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¿TIENEN LOS DEPORTISTAS DE ALTO RENDIMIENTO UN MAYOR RIESGO CARDIOVASCULAR?

El deporte de alto rendimiento recibe una gran atención mediática, y por desgracia, los casos de muerte súbita en deportistas de élite aparecen en los medios de comunicación con relativa frecuencia. A menudo estos casos hacen que crezca la preocupación de que niveles muy altos de ejercicio físico son perjudiciales para la salud. Sin embargo, la excesiva atención mediática que reciben casos puntuales de eventos cardíacos en deportistas no debería llevar a la población a pensar que son esos niveles de ejercicio la causa de estas enfermedades cardiovasculares, especialmente teniendo en cuenta que actualmente el sedentarismo y las enfermedades asociadas son uno de los principales problemas de salud pública.

Los beneficios de realizar actividad física moderada han sido ampliamente evidenciados, pero existe más controversia en torno a los efectos de grandes dosis de ejercicio. En relación a las posibles adaptaciones negativas inducidas por grandes dosis de ejercicio, el grupo de investigación dirigido por Alejandro Lucía encontró que un grupo de atletas de élite retirados (con una edad de 40 a 70 años) presentaba un mayor tamaño de los ventrículos y de la cavidad de la aurícula izquierda en comparación con la población no deportista. Sin embargo, estas adaptaciones eran benignas, sin diferencias en distintos biomarcadores cardíacos (1). De forma similar, otro grupo de investigación encontró adaptaciones cardíacas no patológicas al ejercicio en deportistas máster con una experiencia en el entrenamiento de resistencia de 30 años de media, de nuevo sin cambios en biomarcadores cardíacos (2). Así, estos resultados confirman que, aunque el ejercicio de alto nivel puede provocar cambios a nivel cardiovascular, estas adaptaciones tienden a ser benignas.

De hecho, una gran evidencia apoya que los deportistas de alto rendimiento presentan un menor riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad. Por ejemplo, un meta-análisis que incluyó más de 40 mil deportistas mostró que éstos tenían un 27% menos riesgo de mortalidad asociada a enfermedades cardiovasculares que la población general (3). Además, un estudio epidemiológico que analizó más de 15 mil medallistas olímpicos encontró que estos deportistas vivían una media de 2,8 años más que la población general, independientemente del país de origen o del deporte practicado (4). Por otro lado, es importante mencionar que se ha observado una mayor incidencia de muerte súbita en deportistas jóvenes que en la población no deportista (5). Sin embargo, a menudo el ejercicio no es la causa de esta mayor mortalidad, sino que puede ser el desencadenante en aquellas personas que ya sufren una patología cardiovascular no diagnosticada.

Por lo tanto, grandes dosis de ejercicio como las que realizan los deportistas de élite no conllevan necesariamente un mayor riesgo cardiovascular en la juventud ni en los años posteriores, siendo el riesgo cardiovascular y de mortalidad de esta población igual o incluso menor que el de la población general. Los trágicos casos de eventos cardíacos en deportistas deben reforzar la importancia de un adecuado control médico en el ámbito del deporte, ya que el ejercicio puede ser un estímulo si se padece una enfermedad cardiovascular de base no diagnosticada. Sin embargo, no deben crear debate en torno a la necesidad de realizar ejercicio físico desde la más temprana edad.


REFERENCIAS

  • Sanchis-Gomar, F., López-Ramón, M., Alis, R., Garatachea, N., Pareja-Galeano, H., Santos-Lozano, A., . . . Lucia, A. (2016). No evidence of adverse cardiac remodeling in former elite endurance athletes. Int J Cardiol, 222, 171-177. doi:10.1016/j.ijcard.2016.07.197
  • Bohm, P., Schneider, G., Linneweber, L., Rentzsch, A., Krämer, N., Abdul-Khaliq, H., . . . Scharhag, J. (2016). Right and Left Ventricular Function and Mass in Male Elite Master Athletes: A Controlled Contrast-Enhanced Cardiovascular Magnetic Resonance Study. Circulation, 133(20), 1927-1935. doi:10.1161/CIRCULATIONAHA.115.020975
  • Garatachea, N., Santos-Lozano, A., Sanchis-Gomar, F., Fiuza-Luces, C., Pareja-Galeano, H., Emanuele, E., & Lucia, A. (2014). Elite athletes live longer than the general population: a meta-analysis. Mayo Clin Proc, 89(9), 1195-1200. doi:10.1016/j.mayocp.2014.06.004
  • Clarke, P. M., Walter, S. J., Hayen, A., Mallon, W. J., Heijmans, J., & Studdert, D. M. (2012). Survival of the fittest: retrospective cohort study of the longevity of Olympic medallists in the modern era. BMJ, 345, e8308.
  • Corrado, D., Basso, C., Rizzoli, G., Schiavon, M., & Thiene, G. (2003). Does sports activity enhance the risk of sudden death in adolescents and young adults? J Am Coll Cardiol, 42(11), 1959-1963.

¿TENEMOS QUE REDUCIR NUESTRO CONSUMO DE GRASAS?

La dieta es, junto con otros factores como el ejercicio o el tabaquismo, uno de los componentes del estilo de vida que juega un mayor papel en el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y en definitiva en el riesgo de mortalidad. Actualmente las principales guías de salud recomiendan reducir la ingesta de grasas a menos de un 30% de la ingesta calórica total así como reducir las grasas saturadas a un 10%, dando prioridad a la ingesta de carbohidratos. Sin embargo, cada vez más evidencia pone en entredicho la necesidad de limitar el consumo de grasas, estando ahora los carbohidratos en el punto de mira.

Un estudio (denominado PURE study) muy reciente publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet (Dehghan et al., 2017) realizó un seguimiento durante algo más de 7 años de la ingesta nutricional de 135335 sujetos de diferentes países y status socioeconómico, así como de la prevalencia de mortalidad y eventos cardiovasculares en esta población. Tras el periodo de seguimiento se observó que aquellas personas que consumían más carbohidratos tenían un mayor riesgo de mortalidad en comparación con las que menos carbohidratos consumían. Por el contrario, aquellos que consumían más grasa, independientemente del tipo, presentaban un menor riesgo de mortalidad. Interesantemente, incluso aquellos que consumían una mayor cantidad de grasas saturadas, tradicionalmente desterradas en las guías de salud, presentaban un menor riesgo de mortalidad y de sufrir enfermedades cardiovasculares como ictus.

Los carbohidratos se han instaurado, posiblemente con gran ayuda por parte de las grandes industrias, como pilar fundamental de nuestra dieta. En contra de las recomendaciones mundiales de salud que incitan a aumentar el consumo de carbohidratos denostando las grasas, este estudio no encontró asociación entre el consumo de grasas y un mayor riesgo cardiovascular o de muerte. De hecho, un mayor consumo de grasas junto con un menor consumo de carbohidratos se asoció a menor riesgo de mortalidad. Es importante remarcar que estos resultados no deben alentar al consumo indiscriminado de productos con un alto contenido en grasas sin prestar atención al resto de nutrientes, ya que a menudo los productos procesados contienen grasas pero también otros componentes nocivos para la salud. No obstante, sí deben servir para evitar la tendencia a centrar los esfuerzos en eliminar las grasas de nuestra dieta consumiendo productos procesados, ya que el consumo de grasa per se no parece ser perjudicial para la salud.


REFERENCIAS

Dehghan, M., Mente, A., Zhang, X., Swaminathan, S., Li, W., Mohan, V., … Mapanga, R. (2017). Associations of fats and carbohydrate intake with cardiovascular disease and mortality in 18 countries from five continents (PURE): a prospective cohort study. The Lancet, 390(10107), 2050–2062. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(17)32252-3