaso valor nutricional y alto aporte calórico nos puede ayudar a mejorar nuestra salud de manera muy sencilla. El objetivo es elegir la procedencia de esa calorías que vamos a eliminar de la dieta. En un ambiente sedentario y con la posibilidad de acceder a un sinfín de alimentos, pequeños gestos pueden suponer mucho para nuestra salud.


REFERENCIAS

  • Kraus, W. E., Bhapkar, M., Huffman, K. M., Pieper, C. F., Das, S. K., Redman, L. M., … & Holloszy, J. O. (2019). 2 years of calorie restriction and cardiometabolic risk (CALERIE): exploratory outcomes of a multicentre, phase 2, randomised controlled trial. The Lancet Diabetes & Endocrinology.

 

HIIT, ¿EL ARMA MÁS EFECTIVA PARA LA PÉRDIDA DE GRASA?

Simplificando quizá en exceso y más allá de complejos procesos fisiológicos -muchos de ellos todavía en discusión-, los cambios en el peso corporal son el resultado de un equilibrio entre la ingesta y el gasto energético. Así, el ejercicio físico debe ser, junto con una adecuada nutrición, una piedra angular para favorecer la pérdida de peso.

Son numerosas las estrategias disponibles para aumentar el gasto energético, y en personas sedentarias cualquiera de ellas puede ser efectiva (en mayor o en menor medida) para aportar beneficios con respecto a su conducta previa. Es decir, siempre es mejor moverse que no hacerlo. Sin embargo, cada vez una mayor evidencia sugiere que unos tipos de ejercicio pueden ser más recomendables que otros. En este sentido, dos de los tipos de ejercicio más comúnmente realizados para la pérdida de peso son el ejercicio continuo a intensidad moderada (>30 minutos a una intensidad de en torno al 60% de la frecuencia cardíaca máxima [es decir, una intensidad a la que se puede hablar sin jadear en exceso], incluyendo andar rápido, trotar o montar en bici) y el entrenamiento interválico de alta intensidad (también conocido como HIIT, y consistente en realizar varias series de hasta 4-5 minutos pero a una intensidad por encima del umbral, es decir, a la que cueste hablar con facilidad).

Con el fin de comparar la efectividad de estos ejercicios para la pérdida de peso, un reciente meta-análisis publicado en la prestigiosa revista British Journal of Sports Medicine [1] analizó un total de 36 estudios con más de 1000 participantes que entrenaron durante más de 4 semanas. Los resultados mostraron que ambos tipos de ejercicio redujeron la cantidad de masa grasa, pero esta reducción fue mayor en aquellos participantes que hicieron HIIT. En concreto, el HIIT supuso una pérdida de algo más de 2 kg más de grasa que el entrenamiento continuo, y estas mejoras fueron aún mayores (más de 3 kg con respecto al entrenamiento continuo) cuando el HIIT se hizo con series muy cortas (entre 8 y 30 segundos) pero a la máxima intensidad posible.

Por otro lado, es importante remarcar también que los entrenamientos de intensidad moderada duraban de media aproximadamente 38 minutos, mientras que las sesiones de HIIT duraron 28 minutos contando los descansos. Además, algunas variables como realizar el entrenamiento corriendo en vez de en bicicleta, tener menos de 30 años o realizar el entrenamiento de forma supervisada mostraron favorecer la pérdida de grasa.

En resumen, estos datos muestran el HIIT como una estrategia más efectiva y más eficiente para la pérdida de peso que otro método posiblemente más comúnmente utilizado como es salir a hacer ejercicio a una intensidad moderada pero de forma continua. No obstante, es importante remarcar que la estrategia más efectiva será siempre aquella que provoque la mayor adherencia. El mejor ejercicio es aquel que se realiza.


REFERENCIAS

[1] Viana RB, et al. Is interval training the magic bullet for fat loss? A systematic review and meta-analysis comparing moderate-intensity continuous training with high-intensity interval training (HIIT). British Journal of Sports Medicine. 2019. In press. doi:10.1136/bjsports-2018-099928

DESAYUNAR, ¿NECESARIO PARA PERDER PESO?

El desayuno ha sido tradicionalmente situado como la comida más importante del día. Por ejemplo, todos conocemos el clásico dicho popular de “desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un pobre”.

Cuando el objetivo es perder peso, es común escuchar que saltarse el desayuno hará que llegues a la comida con más hambre, lo que supondría una mayor ingesta calórica y por tanto una menor pérdida de peso. Son por ello numerosas las dietas que marcan el desayuno como una comida esencial si queremos que la pérdida de peso sea efectiva. Sin embargo, la evidencia al respecto es bastante inconcluyente.

Con el fin de determinar si realmente saltarse el desayuno puede ser una estrategia negativa para la pérdida de peso, un reciente meta-análisis (Sievert, 2019) publicado en la prestigiosa revista British Medical Journal incluyó un total de 13 estudios (1416 participantes). Los resultados mostraron que aquellas personas que se saltaban el desayuno tenían una menor ingesta calórica total a lo largo del día (-260 kcal de media) en comparación con aquellos que sí desayunaban, lo que quiere decir que no compensaban posteriormente con una mayor ingesta. Además, esta menor ingesta calórica se vio asociada a una mayor pérdida de peso, aunque de tan solo 0.5 kg.

Así, este estudio muestra que saltarse el desayuno no es negativo para la pérdida de peso, aunque tampoco podemos afirmar que sea positivo debido a las escasas diferencias observadas entre grupos. No obstante, lo que parece claro es que desayunar no debe ser obligatorio en ninguna dieta, sino que debe ser un hábito que se adecúe a las costumbres, preferencias o necesidades de cada persona. Por ejemplo, la decisión de cómo repartir la ingesta de calorías a lo largo del día debería ser tomada atendiendo a nuestro nivel de actividad física, y no a bases establecidas de forma tradicional.


REFERENCIA

Sievert Katherine, Hussain Sultana Monira, Page Matthew J, Wang Yuanyuan, Hughes Harrison J, Malek Mary et al. Effect of breakfast on weight and energy intake: systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials BMJ 2019; 364: l42.

EL FALSO MITO DE LOS 10.000 PASOS AL DÍA

En la década de los 60 se empezó a extender desde Japón al resto del mundo la teoría de que había que realizar al menos 10.000 pasos al día para considerarse activo y, por tanto, poder obtener importantes beneficios a nivel cardiovascular.  Fue el Dr. Yoshiro Hatano quien, ante los crecientes problemas de obesidad e inactividad (en aquel entonces los japoneses realizaban una media de 5.000 pasos al día) que azotaban al país nipón, estableció la cifra de los 10.000 pasos como medida de salud.

Esta idea ha calado de forma tan profunda en la sociedad que diferentes apps y dispositivos móviles utilizados para medir el nivel de actividad física le lanzan un aviso al usuario cuando ese día ha alcanzado los 10.000 pasos. Sin embargo, esta cifra tiene más de marketing, ya que surgió a raíz de la comercialización de un podómetro llamado manpo-kei, que precisamente significa “10.000 pasos”, que de fundamento científico.

En este sentido, un estudio (1) evaluó el riesgo cardiovascular en 111 adultos sanos en función de su nivel de actividad evaluado con un acelerómetro llevado durante 7 días. El análisis de los resultados determinó que un mayor tiempo sedentario se asoció con una mayor circunferencia de cintura, mayor nivel  de triglicéridos y menor de HDL-colesterol en sangre, todos ellos factores de riesgo cardiovascular. Además, aquellos que cumplieron los criterios de diagnóstico de síndrome metabólico fueron menos activos, contabilizaron un menor número de pasos diarios (una media de 11.000), la velocidad de sus pasos fue más lenta y permanecieron más tiempo en actitudes sedentarias en comparación con los que no tuvieron síndrome metabólico. Estos últimos caminaron una media de ≥ 3,5 h/día, dieron más de 15.000 pasos al día y estuvieron de pie más de 7 h/día.

Por tanto, parece quedar claro que el establecimiento de la cifra mágica de los 10.000 pasos al día como medida para el control de la salud no es correcto, sino que dicha cifra parece situarse por encima de los 15.000 pasos. No obstante, otros recientes estudios priorizan la intensidad a la que se camina por delante del volumen o cantidad de pasos realizados.


REFERENCIAS

1. Tigbe, W. W., Granat, M. H., Sattar, N., & Lean, M. E. (2017). Time spent in sedentary posture is associated with waist circumference and cardiovascular risk. International Journal of Obesity, 41(5), 689.

12 SEMANAS DE HIIT MEJORAN LA COMPOSICIÓN CORPORAL, LA CAPACIDAD CARDIORRESPIRATORIA Y EL PERFIL LIPÍDICO EN JÓVENES CON OBESIDAD

El problema creciente de salud pública que suponen los altos valores de sedentarismo y, por ende, de obesidad hace que se busquen nuevas estrategias que ayuden a revertir esta tendencia. El entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT, el acrónimo de High Intensity Interval Training) es una de las “herramientas” más estudiadas para luchar contra la obesidad, ya que amplifica los beneficios del ejercicio aeróbico “tradicional” en menos tiempo. Aunque el HIIT ha demostrado ser una herramienta eficaz en la mejora de la composición corporal, la capacidad cardiorrespiratoria y el perfil lipídico en personas con obesidad, la evidencia en jóvenes obesos es todavía limitada.

Con el objetivo de estudiar los efectos del HIIT en esta población, un estudio1 reciente investigó los cambios que un programa de 12 de semanas de HIIT sin restricción calórica sobre la composición corporal y el perfil lipídico.

20 obesos sanos fueron asignados aleatoriamente en dos grupos: grupo HIIT y grupo control (sin ninguna intervención de ejercicio). El programa de HIIT consistió en 3 sesiones de ejercicio a la semana con el siguiente protocolo de entrenamiento:

Figura 1. Programa de entrenamiento.

HIIT, High Intensity Interval Training; MAV, máxima velocidad aeróbica; R, descanso entre series.

Los valores analizados antes y después del estudio fueron la capacidad aeróbica (MAV y VO2max), la composición corporal (IMC, circunferencia de la cintura y % de grasa) y perfil lipídico (triglicéridos, colesterol total, HDL y LDL). Tras 12 semanas de intervención, la composición corporal y la capacidad aeróbica mejoraron de manera significativa únicamente en el grupo que hizo HIIT. Además, el perfil lipídico mejoró también en este grupo, disminuyendo los valores de colesterol total y de triglicéridos.

Figura 2. Variación delta del % de grasa y del VO2max en los grupos control y HIIT.

Estos datos no hacen sino confirmar los beneficios del HIIT en la mejora de la composición corporal y la capacidad aeróbica, incluso sin un descenso de las calorías ingeridas. Una correcta planificación que incluya entrenamiento de alta intensidad, además de control nutricional, puede ser una estrategia muy efectiva a la hora de enfrentarse a un programa de pérdida de peso y de mejora de la salud.


REFERENCIA

  1. Khammassi, M. et al. Impact of a 12-week high-intensity interval training without caloric restriction on body composition and lipid profile in sedentary healthy overweight/obese youth. J Exerc Rehabil 14, 118–125 (2018).

PARA PREVENIR LA DIABETES ¿DIETA O EJERCICIO?

La diabetes tipo 2 es posiblemente junto a la obesidad uno de los grandes problemas de salud del siglo XXI en países desarrollados. La prevalencia de diabéticos tipo 2 se ha disparado en los últimos años. Además, aunque no pueden ser considerados diabéticos, se estima que 343 millones de personas presentan una respuesta metabólica deteriorada (concentraciones elevadas de glucosa y tolerancia alterada a ésta), siendo considerados “prediabéticos” o en alto riesgo de padecer diabetes tipo 2.

Aunque intervenciones farmacológicas como la toma de metformina pueden disminuir los niveles de glucosa en esta población, la Asociación Americana de Diabetes recomienda centrar la prevención de la diabetes tipo 2 mediante estrategias de mejora del estilo de vida como la nutrición o el ejercicio físico. Recientemente, una revisión sistemática publicada en Cochrane (Hemmingsen, 2017) analizó la efectividad del ejercicio físico aislado o combinado con una intervención nutricional para la prevención o el retraso de la diabetes tipo 2 en personas prediabéticas. Para ello, analizaron 12 estudios que incluían un total de 5238 participantes prediabéticos.

Dos de los estudios analizados incluyeron únicamente ejercicio físico, siendo la prevalencia de diabetes tipo 2 en los participantes que hicieron ejercicio inferior a la de aquellos que siguieron el tratamiento farmacológico estándar (41 y 68%, respectivamente, en uno de los estudios, y 12 y 18% en el otro estudio). Además, un estudio comparó la realización de ejercicio físico con la inclusión de una intervención nutricional y encontró una prevalencia similar de diabetes tipo 2 en ambos grupos (41 y 44%, respectivamente). Sin embargo, la mayor evidencia se obtuvo al combinar ambas intervenciones, con 11 estudios encontrando una menor prevalencia de diabéticos tras realizar ejercicio físico y dieta en comparación con el grupo control (15 frente al 26%, respectivamente).

Figura 1. Incidencia de diabetes tipo 2 tras la realización de ejercicio físico y dieta o tratamiento estándar. Los puntos a la derecha de la línea vertical indican estudios con resultado favorable hacia la intervención de ejercicio y dieta.

Por lo tanto, aunque tanto la dieta como el ejercicio físico pueden aportar de forma aislada beneficios para la prevención de la diabetes tipo 2 en personas que ya presentan un estado metabólico alterado (prediabéticos), la combinación de ambas mediante un estilo de vida saludable completo aportará los mayores beneficios. Estos resultados son de una gran relevancia clínica teniendo en cuenta la preocupante prevalencia de esta patología, y remarcan una vez más el importante rol de la nutrición y el ejercicio para la prevención de multitud de enfermedades muy comúnmente tratadas farmacológicamente.


REFERENCIA

  • Hemmingsen B, Gimenez-Perez G, Mauricio D, Roqué i Figuls M, Metzendorf M, Richter B. Diet, physical activity or both for prevention or delay of type 2 diabetes mellitus and its associated complications in people at increased risk of developing type 2 diabetes mellitus. Cochrane Database of Systematic Reviews 2017, Issue 12. DOI: 10.1002/14651858.CD003054.pub4

CONTRA EL SOBREPESO, ¿ENTRENAMIENTO INTERVÁLICO DE ALTA INTENSIDAD (HIIT) O CONTINUO DE INTENSIDAD MODERADA?

La obesidad es un problema que cada vez afecta a una mayor parte de la población. De hecho, actualmente al menos un 39% de la población tiene sobrepeso, y más de un 13% tiene obesidad. El sobrepeso, especialmente el exceso de grasa visceral, está a su vez asociado a otras patologías como las cardiovasculares (ej. ateroesclerosis, hipertensión) y metabólicas (ej. diabetes), e incluso a un mayor riesgo de desarrollar cáncer. Por ello, los profesionales de la salud debemos centrar nuestros esfuerzos en reducir la que ya es considerada la epidemia del siglo XXI.

Como vimos recientemente en una entrada, aunque la dieta se muestra como una estrategia eficaz para la pérdida de peso, el ejercicio es la mejor herramienta para la disminución de la grasa visceral. ¿Pero qué tipo de ejercicio aporta los mayores beneficios?

Un reciente meta-análisis publicado en la prestigiosa revista Obesity Reviews (1) comparó el efecto del ejercicio intermitente de alta intensidad (HIIT) o MICT en los cambios en la composición corporal en personas con sobrepeso u obesidad. Para ello, analizaron un total de 13 estudios (424 sujetos) que aplicaban estos programas de ejercicio durante una media de 10 semanas en la que los participantes entrenaban en torno a 3 días a la semana.

Los resultados mostraron que ambos tipos de ejercicio mejoraban de forma significativa la composición corporal, con una reducción de 2 kg de grasa (6%) y de 3 cm de circunferencia de cintura incluso en ausencia de cambios en el peso corporal (como ya vimos en anteriores entradas, nuestro foco de atención debe ser la masa grasa y no el peso corporal). Curiosamente, no hubo diferencias entre los beneficios obtenidos al realizar HIIT o al realizar ejercicio continuo a intensidad moderada, aunque el tiempo de entrenamiento que requerían los programas de HIIT (95 minutos semanales) fue mucho menor que el del entrenamiento continuo (158 minutos semanales). Además, también se observó que aquellos programas en los que el ejercicio se realizaba corriendo aportaban mayores beneficios que en los que se realizaba en bicicleta.

Este estudio es de especial interés porque remarca la importancia del ejercicio para la pérdida de masa grasa en personas con sobrepeso. Además, muestra que tanto el ejercicio de alta intensidad (HIIT) como el continuo a intensidad moderada son opciones igual de eficaces para mejorar la composición corporal. No obstante, el tipo de ejercicio a realizar deberá adaptarse a las características de cada persona. El ejercicio de alta intensidad requiere de un menor tiempo de entrenamiento para aportar los mismos beneficios, por lo que puede ser una buena opción para aquellas personas con falta de tiempo. Sin embargo, debemos tener en cuenta también que este tipo de ejercicio puede suponer una menor adherencia al ejercicio y un mayor estrés cuando la persona está muy desentrenada. De igual forma, aunque correr aporta mayores beneficios para la pérdida de grasa, el mayor impacto articular que provoca puede llevarnos a elegir la bicicleta durante los primeros estadíos.

Como profesionales del ejercicio debemos atender a estos estudios para conocer de forma objetiva qué estrategias son las más eficaces, pero siempre debe primar la individualización. Así, deberemos adaptarnos a los gustos y características de cada persona, dando una mayor importancia a que se integre el ejercicio físico dentro de la rutina diaria en vez de a conseguir los mayores beneficios en el menor tiempo posible.


REFERENCIA

  1. Wewege, M, Berg, R Van Den, Ward, RE, and Keech, A. The effects of high-intensity interval training vs . moderate-intensity continuous training on body composition in overweight and obese adults : a systematic review and meta-analysis. Obes Rev 635–646, 2017.

SI QUIERES MEJORAR TU SALUD, LA DIETA ES IMPORTANTE, PERO NO OLVIDES EL EJERCICIO

La obesidad se ha convertido ya en una gran epidemia en los países desarrollados, siendo una de las principales causas de muerte y estando asociada a numerosas patologías. Por ello, desde el ámbito sanitario y liderados por la Organización Mundial de la Salud, se ha puesto el foco de interés en el control del peso de la población.

Hasta ahora los científicos se habían centrado en qué estrategias eran más útiles para la pérdida de peso. Por ejemplo, un meta-análisis (Miller, Koceja, & Hamilton, 1997) que incluyó 493 estudios comparando los efectos de dieta y ejercicio encontró que la dieta suponía una pérdida de peso cuatro veces mayor que la realización de ejercicio (10.7 frente a 2.9 kilos en 16 semanas). Por ello, la dieta se ha consolidado como la estrategia de pérdida de peso más prescrita y más utilizada por la población.

Sin embargo, es importante remarcar que la pérdida de peso por sí sola puede no estar asociada a un cambio positivo, ya que será la pérdida de grasa visceral la que determine el beneficio de este cambio. Así, mientras el exceso de peso no se asocia en muchas ocasiones a mayor morbi-mortalidad, un exceso de grasa visceral sí se asocia a un mayor riesgo cardiovascular y mayor prevalencia de resistencia insulínica o dislipidemia entre otras patologías.

Por ello, un reciente meta-análisis (Verheggen et al., 2016) analizó 117 estudios (4815 sujetos) para comparar los efectos de la dieta y el ejercicio no sólo en el cambio de peso, sino también en los niveles de grasa visceral. Los autores encontraron que, pese a que la dieta suponía una mayor pérdida de peso, era el ejercicio el que disminuía en mayor medida los niveles de grasa visceral. De hecho, incluso en aquellos sujetos que no perdían peso, se podía apreciar una disminución de la grasa visceral al realizar ejercicio, algo que no ocurría con la dieta. Por ejemplo, una pérdida de peso del 5% (3.5 kg para una persona de 70 kg) se asociaba con una pérdida de grasa visceral del 21.3% al realizar ejercicio, mientras que al seguir sólo dieta la pérdida de grasa visceral era de tan solo un 13.4 %.

Por lo tanto, estos datos apoyan la realización de ejercicio para la mejora de un marcador de salud como es la grasa visceral. La ausencia de pérdida de peso durante un programa de ejercicio puede llevarnos a pensar que la estrategia seguida es incorrecta o inútil. Sin embargo, debemos ser conscientes de la importancia de la composición corporal (porcentaje de grasa y músculo) y olvidarnos del peso como marcador de salud. Debe ser el porcentaje de grasa y no el peso corporal el que indique si nuestras estrategias están funcionando.


REFERENCIAS

Miller, W. C., Koceja, D. M., & Hamilton, E. J. (1997). A meta-analysis of the past 25 years of weight loss research using diet, exercise or diet plus exercise intervention. International Journal of Obesity, 21(10), 941–947. https://doi.org/10.1038/sj.ijo.0800499

Verheggen, R. J. H. M., Maessen, M. F. H., Green, D. J., Hermus, A. R. M. M., Hopman, M. T. E., & Thijssen, D. H. T. (2016). A systematic review and meta-analysis on the effects of exercise training versus hypocaloric diet: distinct effects on body weight and visceral adipose tissue. Obesity Reviews, 17(8), 664–690. https://doi.org/10.1111/obr.12406

DIETA ALTA EN PROTEÍNAS + AYUNO INTERMITENTE, ¿LA DIETA IDEAL PARA EVITAR VOLVER A GANAR PESO?

El problema de la obesidad alcanza a una gran parte de la población, con todos los problemas asociados a ella. La alteración de los marcadores inflamatorios y de las citoquinas hace que las personas con obesidad tengan además complicaciones cardiovasculares. Es por ello que llevar a cabo un adecuado programa de pérdida de peso es fundamental para resolver el problema. Sin embargo, cuando se llega al objetivo normalmente se suelen abandonar los hábitos saludables volviéndose a recuperar el peso perdido, mientras que los indicadores de salud cardiovascular vuelven a encender las luces de alarma.

Por ello, un grupo de investigadores ha llevado a cabo un estudio1 en el que evaluaron los efectos combinados de una dieta baja en calorías, alta en proteínas y ayuno intermitente en un programa de pérdida de peso y su posterior mantenimiento, comparado con una dieta saludable que sigue las directrices de la Asociación Americana del Corazón (AHA).

Se evaluaron a 40 adultos obesos (21 hombres y 19 mujeres) dividiéndose en dos fases:

  1. 12 semanas en la que los sujetos siguieron una dieta alta en proteínas y baja en calorías en la que debían hacer un día a la semana ayuno intermitente.
  2. 1 año de plan de mantenimiento de peso donde se comparaban una dieta alta en proteínas + ayuno intermitente con una dieta saludable que seguía las pautas de la AHA.

Se evaluó el peso corporal, el IMC, los lípidos en sangre y la capacidad elástica arterial al inicio y al final de cada fase del estudio.

Al final de la primera fase se produjo una pérdida de peso, de IMC y de los lípidos sanguíneos, además de una mejora en la capacidad elástica de las arterias. No hubo diferencias entre sexos. Durante la segunda fase, la dieta que combinaba una alta ingesta proteica y ayuno intermitente mostró una menor recuperación de peso (tendencia a la diferencia significativa) y del LDL comparada con la dieta saludable.

fissac-_-alta-en-proteinas-ayuno-intermitente

Figura 1. Efectos de la dieta sobre el IMC en la fase I y la fase II. HP-IF (Dieta alta en proteínas + ayuno intermitente). HH (Dieta saludable)

Los resultados sugieren que una combinación de una dieta baja en calorías y alta en proteínas con ayuno intermitente se asocia con una pérdida de peso y mejoras en los parámetros cardiovasculares, además de minimizar la recuperación de peso pasado un año del tratamiento. Este dato puede dar respuesta a una problemática que rodea a los programas de pérdida de peso, y es cómo se puede evitar una recuperación de peso asociada en la mayor parte de los casos a los periodos que siguen a una dieta para perder peso.


 

REFERENCIA

  1. Zuo, L. et al. Comparison of High-Protein, Intermittent Fasting Low-Calorie Diet and Heart Healthy Diet for Vascular Health of the Obese. Front. Physiol. 7, 350 (2016).