Entradas

LA OBESIDAD, UN PROBLEMA A RESOLVER DESDE LA MÁS TEMPRANA EDAD

La obesidad es ya considerada una de las grandes epidemias del siglo XXI debido a su relación con multitud de patologías (incluyendo enfermedades cardiovasculares, metabólicas y algunos tipos de cáncer) y por ende con un mayor riesgo de mortalidad. Por ello, es importante conocer no solo métodos para su prevención y/o tratamiento en edad adulta, sino también posibles factores de riesgo desde la más temprana edad.

Como muestra una revisión sistemática que incluyó 25 estudios longitudinales, los niños y adolescentes con sobrepeso tienen aproximadamente entre 2 y 10 veces más riesgo de tener sobrepeso u obesidad al llegar a adultos que aquellos que tienen un peso normal (Singh et al., 2008). Además, una revisión que incluyó 37 estudios mostró que un índice de masa corporal elevado durante la infancia se relaciona con una mayor incidencia de diabetes, enfermedad coronaria y diversos tipos de cáncer en la edad adulta (Llewellyn et al., 2016).

En este sentido, un estudio recientemente publicado que incluyó casi 20 mil niños nacidos en el año 2000 (Gray et al., 2018)confirmó la importancia del estilo de vida a nivel familiar en el riesgo de sobrepeso de los niños, aumentando esta influencia según aumenta la edad de los mismos. En concreto, se observó que la alimentación, el nivel de ejercicio y el peso de los padres aumentaba en gran medida el riesgo de sobrepeso de los hijos. Además, curiosamente se observó que el sobrepeso de la madre era un reflejo prácticamente perfecto del estilo de vida (alimentación y ejercicio) de la familia, explicando un 93.5% de la varianza.

A menudo pensamos que el sobrepeso es solo problemático en la edad adulta. Sin embargo, estos resultados muestran la relevancia de evitar el sobrepeso desde la más temprana edad. Para ello es importante implementar acciones a largo plazo y a nivel global, es decir, no sólo centradas en el niño, ya que el entorno familiar es probablemente el que ejerce una mayor influencia.


REFERENCIAS

Gray, L. A., Hernandez Alava, M., Kelly, M. P., and Campbell, M. J. (2018). Family lifestyle dynamics and childhood obesity: Evidence from the millennium cohort study. BMC Public Health18, 1–15. doi:10.1186/s12889-018-5398-5.

Llewellyn, A., Simmonds, M., Owen, C. G., and Woolacott, N. (2016). Childhood obesity as a predictor of morbidity in adulthood: A systematic review and meta-analysis. Obes. Rev.17, 56–67. doi:10.1111/obr.12316.

Singh, A. S., Mulder, C., Twisk, J. W. R., Van Mechelen, W., and Chinapaw, M. J. M. (2008). Tracking of childhood overweight into adulthood: A systematic review of the literature. Obes. Rev.9, 474–488. doi:10.1111/j.1467-789X.2008.00475.x.

¿SOMOS CONSCIENTES DE NUESTROS PROBLEMAS DE PESO?

Como ya hemos insistido en innumerables ocasiones, la obesidad se está convirtiendo en una de las principales epidemias en los países desarrollados. El sobrepeso y la obesidad están asociados a un mayor riesgo de sufrir patologías como diabetes, hipertensión, o algunos tipos de cáncer, aumentando así el riesgo de mortalidad. Por lo tanto, su prevención debe ser un objetivo clave en la salud pública.

Sin embargo, y pese a los graves perjuicios que el sobrepeso y la obesidad pueden tener en la salud, en algunos sectores se está promocionando una “normalización” de estas condiciones. Por ejemplo, en algunos países a las tallas más grandes les “restan” algunos números para no dañar la autoestima de los compradores. De forma similar, algunos anuncios televisivos tratan de positivizar el sobrepeso. Estas estrategias sumadas al hecho de que cada vez es más común ver personas con sobrepeso (aproximadamente 1 de cada 4 adultos tiene obesidad) hace que podamos tener una conciencia equivocada de nuestros problemas de peso.

Para determinar si realmente somos conscientes de nuestro peso, un estudio (Muttarak, 2018) evaluó a 23459 personas con sobrepeso (en este caso entendido como índice de masa corporal > 25). Los autores observaron que entre 1997 y 2015 el porcentaje de personas que estaba “equivocada” respecto a su sobrepeso aumentó del 37 al 40% en hombres y del 17 al 19% en mujeres, siendo las personas con menor nivel de estudios y peor status socioeconómico los menos conscientes de su sobrepeso. En consecuencia, aquellas personas menos conscientes de su sobrepeso eran un 85% menos propensas a incluir estrategias para controlarlo (Ej. dieta, ejercicio).

En resumen, la prevalencia de sobrepeso aumenta de forma exponencial, y una causa puede ser que 2-4 de cada 10 personas no es consciente de que lo tiene. Olvidándonos de los motivos estéticos (que deben ser olvidados), el sobrepeso se asocia con un mayor riesgo de morbimortalidad, y por lo tanto debemos crear conciencia de esta problemática y desarrollar estrategias para evitarlo.


REFERENCIA

Muttarak, R. (2018) Normalization of Plus Size and the Danger of Unseen Overweight and Obesity in England. Obesity. 26:1125-1129.

EFECTOS SOBRE LA SALUD DEL SOBREPESO Y LA OBESIDAD EN 195 PAÍSES DE 1990 A 2015

La prevalencia del sobrepeso y la obesidad aumentan de forma preocupante en todo el mundo. Estudios epidemiológicos han identificado el IMC como un factor de riesgo para un conjunto creciente de enfermedades crónicas, entre las que se encuentran enfermedades cardiovasculares, la diabetes, la enfermedad renal crónica, multitud de trastornos musculo-esqueléticos y varios tipos de cáncer. A medida que las autoridades sanitarias intentan desarrollar tratamientos y políticas de prevención para abordar este problema, es necesario conocer la verdadera magnitud del problema, así como la relación de los altos índices de IMC y sus efectos sobre la salud.

Para ello, un proyecto financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates [1] analizó los datos de 68,5 millones de personas para evaluar las tendencias en la prevalencia de sobrepeso y obesidad de niños y adultos entre 1980 y 2015. Este ambicioso proyecto utilizó los datos y la metodología del estudio Global Burden of Disease, cuantificando la morbilidad relacionada con un IMC alto según la edad, el sexo y la causa en 195 países.

Los resultados mostraron que en 2015 un total de 107,7 millones de niños y 603,7 de adultos eran obesos. Desde 1980, la prevalencia de la obesidad se ha duplicado en más de 70 países y ha aumentado de manera ininterrumpida en el resto. Aunque la prevalencia de obesidad entre los niños ha sido menor que la de los adultos, la tasa de aumento de obesidad infantil en muchos países ha sido mayor que la tasa de aumento en adultos.

Tener un IMC alto representó 4 millones de muertes a nivel mundial, de las cuales un 40% ocurrieron en personas que no eran obesas, es decir, aquellas con un IMC menor de 30 (sobrepeso). Además más de dos tercios de las muertes relacionadas con un IMC alto se debieron a enfermedades cardiovasculares.

El rápido incremento en la prevalencia de enfermedades relacionadas con el sobrepeso y la obesidad pone de relieve la importancia de la vigilancia y el control sobre aquellas conductas que desemboquen en sobrepeso y/o obesidad, la identificación de sus causas, así como la implementación de intervenciones basadas en la evidencia para abordar este problema. De nuevo, los cambios en el estilo de vida se erigen como la principal herramienta en la lucha contra esta pandemia y la actividad física y la nutrición como los principales motores de estos cambios.


REFERENCIA

[1]      T. G. 2015 O. Collaborators, “Health Effects of Overweight and Obesity in 195 Countries over 25 Years,” N. Engl. J. Med., vol. 377, no. 1, pp. 13–27, Jul. 2017.

ESTIMULACIÓN CEREBRAL, UNA NUEVA TERAPIA PARA EL CONTROL DEL PESO CORPORAL

En los últimos años está siendo ampliamente estudiado el papel de la activación de determinadas zonas de la corteza cerebral en el deseo de comer. En concreto, se ha observado que un aumento en la activación de la corteza prefrontal dorsolateral -relacionada con el control inhibitorio y el circuito de recompensa- está asociado a un menor deseo de comer, teniendo por tanto este hecho una gran importancia en el mantenimiento del peso corporal a través de un mayor control de la dieta.

Teniendo en cuenta que una mayor activación de la corteza prefrontal se asocia a una mayor capacidad para controlar nuestras decisiones respecto a la comida, un estudio piloto en 9 sujetos obesos (IMC=38±7; Grasa=45±8%) publicado el año pasado en la prestigiosa revista Obesity (1) evaluó el posible papel de la estimulación transcraneal de esta zona de la corteza cerebral en la regulación del apetito.

La estimulación transcraneal de corriente continua (tDCS por sus siglas en inglés) es una técnica muy novedosa y que está siendo investigada en campos tan diversos como el tratamiento de la depresión y el dolor o la mejora del rendimiento deportivo, además del control de diversas conductas como el consumo de drogas. Esta técnica se basa en la colocación de dos electrodos sobre el cuero cabelludo que generan un campo eléctrico de baja intensidad en la zona estimulada, aumentando así la neuromodulación (excitabilidad) y la plasticidad cerebral.

fissac-_-estimulacion-transcraneal-de-corriente-continua

Fig. 1. Un sistema de estimulación a nivel usuario con forma de cascos está siendo utilizado recientemente en el campo deportivo para mejorar el rendimiento.

Tras una primera fase de estabilización de ingesta y peso corporal, los sujetos fueron sometidos a tres sesiones de 40 minutos de tDCS catodal (disminuye excitación) o a tres sesiones de estimulación placebo (electrodos que no generaban corriente) en días consecutivos. Tras estos tres días se permitió a los sujetos comer lo que quisiesen durante 5 días, cuantificándose todo lo que comían así como el peso corporal. En una segunda parte del estudio se repitieron todos los procedimientos, pero en este caso, para aumentar la modulación o excitabilidad, la estimulación fue anodal (del ánodo al cátodo) en vez de catodal (la corriente va del cátodo al ánodo)

Los resultados muestran como los sujetos estimulados con corriente anodal tendían a consumir menos calorías (-700 kcal aprox), disminuyendo especialmente aquellas que provenían de grasas y de refrescos azucarados. Además, los sujetos estimulados con corriente anodal perdieron algo de peso mientras que los estimulados con corriente catodal no (incluso tendieron a aumentar un 0,6 %).

Por lo tanto, en base a estos resultados se pueden observar potenciales beneficios de la tDCS para estimular aquella zona de la corteza cerebral responsable del control de la ansiedad por comer, lo cual se traduce en una menor ingesta calórica o en mayor facilidad para seguir una dieta. No obstante, la escasa duración del estudio (5 días) impide sacar conclusiones sobre los efectos a largo plazo en el peso corporal. Debemos ser conscientes de la posible ayuda que puede suponer esta técnica para aquellas personas con dificultad para controlar sus hábitos alimenticios, aunque siempre deberá primar el tratamiento psicológico habitual así como unos hábitos de vida saludables por encima de otras técnicas más invasivas (aunque seguras). Por último, es importante remarcar que el sobrepeso y la obesidad pueden ser consecuencia de factores tanto conductuales como no conductuales, estando condicionado por factores desde metabólicos hasta psicológicos. Por lo tanto, esta técnica podrá facilitar la pérdida de peso en algunas personas (aquellas con mayor dificultad para controlar sus hábitos alimenticios), pero no en otras.


REFERENCIA

1.             Gluck ME, Alonso-Alonso M, Piaggi P, Weise CM, Jumpertz-Von Schwartzenberg R, Reinhardt M, Wassermann EM, Venti CA, Votruba SB, Krakoff J. Neuromodulation targeted to the prefrontal cortex induces changes in energy intake and weight loss in obesity. Obesity. 2015;23(11):2149–56.

¿QUÉ MODALIDAD DE EJERCICIO PRODUCE MAYORES BENEFICIOS EN PERSONAS CON OBESIDAD?

Hasta la fecha numerosos estudios han demostrado los beneficios del ejercicio aeróbico sobre los factores de riesgo cardiovascular. Sin embargo, no está claro si estos beneficios se limitan al ejercicio aeróbico o si otras modalidades de ejercicio, como el de fuerza o una combinación de ambas, pueden producir tantos o más beneficios en personas con sobrepeso u obesidad.

Por ello, Ho y cols (1) investigaron los efectos sobre el perfil de riesgo cardiovascular en personas con sobrepeso y obesidad de un programa de ejercicio aeróbico, de fuerza o una combinación de ambos de igual intensidad y duración frente a un programa sin ejercicio.

16 hombres y 81 mujeres de entre 40 y 66 años (IMC>25 kg/m2 o circunferencia de cintura >80 cm para ellas y 90 cm para ellos) fueron aleatorizados en 4 grupos:

  • Grupo control: no realizaban ningún tipo de ejercicio.
  • Grupo de aeróbico: caminaban en cinta 30 minutos, 5 días/semana.
  • Grupo de fuerza: realizaban 30 minutos de ejercicio usando máquinas de resistencia variable, 5 días/semana.
  • Grupo que combinaba aeróbico y fuerza: caminaban en cinta 15 minutos y durante otros 15 se ejercitaban con máquinas de resistencia, 5 días/semana.

El entrenamiento aeróbico se realizaba al 60% de la frecuencia cardíaca de reserva (FCres) ± 10 latidos/minuto, estimando la FCres mediante la ecuación de Karvonen (220-edad-FC de reposo); mientras que el entrenamiento de fuerza se componía de 5 ejercicios, cada uno con 4 series de 8-12 repeticiones a 10-RM (completando cada serie en 30 segundos con 1 minuto de descanso), siendo 10-RM aproximadamente el 75% de 1-RM.

En el caso del grupo que combinaba ambas modalidades, se realizaban únicamente 2 series por ejercicio.

Los resultados nos muestran que es el entrenamiento combinado el que mayores beneficios produce en personas adultas con sobrepeso y obesidad. Así, este grupo obtuvo mayor pérdida de peso y de grasa corporal y un mayor nivel de fitness cardiorrespiratorio que los grupos que entrenaron sólo aeróbico o sólo fuerza por no decir comparado con el grupo control.

Por tanto, volvemos a incidir, como hicimos en entradas anteriores, en la importancia de programar entrenamientos que contemplen la cualidad física de la fuerza, y no sólo la capacidad aeróbica, en programas para pérdida de peso pues los beneficios obtenidos con la combinación de ambas modalidades de ejercicio son mayores que por sí solas.


REFERENCIAS

Ho, S. S., Dhaliwal, S. S., Hills, A. P., & Pal, S. (2012). The effect of 12 weeks of aerobic, resistance or combination exercise training on cardiovascular risk factors in the overweight and obese in a randomized trial. BMC public health,12(1), 704.