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LA SARCOPENIA DUPLICA EL GASTO SANITARIO

Un estudio publicado recientemente muestra como la sarcopenia y la pérdida de fuerza en personas mayores duplica el gasto sanitario y social en Gran Bretaña, aumentándolo en alrededor de 2.500 millones de £.

La implementación de medidas que eviten la prevalenvia de sarcopenia y debilidad muscular en las personas mayores tendrá un importante impacto económico. De nuevo, el ejercicio físico se erige como una herramienta fundamental para la mejora de la salud de la personas (y de las arcas públicas).

INACTIVIDAD FÍSICA Y REPOSO EN CAMA, PÉRDIDA DE MASA MUSCULAR

La pérdida de masa muscular es sinónimo de pérdida de fuerza, aumento del riesgo de lesiones y caídas y un importante predicador de mortalidad.
Los periodos de inactividad física tienen consecuencias muy negativas tanto en personas jóvenes, adultas y ancianas. Durante este periodo se produce una reducción de la síntesis proteica y una pérdida drástica de masa muscular, disminuyendo por ello la capacidad funcional.
En estas circunstancias, propias de personas mayores hospitalizadas y personas que han sufrido lesiones graves, es necesario combatir esta pérdida de masa muscular con un aumento de la ingesta proteica así como incorporar ejercicio físico, siempre que el paciente pueda.

LA SARCOPENIA Y LA OBESIDAD AUMENTAN LA MORTALIDAD EN MUJERES CON CÁNCER DE MAMA

Un estudio que incluyó a más de . mujeres con cáncer de mamá observó que tanto unos bajos niveles de masa muscular como un alto porcentaje de grasa aumentan en un 40% el riesgo de mortalidad. Se confirma una vez más el papel fundamental del ejercicio físico en esta población.

ADIPOSIDAD SUBCUTÁNEA Y BAJA MASA MUSCULAR EN PACIENTES CON CÁNCER

La pérdida de grasa ha empezado a asociarse recientemente con un peor pronóstico en pacientes con cáncer en estado avanzado, independientemente del peso corporal (1). Además, mientras que algunos estudios han mostrado que la obesidad se relaciona con una menor tasa de supervivencia en pacientes con cáncer, otros han concluido que, en comparación con un IMC bajo o saludable, la obesidad se asocia con una menor mortalidad post-diagnóstico. Sin embargo, el IMC no proporciona una adecuada valoración de la composición corporal, ya que no diferencia entre grasa y masa libre de grasa o los diferentes depósitos adiposos.

Considerando las limitaciones del IMC como indicador de adiposidad, son necesarias herramientas de evaluación que permitan un análisis más preciso de las diferentes localizaciones de la grasa. En este caso, la tomografía computarizada (TAC) es considerada el “gold standard” en la evaluación de la composición corporal.

Un reciente estudio (2) ha analizado el papel del tejido adiposo, visceral y subcutáneo, como factor pronóstico para estimar la mortalidad en una cohorte de 1762 pacientes con cáncer, con el 60% en estadio avanzado. A todos los participantes se les realizó un TAC para la evaluación de la composición corporal, incluyendo el índice de músculo esquelético y marcadores de adiposidad como el índice de adiposidad total, visceral y subcutáneo.

Como principal resultado se halló que los pacientes con un alto índice de adiposidad total sobrevivieron una media de 19,8 meses frente a los 14 meses del grupo que tuvo bajo dicho índice. De igual forma, se observó una mayor supervivencia media en pacientes con alto índice de adiposidad subcutáneo (19,3 meses) en comparación con los que tuvieron bajo este índice (13,1 meses) (Fig. 1).

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Figura 1. Curva de supervivencia Kaplan-meier en pacientes con un alto índice de adiposidad subcutánea frente a los que tuvieron bajo dicho índice.

Asimismo, los pacientes con un alto índice de adiposidad subcutáneo y alto el visceral tuvieron la tasa de supervivencia más alta (20,4 meses), mientras que poseer un alto índice de adiposidad visceral y bajo el subcutáneo se asoció con un aumento del riesgo de mortalidad. Por tanto, la disminución en la supervivencia en pacientes con un alto nivel de adiposidad visceral concurrente con una baja adiposidad subcutánea, reafirma la importancia de ésta última.

Por otra parte, el índice músculo-esquelético fue mayor en aquellos con mayor tejido adiposo subcutáneo. Además, los pacientes con baja masa muscular tuvieron menor supervivencia media para cada uno de los 4 fenotipos de adiposidad (alto índice de adiposidad visceral y alto el subcutáneo; bajo índice de adiposidad visceral y bajo el subcutáneo; alto índice de adiposidad visceral y bajo el subcutáneo; bajo índice de adiposidad visceral y alto el subcutáneo), siendo el efecto de la sarcopenia más acentuado en pacientes con bajo índice de adiposidad subcutáneo.

En conclusión, una baja adiposidad -total y subcutánea- es un predictor independiente de mortalidad al asociarse con una disminución en la tasa de supervivencia en pacientes con cáncer, ejerciendo además el tejido subcutáneo un rol protector frente a la sarcopenia. Por lo tanto, como especialistas en ejercicio físico, debemos promover intervenciones que favorezcan el incremento de la masa muscular. Teniendo en cuenta que uno de los principales efectos del ejercicio físico es la pérdida de masa grasa, hemos de buscar estrategias que nos permitan aumentar la masa muscular sin perder grasa corporal, especialmente subcutánea. En este punto, será clave el trabajo conjunto con nutricionistas.

REFERENCIAS

  1. Murphy, R. A., Wilke, M. S., Perrine, M., Pawlowicz, M., Mourtzakis, M., Lieffers, J. R., … & Mazurak, V. C. (2010). Loss of adipose tissue and plasma phospholipids: relationship to survival in advanced cancer patients. Clinical Nutrition, 29(4), 482-487.
  2. Ebadi, M., Martin, L., Ghosh, S., Field, C. J., Lehner, R., Baracos, V. E., & Mazurak, V. C. (2017). Subcutaneous adiposity is an independent predictor of mortality in cancer patients. British Journal of Cancer. Jun 6. [Epub ahead of print]

¿CUÁL ES EL TRATAMIENTO MÁS EFECTIVO FRENTE A LA SARCOPENIA?

El 3% de pérdida de fuerza muscular que se produce anualmente como consecuencia del envejecimiento (1) se asocia con un incremento en la incidencia de caídas y consecuentemente en el riesgo de fracturas, de hospitalización y de mortalidad.

Uno de los factores que contribuye a la sarcopenia es la desregulación hormonal, en la cual se producen alteraciones en los niveles de testosterona, de la hormona de crecimiento (GH) y del factor de crecimiento similar a la insulina tipo-1 (IGF-1) (2). Este aspecto es de especial relevancia clínica pues descensos en estas hormonas se asocian con pérdidas tanto de fuerza y masa muscular como de densidad mineral ósea. Por tanto, la desregulación hormonal asociada a la edad acentuará la clínica de la sarcopenia –disminución gradual de masa muscular, fuerza y funcionalidad-.

Sobre esta base fisiológica, dos de los principales tratamientos farmacológicos propuestos para combatir la sarcopenia son la terapia de reemplazo de testosterona y de GH. Sin embargo, estrategias no farmacológicas como el ejercicio físico, especialmente el de fuerza, han demostrado también una alta eficacia para minimizar e incluso revertir los efectos de la sarcopenia.

Un clásico estudio analizó comparativamente, a través de una revisión sistemática de 85 artículos, los 3 tipos de tratamiento en función de los beneficios/riesgos asociados a cada uno de ellos (3).

La terapia de reemplazo de testosterona produjo solamente modestos incrementos en la masa y la fuerza muscular en algunos estudios, mientras que en otros no se halló tales efectos. Los riesgos asociados a la testosterona no son consistentes, pero sí que son pocos los estudios que han administrado dosis suficientes para producir efectos anabólicos notables por el miedo al desarrollo de cáncer de próstata a altas dosis.

En el caso de la terapia de reemplazo con GH, ésta ha mostrado efectos anabólicos en sujetos jóvenes y de mediana edad con deficiencia de GH. Por el contrario, se ha establecido claramente que la GH no aumenta la fuerza ni la masa muscular en personas mayores, además de causar una alta incidencia de efectos adversos. Al mismo tiempo, mediante la terapia con GH podremos incrementar los niveles de IGF-1, los cuales se han asociado a efectos secundarios no deseados como aumento en el riesgo de cáncer.

Por último, el entrenamiento de fuerza se ha mostrado como la intervención más eficaz para aumentar la masa muscular y la fuerza en las personas mayores, habiendo confirmado la mayoría de estudios que se trata de una intervención segura para esta población. Además dado que las personas en edad avanzada requieren un incremento en sus necesidades proteicas, la aplicación de estrategias nutricionales podría maximizar los beneficios del entrenamiento de fuerza.

Por tanto, se vuelve a poner de manifiesto que la realización de un programa de entrenamiento correctamente diseñado es la mejor herramienta para contrarrestar los efectos asociados al envejecimiento frente a determinadas terapias farmacológicas que, además de no haberse mostrado totalmente útiles, aumentan el riesgo de efectos adversos.


REFERENCIAS

  1. Goodpaster, B. H., Park, S. W., Harris, T. B., Kritchevsky, S. B., Nevitt, M., Schwartz, A. V., … & Newman, A. B. (2006). The loss of skeletal muscle strength, mass, and quality in older adults: the health, aging and body composition study. The Journals of Gerontology Series A: Biological Sciences and Medical Sciences, 61(10), 1059-1064.
  2. Burton, L. A., & Sumukadas, D. (2010). Optimal management of sarcopenia. Clin Interv Aging, 5(217), 217-28.
  3. Borst, S. E. (2004). Interventions for sarcopenia and muscle weakness in older people. Age and ageing, 33(6), 548-555.

LA LACTANCIA MATERNA CONDICIONA LA FORMA EN LA QUE ENVEJECEMOS

Son sobradamente conocidos los beneficios de la lactancia materna durante los primeros meses de vida. Así, se relaciona con un menor riesgo de obesidad, de diabetes tipo II y de enfermedad cardiovascular durante la edad adulta. Sin embargo, los mecanismos que subyacen a esta relación no están del todo definidos, debiéndose presumiblemente a la gama de componentes bioactivos presentes en la leche materna, pero ausentes de la leche de fórmula.

Además estudios previos ha mostrado que la nutrición en las primeras etapas de la vida es fundamental para el desarrollo posterior, siendo éste especialmente sensible a variaciones en la ingesta nutricional en estas etapas. Por ejemplo, en el Healthy Lifestyle in Europe by Nutrition in Adolescence se halló que los adolescentes que habían recibido lactancia materna durante un mayor periodo de tiempo tenían mayor fuerza explosiva en los miembros inferiores (1).

Sin embargo, hasta ahora se desconocía la relación entre la alimentación durante los primeros meses de vida y la fuerza muscular en un momento clave como es a partir de los 65, puesto que es entonces cuando se producen las mayores pérdidas de masa y fuerza muscular secundarias a la edad.

Por ello, un estudio (2) analizó el efecto del tipo de lactancia recibida durante el periodo neonatal sobre la fuerza de agarre en 1.414 mujeres y 1.569 hombres mayores de 65 años. El 60% de los participantes recibieron únicamente lactancia materna, el 31% leche de fórmula alternada con lactancia materna y el 9% solamente leche de fórmula.

Sorprendentemente, entre los hombres estudiados se halló que la fuerza de agarre se relacionó con el tipo de alimentación recibida, de tal manera que haber recibido durante un mayor periodo de tiempo lactancia materna en la infancia se asoció con una mayor fuerza de agarre en la vida adulta. Esta asociación fue independiente del peso al nacer, del crecimiento del bebé, de la altura, de la dieta seguida y del nivel de actividad física. En contraste, el tipo de lactancia en la infancia no se relacionó con la fuerza de agarre entre las mujeres estudiadas.

Entre los principales mecanismos que se barajan, existe alguna evidencia de que la leche materna se une a menores niveles de proteína C-reactiva en el futuro (3), indicando un claro efecto protector frente a estados de inflamación de bajo grado como el que se produce durante la sarcopenia. Un segundo posible mecanismo se relacionaría con el efecto que la lactancia materna produce a largo plazo sobre la función endotelial. De acuerdo con esta hipótesis, en un estudio llevado a cabo entre adultos, la dilatación mediada por flujo –indicador de la función endotelial- fue mayor entre los hombres que habían recibido lactancia materna en comparación con los que habían sido alimentados con leche de fórmula (4).

Por tanto, estos resultados sugieren que la alimentación neonatal puede tener efectos durante toda la vida sobre la función muscular en los hombres y que una mayor exposición a la leche materna en la infancia se asocia con una mayor fuerza de agarre, datos de especial relevancia clínica ya que los niveles de fuerza muscular son predictores de la funcionalidad y la mortalidad en los mayores.


REFERENCIAS

  1. Artero, E. G., Ortega, F. B., España‐Romero, V., Labayen, I., Huybrechts, I., Papadaki, A., … & Manios, Y. (2010). Longer breastfeeding is associated with increased lower body explosive strength during adolescence. The Journal of Nutrition, 140(11), 1989-1995.
  2. Robinson, S. M., Simmonds, S. J., Jameson, K. A., Syddall, H. E., Dennison, E. M., Cooper, C., & Sayer, A. A. (2012). Muscle strength in older community-dwelling men is related to type of milk feeding in infancy. The Journals of Gerontology Series A: Biological Sciences and Medical Sciences, 67(9), 990-996.
  3. Singhal, A., Cole, T. J., Fewtrell, M., & Lucas, A. (2004). Breastmilk feeding and lipoprotein profile in adolescents born preterm: follow-up of a prospective randomised study. The Lancet, 363(9421), 1571-1578.
  4. Järvisalo, M. J., Hutri-Kähönen, N., Juonala, M., Mikkilä, V., Räsänen, L., Lehtimäki, T., … & Raitakari, O. T. (2009). Breast feeding in infancy and arterial endothelial function later in life. The Cardiovascular Risk in Young Finns Study. European Journal of Clinical Nutrition, 63(5), 640-645.

LAS PERSONAS MAYORES DEPORTISTAS RETRASAN LOS EFECTOS DEL ENVEJECIMIENTO SOBRE LA MASA MUSCULAR

El envejecimiento se asocia a una serie de cambios que incluyen entre otros una pérdida de masa y fuerza muscular, proceso denominado sarcoponia. Se ha descrito que entre los 40 y los 50 años se pierde aproximadamente un 8% de masa muscular, acelerándose este proceso hasta un 15% por década a partir de los 75 años. Debido a las importantes funciones de la masa muscular en el organismo, la sarcopenia supone grandes perjuicios para la salud, aumentando la prevalencia de morbi-mortalidad y disminuyendo, por tanto, la calidad de vida.

Esta degeneración muscular se ha asociado tradicionalmente al envejecimiento per se, influyendo factores como los cambios hormonales (disminución de testosterona, menopausia, etc). Sin embargo, un grupo de investigación (1) quiso evaluar si la sarcopenia podría deberse a la disminución de actividad física que suelen presentar las personas mayores, y no ser una consecuencia inevitable del envejecimiento. Para ello, evaluaron a 40 deportistas máster (hombres y mujeres) que entrenaban 4 o 5 días por semana, los cuales fueron divididos en grupos de edad comprendidos entre 40 y más de 70 años.

Curiosamente, los resultados mostraron que, al contrario de lo tradicionalmente observado en sujetos sedentarios, en atletas máster no había diferencias en la masa muscular total ni en el área muscular del muslo entre los sujetos de los distintos grupos de edad, ni siquiera en los mayores de 70 años. Además, tampoco se encontraron diferencias en la cantidad de grasa intramuscular o subcutánea, algo que sí se observa normalmente en sujetos mayores sedentarios. No obstante, otros cambios no pudieron ser totalmente revertidos, ya que los sujetos mayores de 70 años presentaban un 20% de disminución del área total del cuádriceps comparado con los sujetos de entre 40 y 60 años. También se encontró una disminución de la fuerza muscular asociada con la edad aunque sólo a partir de los 60 años, algo que ocurre mucho antes en sujetos sedentarios. Además, no sólo se retrasó esa pérdida de fuerza muscular, sino  que no se encontraron diferencias entre las edades comprendidas entre 60 y 80 años, lo que muestra que, una vez que se dio esa disminución inicial, los sujetos fueron capaces de mantenerla.

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Fig. 1. La figura muestra la sección trasversal del cuádriceps de un triatleta de 70 años y un hombre sedentario de 74 años. Se observa una importante disminución de masa muscular y un aumento de grasa intramuscular y subcutánea en el sujeto sedentario.

Estos resultados muestran que la sarcopenia asociada al envejecimiento puede ser evitada o al menos reducida mediante la realización de ejercicio físico durante toda la vida, confirmándose así que la disminución de actividad física es una de las principales causas de la pérdida de masa y función muscular. De nuevo, el ejercicio físico se muestra como esencial para el mantenimiento de la salud a cualquier edad, y muy especialmente en las personas mayores.


REFERENCIA

  1. Wroblewski, AP, Amati, F, Smiley, MA, Goodpaster, B, and Wright, V. Chronic exercise preserves lean muscle mass in masters athletes. Phys Sportsmed 39: 172–8, 2011.Available from: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22030953

EL PODER DE LA VIBRACIÓN PARA PREVENIR LA ATROFIA MUSCULAR

Como ya hemos dejado claro en anteriores entradas, creemos esencial que el sistema sanitario preste la atención necesaria para evitar la atrofia muscular que se produce en aquellos pacientes sometidos a procesos de inmovilización, ya sea por estar encamados durante la recuperación de una enfermedad aguda, como en el periodo perioperatorio o por la inmovilización de un miembro tras una lesión. Para ello, no sólo deben reducirse al máximo estos periodos sino que además el personal sanitario debe conocer los posibles efectos beneficiosos de distintas estrategias tanto farmacológicas como no farmacológicas (especialmente nutricionales y físicas o de ejercicio).

Con el fin de establecer nuevos métodos de prevención y tratamiento de la atrofia muscular, un grupo de investigación (Kaneguchi et al. 2014) analizó los posibles efectos beneficiosos de dos estrategias físicas como son la vibración y la carga de peso. Para ello, utilizaron un modelo animal (rata) al que sometieron a una inmovilización de los miembros traseros durante dos semanas. Los animales fueron divididos en cuatro grupos: un grupo control, que no fue inmovilizado, y tres grupos que sí lo fueron. De estos tres grupos inmovilizados, uno no recibió tratamiento, otro recibió un estímulo vibratorio 20 minutos diarios y al otro grupo de animales esos 20 minutos diarios les permitieron apoyar la pata.

Tras las 2 semanas de inmovilización todos los grupos disminuyeron la masa muscular, el área de las fibras musculares y la densidad capilar con respecto al grupo control. Sin embargo, el grupo al que se le permitió apoyar la pierna y el que fue sometido a vibración perdieron menos masa que el grupo que no recibió tratamiento, sin diferencias entre ambos métodos. Además, aunque todos los grupos perdieron densidad capilar con respecto al grupo control, el grupo de vibración lo hizo en menor medida que el grupo que no recibió tratamiento, no encontrando diferencias para esta variable entre el grupo al que se le permitió apoyar las patas 20 minutos al día y el que no recibió tratamiento.

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Fig. 1. La vibración no sólo es útil para las personas inmovilizadas sino también para aquellas con dificultad para realizar ejercicio físico, como las de la tercera edad .

Periodos de vibración intermitente son capaces de evocar contracciones musculares a través de la activación de los reflejos de estiramiento, no necesitando activación voluntaria y, por tanto, siendo idónea para personas mayores o aquellas poblaciones con imposibilidad de realizar ejercicio voluntario. Durante periodos de inmovilización el músculo carece de estímulos angiogénicos (que favorecen el crecimiento de capilares) como la hipoxia o el estrés mecánico que se da con la contracción muscular. Además, no solo se reducen los factores angiogénicos (como VEGF) sino que otros factores anti-angiogénicos se pueden ver aumentados en estos procesos (como CD36, que puede favorecer la apoptosis de las células endoteliales). Por ello, el aumento de flujo sanguíneo y las contracciones musculares involuntarias evocadas por la vibración suponen un estímulo mecánico en los vasos sanguíneos que favorece la angiogénesis.

Estos resultados nos muestran que es posible reducir en cierto modo las devastadoras consecuencias de los procesos de inmovilización. El personal sanitario debe conocer aquellas estrategias tanto nutricionales (creatina, HMB, antioxidantes, suplementación con proteína…) como físicas (electroestimulación, vibración, restricción de flujo sanguíneo, contracción voluntaria…) que pueden ser útiles para aminorar estos efectos, y aplicar en sus pacientes de forma individualizada la que consideren óptima atendiendo a sus características y posibilidades.


REFERENCIA

Kaneguchi, A. et al., 2014. Intermittent whole-body vibration attenuates a reduction in the number of the capillaries in unloaded rat skeletal muscle. BMC musculoskeletal disorders, 15(1), p.315. Available at: http://www.scopus.com/inward/record.url?eid=2-s2.0-84908403424&partnerID=tZOtx3y1.

EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA MEJORA EL PRONÓSTICO DE LAS ENFERMEDADES CRÓNICAS

Se estima que la inactividad física es responsable de entre el 6-10% de las muertes atribuibles a las principales enfermedades crónicas (enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y cánceres de mama y colon) que se producen en el mundo anualmente (1).

La condición física tiene un alto componente genético que explica entre el 25-40% de su variación (2), mientras que la actividad física regular es el otro gran determinante de la condición física, mejorando en la mayoría de los individuos con un adecuado programa de ejercicio físico (3).

Uno de los principales componentes de la condición física es la fuerza muscular, la cual juega un papel clave en la prevención de las enfermedades crónicas. Además, recientemente se ha sugerido que se relaciona de forma inversa e independiente con la mortalidad por cáncer y otras causas. Para seguir profundizando sobre esta cuestión se llevó a cabo una revisión narrativa (4) donde se examinó la asociación de la fuerza muscular con la mortalidad en población con enfermedades crónicas.

Tras el análisis de los 23 estudios finalmente seleccionados, se confirmó la existencia de una fuerte e inversa asociación entre los niveles de fuerza muscular y la mortalidad por cualquier causa en población con enfermedad cardiovascular, enfermedad arterial periférica, cáncer, insuficiencia renal, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, artritis reumatoide y enfermedades críticas.

En base a estos resultados, podemos afirmar que el riesgo de mortalidad asociado a una baja fuerza muscular en las distintas poblaciones clínicas es similar al establecido para la obesidad, la hipertensión y el tabaquismo sobre la mortalidad prematura. Por ello, la fuerza muscular, como factor de riesgo modificable, debería adquirir gran interés clínico desde la perspectiva de la salud pública.

Por tanto, los pacientes con enfermedades crónicas deberían incluir el entrenamiento de fuerza como método coadyuvante al tratamiento médico a fin de mejorar su perfil cardiovascular y el pronóstico de su enfermedad, con especial atención a los pacientes con cáncer e insuficiencia cardíaca, quienes, como consecuencia de sus enfermedades y las terapias farmacológicas, sufren una progresiva pérdida de músculo esquelético que contribuye al incremento del riesgo de morbi-mortalidad. En este caso, el entrenamiento de fuerza junto con las pautas nutricionales adecuadas favorecerían la síntesis proteica minimizando con ello la pérdida de masa muscular y, de esta manera, contrarrestando las consecuencias negativas que provocaría la atrofia muscular.

REFERENCIAS:

  1. Lee, I. M., Shiroma, E. J., Lobelo, F., Puska, P., Blair, S. N., Katzmarzyk, P. T., & Lancet Physical Activity Series Working Group. (2012). Effect of physical inactivity on major non-communicable diseases worldwide: an analysis of burden of disease and life expectancy. The Lancet, 380(9838), 219-229.
  2. Wei, M., Kampert, J. B., Barlow, C. E., Nichaman, M. Z., Gibbons, L. W., Paffenbarger Jr, R. S., & Blair, S. N. (1999). Relationship between low cardiorespiratory fitness and mortality in normal-weight, overweight, and obese men. JAMA, 282(16), 1547-1553.
  3. Garber, C. E., Blissmer, B., Deschenes, M. R., Franklin, B. A., Lamonte, M. J., Lee, I. M., … & Swain, D. P. (2011). American College of Sports Medicine position stand. Quantity and quality of exercise for developing and maintaining cardiorespiratory, musculoskeletal, and neuromotor fitness in apparently healthy adults: guidance for prescribing exercise. Medicine and Science in Sports and Exercise, 43(7), 1334-1359.
  4. Volaklis, K. A., Halle, M., & Meisinger, C. (2015). Muscular strength as a strong predictor of mortality: A narrative review. European Journal of Internal Medicine, 26(5), 303-310.

¿PROPORCIONA LA SUPLEMENTACIÓN CON PROTEÍNA BENEFICIOS ADICIONALES AL ENTRENAMIENTO DE FUERZA EN MAYORES?

La sarcopenia es un proceso asociado al envejecimiento caracterizado por una progresiva y generalizada pérdida de masa y fuerza muscular. A su vez, supone un incremento en el riesgo de desarrollar enfermedades crónico-metabólicas.

Como hemos visto en anteriores entradas, el entrenamiento de fuerza es una estrategia segura y efectiva para contrarrestar la pérdida de masa y fuerza muscular en personas mayores. Asimismo, la ingesta proteica forma parte fundamental en los requerimientos dietéticos para el mantenimiento de la masa muscular. Así, en adultos sanos se ha visto que el entrenamiento de fuerza junto con la suplementación con proteínas produce incrementos en la masa muscular (1).

Para comprobar si estos resultados se reproducían en personas mayores, se realizó un estudio entre 31 hombres y 29 mujeres (70 ± 1 años), los cuales fueron asignados aleatoriamente a un grupo que llevó a cabo un programa de entrenamiento de fuerza de 24 semanas junto con suplementación con proteínas y un grupo que únicamente realizó el entrenamiento físico (2).

Se evaluaron: masa muscular mediante densitometría y biopsia muscular, fuerza muscular a través de 1-RM y capacidad funcional mediante handgrip y test del “sit to stand”. El programa de entrenamiento estuvo compuesto por 2 ejercicios para tren superior y 2 para tren inferior a una intensidad entre el 60-80% de 1-RM, incrementando la intensidad a lo largo del periodo de entrenamiento y realizado 3 veces por semana.

En cuanto a los resultados obtenidos tras las 24 semanas de entrenamiento, se produjeron incrementos similares en fuerza muscular en ambos grupos y tanto en las mujeres como en los hombres. De igual manera ocurrió con la masa muscular de las piernas y el área de sección transversal del cuádriceps (Fig. 1) así como con el tamaño de las fibras tipo II. Además, las mejoras obtenidas en los tests de capacidad funcional se produjeron independientemente de la suplementación con proteínas.


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Figura 1. Resultados medios obtenidos de la masa muscular de las piernas y el área de sección transversal del cuádriceps antes, a las 12 y a las 24 semanas del programa de entrenamiento de fuerza en mujeres y hombres mayores con y sin suplementación con proteínas.

Por tanto, observamos como el entrenamiento de fuerza en personas mayores va a suponer unas ganancias en fuerza y masa muscular además de sobre la capacidad funcional que protegerán frente a las comorbilidades de la sarcopenia, incluyendo las enfermedades crónico-metabólicas. Sin embargo, la suplementación con proteínas no produjo beneficios adicionales a los obtenidos con el entrenamiento de fuerza en este grupo de población.

REFERENCIAS:

  1. Willoughby, D. S., Stout, J. R., & Wilborn, C. D. (2007). Effects of resistance training and protein plus amino acid supplementation on muscle anabolism, mass, and strength. Amino Acids, 32(4), 467-477.
  2. Leenders, M., Verdijk, L. B., Van der Hoeven, L., Van Kranenburg, J., Nilwik, R., Wodzig, W. K., … & Van Loon, L. J. (2013). Protein supplementation during resistance-type exercise training in the elderly. Medicine and Science in Sports and Exercise, 45(3), 542-552.