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LAS BEBIDAS AZUCARADAS SE ASOCIAN CON RIESGO DE CÁNCER

El consumo de bebidas azucaradas se ha disparado en los últimos años, habiéndose instaurado como algo habitual durante las comidas o incluso entre horas. Este hecho ha traído consigo una serie de consecuencias, ya que el consumo regular de este tipo de bebidas se asocia con un mayor riesgo de sobrepeso u obesidad, una mayor incidencia de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares y, en general, con un deterioro de la salud cardiometabólica. Por el contrario, la asociación entre las bebidas azucaradas y el riesgo de cáncer no había sido tan estudiada hasta ahora.

Por ello, un reciente estudio (1) publicado en la prestigiosa revista BMJ ha investigado el vínculo entre el consumo de bebidas azucaradas y el riesgo de cáncer en una cohorte francesa con más de 100.000 participantes seguidos durante una media de 5 años. Los impactantes resultados nos muestran que el consumo de tan solo 100 ml al día de este tipo de bebidas (siendo una lata 330 ml), incluyendo zumos de fruta 100%, se asoció con un aumento del 18% en el riesgo de cáncer en general y del 22% en el caso del cáncer de mama, mientras que no se halló relación con el cáncer colorrectal o de próstata.

No obstante, tratándose de un estudio observacional no puede establecerse una causalidad. Por ello, los investigadores sugieren que las bebidas azucaradas podrían representar un factor de riesgo modificable para la prevención del cáncer, sino per se, sí al menos indirectamente, ya que su consumo se asocia de manera poderosa con el riesgo de obesidad que, a su vez, es un factor de riesgo importante para muchos tipos de cáncer.

Por lo tanto, a los sobradamente conocidos riesgos para la salud de las bebidas azucaradas, hemos de sumar el de un aumento en el riesgo de cáncer. No en vano, desde ciertos sectores se sugiere aplicar medidas contra este tipo de productos, como puede ser la aplicación de un impuesto especial. En conclusión, debemos ser conscientes de las consecuencias que puede tener el consumo de estos productos en nuestra dieta y siempre, siempre, decantarnos por el agua.


REFERENCIAS

  1. Chazelas E, Srour B, Desmetz E, Kesse-Guyot E, Julia C, Deschamps V, Druesne-Pecollo N, Galan P, Hercberg S, Latino-Martel P, Deschasaux M, Touvier M. Sugary drink consumption and risk of cancer: results from NutriNet-Santé prospective cohort. BMJ. 2019 Jul 10;366:l2408.

RIESGO DE CÁNCER DE MAMA EN PROFESORAS DE EDUCACIÓN FÍSICA VS PROFESORAS DE LENGUA

En una anterior publicación, vimos como los conductores de los autobuses de Londres tenían mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares que los que iban cobrando los tickets dentro de los autobuses, asociándose este menor riesgo a desarrollar enfermedad cardiovascular con el hecho de que los segundos debían andar subiendo y bajando las escaleras de los típicos autobuses londinenses de dos plantas, realizando por tanto mayor actividad física.

Otros estudios han tratado de seguir verificando la hipótesis de que el mayor nivel de actividad física inherente a ciertas profesiones se asocia a un menor riesgo de enfermedad. Así, investigadores finlandeses compararon el riesgo de cáncer de mama entre profesoras de educación física y profesoras de lengua de similar clase social y estilo de vida, pero claramente discordantes en el nivel de actividad física tanto durante sus estudios universitarios como durante los años en los que desempeñaban su profesión (1).

La comparación de los dos grupos de profesoras mostró que las de educación física tuvieron un riesgo de cáncer de mama menor en comparación con las de lengua. Así, durante los 33 años de seguimiento (1967-2000), 61 de las 32.862 profesoras de educación física y 404 de las 177.188 profesoras de lengua desarrollaron la patología. Además, en una sub-cohorte de 185 profesoras de lengua y 202 de educación física, el 30% de éstas últimas realizaron más de 1h de actividad física 2-3 veces por semana, mientras que solo el 10% de las de lengua alcanzaron tal volumen de actividad física semanal.

En definitiva, la realización de actividad física a lo largo de la vida ejercería efecto protector frente a las principales enfermedades occidentales, siendo necesarias, por tanto, nuevas estrategias de promoción de la actividad física frente a los hábitos de vida sedentarios que predominan principalmente entre los más jóvenes.


REFERENCIAS

1. Rintala, P., Pukkala, E., Läärä, E., & Vihko, V. (2003). Physical activity and breast cancer risk among female physical education and language teachers: A 34‐year follow‐up. International Journal of Cancer, 107(2), 268-270.