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¿CUÁLES SON LOS BENEFICIOS DE REDUCIR 300 KCAL EN LA DIETA DURANTE 2 AÑOS?

¿Qué tienen en común una ración de patatas Deluxe, una rebanada de pan blanco en cada comida, una ración de patatas fritas de bolsa o seis nuggets de pollo? Todos ellos aportan alrededor de 300 kcal y un nulo aporte nutricional. ¿Qué ocurre si reducimos de forma diaria 300 kcal en nuestra dieta durante dos años?

El estudio CALERIE analiza los efectos de la restricción calórica a largo plazo sobre marcadores cardiometabólicos en personas sin obesidad. 143 sujetos redujeron ~300 kcal su ingesta calórica (11,9%) durante 2 años, mientras que 75 mantuvieron su dieta habitual. Las personas que redujeron su ingesta perdieron de media 7,5 kg de peso, en su mayoría grasa (5,3 kg). Además, mejoraron marcadores de riesgo cardiometabólico como el índice de síndrome metabólico, la presión sanguínea, el colesterol y la sensibilidad a la insulina.

Eliminar de la dieta alimentos con un escaso valor nutricional y alto aporte calórico nos puede ayudar a mejorar nuestra salud de manera muy sencilla. El objetivo es elegir la procedencia de esa calorías que vamos a eliminar de la dieta. En un ambiente sedentario y con la posibilidad de acceder a un sinfín de alimentos, pequeños gestos pueden suponer mucho para nuestra salud.


REFERENCIAS

  • Kraus, W. E., Bhapkar, M., Huffman, K. M., Pieper, C. F., Das, S. K., Redman, L. M., … & Holloszy, J. O. (2019). 2 years of calorie restriction and cardiometabolic risk (CALERIE): exploratory outcomes of a multicentre, phase 2, randomised controlled trial. The Lancet Diabetes & Endocrinology.

 

LO QUE HAGAS HOY, SE REFLEJARÁ EN EL MAÑANA

La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en el mundo y, aunque a menudo empieza a mostrarse durante la edad adulta, cada vez existe mayor evidencia de que se desarrolla en los primeros años de vida. Así, la hipertensión arterial en los más jóvenes predice una peor salud cardiovascular en el futuro, al igual que ocurre con un índice de masa corporal (IMC) alto durante la infancia y/o la adolescencia.

Ya vimos en anteriores entradas que existe una asociación entre la capacidad cardiorrespiratoria (CRF) y el riesgo de enfermedad cardiovascular en niños y adolescentes. Sin embargo, la evidencia es limitada en cuanto a la asociación entre la CRF en edades tempranas y los factores de riesgo cardiovascular posteriormente.

Una revisión sistemática ha analizado la relación entre la CRF durante la infancia y la adolescencia y los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular en el futuro (1). El estudio incluyó 38 artículos y 44169 niños/adolescentes, haciéndoles un seguimiento durante una media de 6 años.

Los resultados demuestran cómo tener una buena CRF durante la infancia y la adolescencia se asoció con menor IMC, circunferencia de cintura, grasa corporal y menor prevalencia de síndrome metabólico años más tarde.

Por tanto, el diseño de estrategias que fomenten la promoción de ejercicio físico entre los niños ha de convertirse en objetivo prioritario entre las instituciones competentes, , tanto en el tiempo libre como durante el periodo escolar (por ejemplo a través del aumento de las horas de educación física, con la consiguiente mejora en el rendimiento académico que supone dicho aumento). Con esta mejora de la condición física y del rendimiento cognitivo no solo estaremos influyendo en nuestros niños en el corto plazo, sino que estaremos proporcionándoles un futuro más saludable y con mayor posibilidad de crecimiento personal.


REFERENCIA

  1. Mintjens, S., Menting, M. D., Daams, J. G., van Poppel, M. N., Roseboom, T. J., & Gemke, R. J. (2018). Cardiorespiratory Fitness in Childhood and Adolescence Affects Future Cardiovascular Risk Factors: A Systematic Review of Longitudinal Studies. Sports Medicine, 1-29.

¿POR QUÉ IR A LA ESCUELA EN BICICLETA DEBERÍA SER UNA ASIGNATURA MÁS?

El desplazamiento activo al colegio -es decir, ir en bici o caminando- puede resultar una sencilla estrategia para incrementar el nivel de actividad física en los niños y, con ello, la capacidad cardiorrespiratoria (1). Los factores que pueden influenciar la decisión respecto a desplazarse activamente son el nivel socioeconómico, las características del entorno y la percepción que tengan de éste padres y niños, el nivel educativo de los padres, y la distancia entre la escuela y la casa.

Sin embargo, mientras que la asociación entre la movilidad activa y la capacidad cardiorrespiratoria ha sido ampliamente contrastada, para otros componentes de la condición física y de la composición corporal no está tan clara (1). Por ello, un grupo de investigadores liderados por el Dr. Ramírez Vélez , del grupo CEMA (Colombia), y el Dr. Villa González, del grupo PROFITH de la Universidad de Granada, analizó la relación entre desplazarse en bicicleta hacia/desde la escuela al menos 3 días en semana y factores de riesgo cardiometabólicos – la circunferencia de cintura , presión arterial, perfil lipídico y glucosa en sangre-, así como diferentes medidas de condición física – fitness muscular de hemisferio superior e inferior, flexibilidad y capacidad cardiorrespiratoria- en 2877 niños y adolescentes de entre 9 y 18 años (2).

Sorprendentemente, solo el 23% de los encuestados utilizaban la bicicleta para ir a la escuela. En el caso de los chicos, un porcentaje significativamente menor de los que iban en bicicleta tuvo valores por debajo de lo considerado saludable en los parámetros de flexibilidad y velocidad-agilidad en comparación con los que  no se desplazaban de forma activa. En el caso de ellas, las que se desplazaban 3 o más días en bicicleta se encontraban en un menor porcentaje en la categoría “no saludable” para las medidas de fitness muscular del hemisferio inferior, velocidad-agilidad y capacidad cardiorrespiratoria (tabla 1). Asimismo, estas chicas tuvieron menor probabilidad de tener síndrome metabólico comparadas con las que no se desplazaban activamente (OR, 0.61; 95% CI, 0.35-0.99; P = .048). Por último, el factor más determinante para promover la movilidad activa fue el nivel educativo de los padres. Un mayor nivel educativo de estos se asoció con una mayor probabilidad de que los hijos/as se desplazasen a la escuela en bicicleta.

Tabla 1. Relación entre ir hacia/desde la escuela en bicicleta, condición física y riesgo cardiometabólico, por sexos.

Por tanto, observamos cómo el desplazamiento en bicicleta hacia/desde la escuela se asocia con una mejor condición física y un menor riesgo de síndrome metabólico, especialmente en las niñas. Por ello, estos resultados, junto con los de otros estudios del grupo PROFITH, deberían proporcionar un impulso que incentivase los cambios sociales, ambientales e individuales necesarios para promover de forma segura el desplazamiento en bicicleta hacia/desde la escuela por parte de niños y adolescentes, favoreciendo en consecuencia un estilo de vida más saludable.


REFERENCIAS

  1. Larouche, R., Saunders, T. J., John Faulkner, G. E., Colley, R., & Tremblay, M. (2014). Associations between active school transport and physical activity, body composition, and cardiovascular fitness: a systematic review of 68 studies. Journal of Physical Activity and Health, 11(1), 206-227.
  2. Ramírez-Vélez, R., García-Hermoso, A., Agostinis-Sobrinho, C., Mota, J., Santos, R., Correa-Bautista, J. E., … & Villa-González, E. (2017). Cycling to school and body composition, physical fitness, and metabolic syndrome in children and adolescents. The Journal of Pediatrics, 188, 57-63.

ALTA INTENSIDAD vs INTENSIDAD MODERADA PARA TRATAR EL SÍNDROME METABÓLICO

El síndrome metabólico, conjunto de factores de riesgo cardiovascular entre los que se encuentran presión arterial elevada, dislipemia, alteración de la glucemia y obesidad abdominal, se asocia con aumento de la morbi-mortalidad cardiovascular, teniendo aquellas personas que lo padecen tres veces más probabilidades de morir por enfermedad coronaria que la población sana.

Se sabe que el ejercicio ayuda a prevenir y tratar el síndrome metabólico al reducir varios de los factores de riesgo que lo componen, pero el nivel óptimo de intensidad necesario para ello no está del todo claro.

Es por esto que se realizó un estudio donde 32 pacientes, diagnosticados clínicamente de síndrome metabólico de acuerdo a los criterios de la OMS, fueron asignados aleatoriamente dentro de 3 grupos:

  • AIT: llevaron a cabo un programa aeróbico interválico de alta intensidad;
  • CME: en este caso, aeróbico continuo de intensidad moderada;
  • Grupo control: siguió las pautas de los médicos de atención primaria.

El programa de ejercicio tuvo una duración de 16 semanas con una frecuencia semanal de 3 veces. Además, el entrenamiento se realizó sobre un tapiz rodante con pendiente positiva.

El grupo AIT realizó intervalos de 4 series de 4 minutos al 90% de la frecuencia cardíaca máxima (FCmáx), con una recuperación activa entre intervalos de 3 minutos al 70% de la FCmáx, mientras que el grupo CME realizó 47 minutos al 70% de la FCmáx en cada sesión.

AIT y CME consiguieron incrementar su VO2máx en 35% y 16% (p<0.01), respectivamente, así como mejorar la función endotelial evaluada a través de la dilatación mediada por flujo (FMD) en 9% (p<0.001) y 5% (p<0.001), respectivamente. Estas mejoras resultan fundamentales ya que tanto la capacidad aeróbica como la función endotelial son consideradas dos potentes e independientes predictores de mortalidad en pacientes con síndrome metabólico.

También se obtuvieron mejoras sobre presión diastólica y sistólica en los dos grupos de ejercicio. Sin embargo, solamente el grupo AIT las consiguió sobre la glucosa sanguínea, la sensibilidad a la insulina y el contenido de la ácido grasa sintasa, una enzima lipogénica clave en el tejido adiposo blanco (la considerada grasa mala), lo que sugiere una reducción de la lipogénesis en este tejido.

Así, podemos afirmar que, aún obteniendo beneficios con ambos programas de entrenamiento, la intensidad de ejercicio fue un factor esencial para la mejora de la capacidad aeróbica y la reversión de los factores de riesgo del síndrome metabólico incluyendo la función endotelial, la acción insulínica y la lipogénesis.

Por tanto, el ejercicio, especialmente de alta intensidad, parece conllevar mayores beneficios en la prevención y tratamiento del síndrome metabólico en relación a cualquier otra intervención actualmente conocida.


REFERENCIAS

Tjonna, A. E., Lee, S. J., Rognmo, O., Stolen, T. O., Bye, A., Haram, P. M., … & Wisloff, U. (2008). Aerobic Interval Training Versus Continuous Moderate Exercise as a Treatment for the Metabolic Syndrome. A Pilot Study. Circulation, 118 (4), 346-354.

DIABETES, GLUT-4 Y EJERCICIO:
 UN ENFOQUE INTEGRADO

El estilo de vida predominante en los países industrializados ha provocado que una patología como la resistencia a la insulina se convierta en una epidemia en el siglo XXI.

fissac _ mapa de la diabetes en el 2013

Figura 1. Número de personas con diabetes por región en el año 2013.

El origen de la diabetes surge de la intolerancia a la glucosa, es decir, de la resistencia a la insulina. El GLUT-4 como principal transportador de glucosa, juega un papel fundamental en la evolución de la enfermedad. Se localiza en las células musculares y en los adipocitos y su acción responde a la insulina y a la contracción muscular, es decir, se puede “activar” por estímulo del ejercicio o de la insulina.   La expresión de GLUT-4 en tejido adiposo en personas con estas enfermedades metabólicas está disminuida, mientras que en músculo esquelético los niveles son normales. Un incremento en la expresión de GLUT-4 mejora la sensibilidad a la insulina y por ello el metabolismo de la glucosa [1].

El ejercicio es fundamental para entender y resolver el problema de la sensibilidad a la insulina, ya que la glucosa es el principal sustrato durante la contracción muscular. Durante el ejercicio, aumenta coordinadamente el flujo sanguíneo, el reclutamiento capilar y la translocación de GLUT-4 a la membrana plasmática, pasos fundamentales para metabolizar la glucosa. Además, las vías de señalización involucradas en el transporte de glucosa mediado por la insulina o por la contracción son diferentes en sus primeros pasos. Sin embargo, estudios recientes confirman que tienen varios puntos en común (Figura 2), lo cual explica los beneficios del ejercicio en la mejora de la sensibilidad de la insulina.

fissac _ glut-4_insulina_ejercicio_vías de señalización

Figura 2. Convergencias de las vías de señalización de la insulina y la contracción muscular que inducen la translocación de GLUT-4 [2].

La captación de glucosa depende de la expresión de GLUT-4, la cual se incrementa con el ejercicio. Es por ello que se le considera el estímulo más potente para incrementar la expresión de GLUT-4 en el músculo, lo que provoca una mejora de la sensibilidad de la insulina y del metabolismo de la glucosa tanto en personas sanas como enfermas (figura 3).

fissac _ GLUT-4_ diabetes y ejercicio

Figura 3. Expresión de GLUT-4 en tejido adiposo en grupo control vs personas con diabetes tipo II tras 4 semanas de entrenamiento [3].

 

CONCLUSIÓN

Por ello, creemos que para erradicar la diabetes no debemos poner parches que enmascaren el problema y sí tratar la enfermedad desde su origen. Los fármacos no dan solución a un problema muy complejo, mientras que el ejercicio sí ataca la etiología de la diabetes, la resistencia a la insulina.


REFERENCIAS

[1]      P. R. Shepherd and B. B. Kahn, “Glucose transporters and insulin action–implications for insulin resistance and diabetes mellitus.,” N. Engl. J. Med., vol. 341, no. 4, pp. 248–57, Jul. 1999.

[2]      S. Huang and M. P. Czech, “The GLUT4 Glucose Transporter,” Cell Metab., vol. 5, no. April, pp. 237–252, 2007.

[3]      S. E. Hussey, S. L. McGee, A. Garnham, J. M. Wentworth, A. E. Jeukendrup, and M. Hargreaves, “Exercise training increases adipose tissue GLUT4 expression in patients with type 2 diabetes.,” Diabetes. Obes. Metab., vol. 13, no. 10, pp. 959–62, Oct. 2011.