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MEDICIÓN DE POTENCIA EN LA CARRERA A PIE, ¿ES YA UNA REALIDAD?

Aunque hace varias décadas desde su incursión en el pelotón, ha sido hace relativamente escaso tiempo cuando tanto ciclistas profesionales como amateur han comenzado a guiar sus entrenamientos y competiciones atendiendo a los datos obtenidos con su potenciómetro y no tanto a la velocidad o la frecuencia cardíaca, factores muy variables.

La potencia, físicamente definida como cantidad de trabajo por unidad de tiempo, hace relación en ciclismo a la carga externa, es decir, a la relación entre la fuerza ejercida en el pedal y la velocidad con la que ejercemos dicha fuerza(en este caso, la cadencia). Al contrario que otras variables como la velocidad, la medición de potencia nos permite saber exactamente qué esfuerzo estamos haciendo (medido en vatios) sin importar el desnivel del terreno o las condiciones meteorológicas. Esto nos permite por ejemplo comparar nuestro rendimiento a lo largo de la temporada sin importar si ese día elegimos un circuito con más o menos pendiente, o si hace más o menos viento. Además, nos permite regularnos durante una competición al saber a qué vatios podemos ir y qué umbral no debemos sobrepasar si no queremos que la fatiga nos desborde antes de tiempo.

Ante el auge de los potenciómetros en el ciclismo, ha salido recientemente a la venta un dispositivo (Stryd Running Power Meter) que promete estimar la potencia durante la carreraa pie. Este dispositivo nos da un valor de potencia basado en un algoritmo desconocido que, según el fabricante, tiene en cuenta información de acelerometría triaxial, GPS, desnivel y el peso del deportista.

Aunque la evidencia es todavía escasa, hace unos días salía a la luz un estudio [1]que evaluó la relación entre la potencia medida con Stryd y el gasto metabólico (consumo de oxígeno) al correr en diferentes superficies y a diferentes ritmos. Mientras que en el ciclismo una mayor potencia supone un mayor gasto metabólico (más vatios, mayor consumo de oxígeno), los autores observaron que la relación entre la potencia medida con Stryd y el consumo de oxígeno era muy baja (r=0.29). Además, aunque existieron diferencias en el consumo de oxígeno requerido para correr en tapiz rodante o al aire libre a la misma velocidad (mayor consumo al aire libre), no existieron diferencias en la potencia estimada por Stryd.

Por otro lado, un estudio de un grupo español [2]evaluó si las variables cinemáticas de carrera que proporciona Stryd (tiempo de contacto, tiempo de vuelo, etc.) son precisas. Para ello, analizaron a 18 deportistas que corrieron en un tapiz a distintas velocidades (8-20 km/h) analizando las variables cinemáticas tanto con Stryd como con el gold standard (una plataforma de rayos infrarrojos). Los autores mostraron que la relación entre los datos obtenidos con Stryd y la plataforma de infrarrojos para el tiempo de contacto y el tiempo de vuelo fue en general bastante baja (coeficiente de correlación intra-clase < 0.50 y 0.80, respectivamente), existiendo además diferencias significativas entre ambos métodos. Por el contrario, sí resultó bastante preciso para la medición de la longitud y cadencia de zancada.

En resumen, aunque la medición de potencia en carrera podría aportar grandes beneficios al igual que lo hace en el ciclismo, todavía no disponemos de un medidor válido para tal fin. Los estudios disponibles hasta el momento muestran que el Stryd no es preciso como indicador del esfuerzo realizado al no presentar una relación consistente con el gasto metabólico ni ser capaz de discernir entre el esfuerzo que supone correr en distintas superficies. Además, es también poco preciso para la medición de algunas variables cinemáticas de la carrera (tiempo de contacto y de vuelo).


REFERENCIAS

  1. Aubry R, Power G, Burr J. An assessment of running power as a training metric for elite and recreational runners. J. strength Cond. Res. 2018;0.
  2. García-Pinillos F, Roche-Seruendo L, Marcen-Cinca N, Marco- Contreras L, Latorre-Román P. Absolute reliability and concurrent validity of the Stryd system for the assessment of running stride kinematics at different velocities. J. strength Cond. Res. 2018;00:1–7.

MEJORA TUS MARCAS Y PREVIENE LESIONES: ENTRENA LA FUERZA

Poco a poco el entrenamiento de fuerza se va consolidando dentro de las programaciones de entrenamiento de los deportistas de resistencia. Corredores, ciclistas y triatletas abandonan la idea de que lo único necesario para mejorar es “entrenar más y más rápido”, y adquieren conciencia de los beneficios que este tipo de entrenamiento les puede proporcionar a nivel de rendimiento y salud.

El entrenamiento de fuerza disminuye las posibilidades de lesión, uno de los grandes temores de los deportistas de resistencia. Como ejemplo, una revisión1 que incluía 26610 participantes mostró que el entrenamiento de fuerza disminuye hasta un 50% de las lesiones por sobreuso. Por el contrario, no observaron beneficios con los estiramientos o ejercicios de propiocepción.

Además, el entrenamiento de fuerza supone una mejora de rendimiento. En el caso del ciclismo, un estudio liderado por el Dr. Per Aagaard2 mostró en ciclistas jóvenes de alto nivel cómo tras 16 semanas de entrenamiento de fuerza (dos días a la semana) mejoraba no solo la fuerza sino también la economía de esfuerzo (gastar menos para una misma intensidad) y el rendimiento en un time-trial de 45 minutos (8% de mejora), variables que no mejoraron en aquellos ciclistas que no incluyeron entrenamiento de fuerza. De forma similar, otros autores han mostrado beneficios también en el segmento de carrera3. Así, corredores que realizaron 8 semanas de entrenamiento de fuerza (dos sesiones a la semana) mejoraron la fuerza, la potencia, la velocidad alcanzada durante una prueba en laboratorio y su marca en 10 km (2.5 %, lo que equivale a pasar de 37 minutos a 36 en 10 km), mientras que los que mantuvieron únicamente su entrenamiento de carrera no mejoraron o incluso empeoraron.

Existe controversia también respecto a cómo deben entrenar la fuerza los deportistas de resistencia, ya que a menudo imitan en sus entrenamientos a otras personas cuyo objetivo es aumentar la masa muscular. En estos deportistas una ganancia de peso corporal puede conllevar consecuencias negativas para el rendimiento. Por ello, el objetivo no será hipertrofiar sino aumentar la fuerza por la vía neural, es decir, mejorar la coordinación neuromuscular tratando de que esto suponga la mínima ganancia posible de masa muscular. Como muestran los estudios del Dr. González-Badillo, realizar los ejercicios a la máxima velocidad posible y tratando de perder la mínima velocidad durante cada serie aportará los mayores beneficios, supondrá una menor fatiga para posteriores sesiones y conllevará una menor ganancia de volumen muscular. Como ejemplo, estos autores observaron4 que perder un 40% de velocidad durante cada serie de fuerza suponía un mayor aumento del volumen del cuádriceps que cuando se perdía un 20%, aportando además menos beneficios en acciones dinámicas.

Por lo tanto, el entrenamiento de fuerza debe ser un pilar fundamental sobre el que se sustente el entrenamiento general de resistencia de cualquier deportista. La evidencia en cuanto a sus beneficios a nivel de salud y rendimiento es demoledora, por lo que por lo general no debemos temer eliminar alguna sesión específica de natación, carrera o bici para incluir una buena sesión de fuerza.


Referencias

  1. Lauersen JB, Bertelsen DM, Andersen LB. The effectiveness of exercise interventions to prevent sports injuries: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Br J Sports Med. 2014;48(11):871-877. doi:10.1136/bjsports-2013-092538.
  2. Aagaard P, Andersen JL, Bennekou M, et al. Effects of resistance training on endurance capacity and muscle fiber composition in young top-level cyclists. Scand J Med Sci Sport. 2011;21:298-307. doi:10.1111/j.1600-0838.2010.01283.x.
  3. Damasceno M V, Lima‑Silva AE, Pasqua LA, et al. Effects of resistance training on neuromuscular characteristics and pacing during 10‑km running time trial. Eur J Appl Physiol. 2015;115(7):1513-1522.
  4. Pareja-Blanco F, Rodríguez-Rosell D, Sánchez-Medina L, et al. Effects of velocity loss during resistance training on athletic performance, strength gains and muscle adaptations. Scand J Med Sci Sport. 2016;(1998):1-12. doi:10.1111/sms.12678.

MEJORA TU ENTRENAMIENTO DE FUERZA: CONTROLA LA VELOCIDAD DE EJECUCIÓN

Diversas variables del entrenamiento de fuerza como la carga, la duración de los descansos o el número de repeticiones pueden ser modificadas para obtener distintos resultados. Una de las variables que más atención ha recibido en los últimos años es la velocidad de ejecución. Así, se ha propuesto que para obtener mejoras transferibles al rendimiento deportivo, la velocidad de ejecución debe ser siempre la máxima posible. La velocidad con la que se desplaza una misma carga está afectada por la fatiga muscular y varía según el nivel de forma física, por lo que puede ser utilizado como control del rendimiento y la fatiga.

Teniendo en cuenta la importancia de la velocidad de ejecución, el grupo del Dr. González-Badillo (1) quiso evaluar el efecto de la pérdida de velocidad a lo largo de cada serie en las adaptaciones producidas. Estos investigadores compararon dos grupos que entrenaron 2 veces a la semana durante 8 semanas. En cada sesión ambos grupos realizaban 3 series de squat con 4 minutos de descanso y a la misma intensidad (70-85% RM). Sin embargo, un grupo realizaba repeticiones en cada serie hasta que perdía un 40% de la velocidad conseguida en la primera repetición (más cerca del fallo muscular), mientras que el segundo realizaba repeticiones hasta perder tan solo un 20%.

Fissac_ rendimiento entrenamiento velocidad Push Band

Fig 1. Distintos dispositivos que miden la velocidad de ejecución como la “Push Band” o incluso aplicaciones móviles están disponibles en el mercado.

Los resultados muestran como el grupo que perdía menos velocidad en cada serie y que por lo tanto realizaba un menor número de repeticiones mejoró la capacidad de salto (9.5%) más que el otro grupo (3.5%, cambio no significativo). Además, ambos grupos mejoraron sus valores de fuerza de forma similar. En cuanto a las variables histológicas, los autores vieron que ambos grupos aumentaron el área de las fibras musculares de igual forma, aunque la prevalencia de las fibras más rápidas (tipo IIX) disminuyó en el grupo que perdía más velocidad en cada serie. Además, aunque en ambos grupos se produjo hipertrofia, el grupo que perdía más velocidad obtuvo mayores valores de hipertrofia en el cuádriceps (7.7 vs 4.6 % de hipertrofia para el grupo que perdía un 40 y un 20% de velocidad, respectivamente) y en la suma de vasto lateral y vasto interno (9.0 vs 3,4 %).

Por lo tanto, este estudio mostró cómo realizar las repeticiones de fuerza a máxima velocidad y cesar el ejercicio en cada serie cuando dicha velocidad disminuye (en este caso < 20% de pérdida) aporta mayores beneficios a nivel deportivo (reflejado en la mejora en el salto) que realizar un mayor número de repeticiones, pero a menor velocidad. Además, este tipo de entrenamiento supone un menor estrés mecánico (menor número de repeticiones) y metabólico (menor acumulación de metabolitos por fatiga). Por último, este entrenamiento reduce la hipertrofia muscular producida con el entrenamiento de fuerza, algo de especial importancia en aquellos deportes en los que el peso juega un papel fundamental como el ciclismo, el atletismo o los deportes de combate.

El entrenamiento de fuerza al fallo muscular o cerca del mismo y realizar las repeticiones a velocidades lentas pueden ser estrategias eficaces si el objetivo es la hipertrofia muscular. Sin embargo, si se quiere evitar una elevada fatiga para poder rendir en entrenamientos posteriores, maximizar las ganancias en acciones dinámicas transferibles al ámbito deportivo (salto, etc.) y evitar una excesiva ganancia de masa muscular, es recomendable reducir la pérdida de velocidad en cada serie.


REFERENCIA

  1. Pareja-Blanco, F, Rodríguez-Rosell, D, Sánchez-Medina, L, Sanchis-Moysi, J, Dorado, C, Mora-Custodio, R, et al. Effects of velocity loss during resistance training on athletic performance, strength gains and muscle adaptations. Scand J Med Sci Sport 1–12, 2016.

LAS SERIES CORTAS PRODUCEN MAYORES BENEFICIOS QUE LAS SERIES LARGAS EN CICLISTAS

En deportes de resistencia como el ciclismo, el VO2max y el perfil de potencia son valores trascendentales para el rendimiento en competición. El objetivo del entrenamiento debe ser incrementar estos datos con el fin de mejorar las prestaciones del deportista. Si bien es verdad que el entrenamiento de alta intensidad (HIT) se ha erigido en una herramienta fundamental en la preparación de los deportes de resistencia, ¿qué tipo de series son las que producen mayores adaptaciones al entrenamiento?

El grupo de investigación liderado por el doctor Rønnestad llevó a cabo un estudio [1] en el que buscaban comparar el efecto de 10 semanas combinando entrenamiento de baja intensidad con Intervalos Cortos (SI; n = 9) o con Intervalos Largos (LI; n = 7) en ciclistas. Las sesiones de HIIT se realizaron 2 días a la semana.

El grupo SI llevó a cabo 3 series de 13 repeticiones de 30’’ con 15’’ de recuperación entre cada una de ellas, descansando 3′ entre cada serie. Esquema: 3x(13×30”/15”)/3´

El grupo LI realizó 4 series de 5 minutos con descansos de 2 minutos y medio. Esquema: 4×5’/2’30’’.

Por lo tanto, en cada sesión, el grupo SI hacía 19’5 minutos de ejercicio con 9 minutos de descanso, mientras que el grupo LI hacía 20 minutos de trabajo con 7,5 minutos de descanso.

Antes de llevar a cabo el programa de entrenamiento no se encontraron diferencias entre grupos. Al finalizar las 10 semanas, el grupo SI consiguió un mayor incremento del VO2max que el grupo LI (8.7%±5.0% vs 2.6%±5.2%).

El tamaño del efecto (ES, el cual refleja la fuerza entre el cambio experimentado tras la intervención en relación al tipo de entrenamiento en este caso) reveló mayores beneficios del entrenamiento SI frente al LI (el rango ES 0.86– 1.54) sobre la producción de potencia en los test de 30 segundos all-out, 5 minutos all-out y 40 minutos all-out.

Estos resultados sugieren que el protocolo de HIT de intervalos cortos induce mayores adaptaciones al entrenamiento que el HIT de intervalos largos sobre el perfil de potencia (tanto baja como alta), así como sobre el incremento del VO2max.


REFERENCIA

[1]     B. R. Rønnestad, J. Hansen, G. Vegge, E. Tønnessen, and G. Slettaløkken, “Short intervals induce superior training adaptations compared with long intervals in cyclists – An effort-matched approach,” Scand. J. Med. Sci. Sports, vol. 25, no. 2, pp. 143–151, Apr. 2015.

¿CÓMO ENTRENAR LA FUERZA PARA MEJORAR EL RENDIMIENTO DEPORTIVO?

El rendimiento en la mayoría de deportes está condicionado por la capacidad de realizar un movimiento (golpeo, salto, lanzamiento, zancada, etc.) con la mayor fuerza en el menor tiempo posible, lo cual se conoce como potencia. Son numerosos los factores que influyen en la producción de potencia, desde factores a nivel muscular como la composición muscular (a mayor porcentaje de fibras rápidas, mayor potencia), la cantidad de proteína contráctil o la rigidez de la unión miotendinosa, a factores a nivel neural como la velocidad de conducción nerviosa o la capacidad para reclutar las fibras rápidas. Todos estos mecanismos contribuyen por lo tanto al rendimiento deportivo y, aunque en gran medida están determinados genéticamente, son mejorables mediante el entrenamiento. En esta entrada trataremos de resumir la clásica revisión realizada por Kawamori & Haff (2004).

fissac _ rendimiento salto potencia

Fig. 1. El rendimiento en muchas acciones deportivas (salto, carrera, golpeo, lanzamiento…) está condicionado por la capacidad de producir altos valores de potencia, generando una gran fuerza en breves espacios de tiempo.

Entrenamiento de la potencia muscular

Los dos tipos de entrenamiento más comúnmente utilizados para mejorar la potencia muscular son el entrenamiento con altas cargas (>80% RM), que son necesariamente realizados a bajas velocidades, y el entrenamiento explosivo, el cual es realizado con cargas medias (<60-80% RM) pero a altas velocidades.

El entrenamiento con cargas altas está basado en la hipótesis tradicional que postula que son necesarias cargas altas para estimular las fibras tipo II. Este entrenamiento ha mostrado ser beneficioso para la mejora de la fuerza máxima e incluso para la mejora de la velocidad con cargas bajas, posiblemente debido a ese incremento de la fuerza máxima (por lo que al mover cargas bajas estaríamos ejerciendo una menor fuerza relativa) y a una mayor estimulación de las fibras tipo II.

fissac _ rendimiento potencia salto velocidad

Fig. 2. Ejercicios como los balísticos o los pliométricos, aunque sean realizados con menores cargas, proporcionan mayores beneficios en la potencia muscular que los ejercicios tradicionales en los que la carga debe ser desacelerada al final del movimiento.

Sin embargo, se ha visto que para estimular las fibras tipo II no siempre es necesario utilizar cargas altas, sino que cargas menores pero movidas a gran velocidad son también capaces de estimular estas fibras. El entrenamiento explosivo está basado en utilizar aquellas cargas que permiten producir una mayor potencia (equilibrio entre fuerza y velocidad), siendo por tanto más específico para la mayoría de movimientos deportivos.

Además, se ha visto que existe una especificidad en las adaptaciones al entrenamiento de fuerza, mejorando la potencia con cargas altas o bajas según las cargas con las que se entrene. Por lo tanto, aunque el entrenamiento de fuerza con cargas altas pueda mejorar la potencia en aquellas acciones en las que se requiera mucha fuerza (melé en rugby), el entrenamiento con cargas medias basado en la potencia ha mostrado ser más eficaz para la mejora del rendimiento en acciones explosivas como las predominantes en la mayoría de deportes (carrera, salto, etc.).

Aunque la carga óptima que permite generar una mayor potencia muscular es individual y depende de numerosos factores, algunos autores han concluido que para ejercicios mono-articulares, miembros superiores y/o sujetos no entrenados esta carga suele estar entre el 30-45% 1RM, mientras que para ejercicios multi-articulares, miembros inferiores y/o sujetos entrenados se puede generar la mayor potencia con cargas de hasta el 70% RM.

Por lo tanto, a la hora de planificar nuestro entrenamiento de fuerza será primordial primero conocer las características de nuestro deporte y analizar si es necesario mover cargas altas o bajas y a qué velocidades. Además, se deberá evaluar el perfil de fuerza del deportista para determinar en qué variable de la curva fuerza-velocidad queremos incidir (mejorar la fuerza máxima, mejorar la velocidad con cargas bajas, mejorar la potencia, etc.). Por último, deberemos elegir qué ejercicios conviene realizar para conseguir nuestros objetivos.

APLICACIÓN PRÁCTICA

Así, debemos tener en cuenta que en la mayoría de acciones deportivas los movimientos realizados son multi-articulares y no mono-articulares, por lo que si el objetivo es mejorar nuestra potencia quizá el curl de bíceps no sea la mejor opción, tanto porque permiten generar una menor potencia como porque suponen un menor trabajo a nivel de coordinación neuromuscular.

En concreto, se ha visto que los ejercicios balísticos son muy útiles para mejorar la potencia, ya que por ejemplo la potencia generada y la actividad muscular en un press de banca es mayor al realizar el ejercicio de forma “explosiva” lanzando la barra (en multipower o similar) que al realizar el ejercicio de forma tradicional, ya que en este último debemos desacelerar la barra al final del movimiento para evitar daño en las articulaciones, haciendo así el ejercicio menos trasladable a las acciones deportivas.

Además, otros movimientos que permiten generar una gran potencia con altas cargas son los movimientos olímpicos, pues son acciones multiarticulares explosivas que involucran numerosos grupos musculares y requieren tanto altos niveles de fuerza como de velocidad, permitiendo el uso de altas cargas.

Por último, recordar que los estímulos de entrenamiento deben ser variados e individualizados, por lo que es recomendable variar tanto los ejercicios, como la carga y la velocidad de movimiento según las necesidades de nuestro deporte y nuestro deportista en cada momento de la temporada.

En esta entrada no hemos querido centrarnos en la importancia que tiene la velocidad de ejecución -o más bien de la pérdida de la misma- de los ejercicios de fuerza en las adaptaciones al entrenamiento ya que lo trataremos en una entrada posterior.


REFERENCIAS

Kawamori, N., & Haff, G. (2004). The optimal load for the development of muscular power. Journal of Strength and Conditioning Research, 18(3), 675–684. doi:10.1519/1533-4287(2004)18<675

ENTRENAMIENTO CONCURRENTE: ¿AERÓBICO Y FUERZA, O MEJOR POR SEPARADO?

Se denomina entrenamiento concurrente a la realización en una misma sesión de ejercicios de fuerza y resistencia aeróbica. Este tipo de entrenamientos es común tanto en el mundo del “fitness” -ya que las personas que acuden a los gimnasios normalmente realizan ejercicios de “cardio” además de los de fuerza- como en el campo del rendimiento deportivo.

Sin embargo, debemos analizar si los beneficios obtenidos realizando ambos tipos de ejercicios en una misma sesión son mayores a los obtenidos al realizarlos en sesiones distintas, pues puede darse una posible interferencia entre ambos que limite los resultados que buscamos. Además, es interesante evaluar las diferentes consecuencias de realizar primero el entrenamiento de fuerza y después el de resistencia o viceversa.

Con esta intención, Chtara y colaboradores (1) realizaron un estudio en el cual analizaban 5 grupos experimentales: Un grupo control, uno que realizaba ejercicio de fuerza, uno de resistencia aeróbica, uno de entrenamiento concurrente de fuerza y resistencia y otro de entrenamiento concurrente que realizaba primero resistencia y después fuerza. Tras 12 semanas de entrenamiento realizando 2 sesiones por semana, se evaluó la fuerza máxima (1RM), la fuerza-resistencia (half squat y extensión de cadera) y la potencia (test de 5 saltos en contramovimiento).

Los resultados muestran que, pese a que todos los grupos que incluyeron entrenamiento de fuerza mejoraron las variables analizadas en comparación con el grupo control o el grupo de resistencia aeróbica, el entrenamiento concurrente, independientemente de si realizaban primero los ejercicios de fuerza o los de resistencia, supone menores beneficios que el entrenamiento aislado de fuerza.

Por lo tanto, y posiblemente debido a la interferencia en las vías de señalización activadas por el entrenamiento de fuerza o de resistencia, se obtienen mayores beneficios al focalizar la sesión de entrenamiento a una única cualidad física. Por ello, como muestra este estudio, si nuestro objetivo principal es mejorar la fuerza (en cualquiera de sus variables) recomendamos no realizar en una misma sesión ejercicios de resistencia aeróbica y fuerza, sino realizarlos en distintas sesiones separadas por, al menos, 8 horas.


REFERENCIAS

  1. Chtara M, Chaouachi A, Levin GT, Chaouachi M, Chamari K, Amri M, et al. Effect of concurrent endurance and circuit resistance training sequence on muscular strength and power development. J Strength Cond Res. 2008;22(4):1037–45.

ENTRENAMIENTO CON LOS NIVELES DE GLUCÓGENO BAJOS: EVITA EL “MURO”

Uno los factores limitantes del rendimiento en los deportes de larga duración es la capacidad de utilización de las grasas como fuente energética debido al carácter ilimitado de este sustrato en el organismo, evitando por tanto el temido “muro” o “pájara”. Hay una gran controversia en torno a estrategias que buscan favorecer este cambio metabólico, como por ejemplo el entrenamiento en ayunas o seguir dietas altas en grasa y bajas en carbohidratos.

En el estudio de Hulston y cols (1) se analizaron los diferentes efectos en el rendimiento y el metabolismo realizando entrenamiento HIIT con los depósitos de glucógeno llenos (HIGH) o con los depósitos de glucógeno sin reponer (LOW). Para ello, dividieron a 14 ciclistas entrenados en dos planes de entrenamiento durante tres semanas. El grupo HIGH alternaba un día de entrenamiento de resistencia (90 min al 70% VO2max) con un día de HIIT (8 x 5 minutos de máximo esfuerzo con un minuto de recuperación), dejando por lo tanto 24 horas de recuperación en las cuales se recuperaban los depósitos de glucógeno. Por otro lado, el grupo LOW realizaba el entrenamiento de HIIT una hora después del entrenamiento de resistencia, no dejando por tanto tiempo suficiente para la reposición de este sustrato.

Tras las tres semanas de entrenamiento, ambos grupos mejoraron de similar forma la potencia media ejercida en una contrarreloj de 60 minutos. Sin embargo, es importante remarcar que estos beneficios fueron iguales pese a que los sujetos del grupo LOW fueron capaces de ejercer menos potencia durante las sesiones de entrenamiento. Otro punto a resaltar de este estudio fue el aumento del uso de las grasas como sustrato energético en detrimento de la glucosa en el grupo LOW en comparación con el HIGH.

fissac _ niveles glucógeno fissac _ glucógeno resistencia

Figura 1. Ambos grupos (HIGH y LOW) mejoraron de igual forma el rendimiento en una contrarreloj (A) pese a que el grupo LOW tenía peor rendimiento en las sesiones de entrenamiento (B)

Por lo tanto, los resultados obtenidos invitan a apoyar el uso de estrategias que supongan entrenar con los depósitos de glucógeno bajos para mejorar la capacidad de utilización de grasas como sustrato energético en deportes de larga duración. Sin embargo, la disminución del metabolismo de carbohidratos con estas estrategias hace que puedan no ser adecuadas para deportes que requieran esfuerzos de alta intensidad. Además, pese a que pueda ser una opción muy válida llevar a cabo este tipo de práctica durante algunos momentos de la temporada (especialmente cuando se quiere aumentar la resistencia aeróbica de base), al acercarnos a periodos competitivos sería conveniente realizar una correcta carga de glucógeno.


REFERENCIAS

  1. Hulston CJ, Venables MC, Mann CH, Martin C, Philp A, Baar K, et al. Training with low muscle glycogen enhances fat metabolism in well-trained cyclists. Med Sci Sports Exerc. 2010;42(11):2046–55.