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LA TRIADA DE LA MUJER DEPORTISTA Y SUS POTENCIALES RIESGOS

La triada de la mujer deportista es un síndrome que se ha observado en las mujeres que practican deporte y que presentan interrelación entre los siguientes tres factores: desórdenes alimenticios, amenorrea y osteoporosis. Esta condición se considera un trastorno caracterizado por una alteración en la disponibilidad de energía (con o sin trastornos de la alimentación), la función menstrual y la densidad mineral ósea.

Hasta 2007, cuando el Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM) actualiza las pautas para el diagnóstico, era necesario presentar conjuntamente los 3 componentes para ser diagnosticada como triada de la mujer deportista. Sin embargo, desde entonces, ya no tiene que presentar alteración conjunta de los tres para ser diagnosticada de este síndrome.

En cuanto a sus datos epidemiológicos, hay estudios que nos hablan de una incidencia de hasta un 78% de mujeres que practican deporte que desarrollan uno o más de los componentes de la triada. Asimismo, el riesgo de sufrir fracturas óseas por estrés entre estas mujeres se incrementa desde un 15% a un 21% en presencia de un factor de riesgo, aumentando este valor hasta el 30% con dos factores y hasta un 50% de riesgo con tres.

A la hora de evaluar cada componente específico de la triada, nos encontramos que la prevalencia de irregularidades menstruales entre niñas de secundaria que realizaban deporte osciló entre un 19 y un 54%, mientras que se demostró que de un 11% a un 25% de las mujeres deportistas tuvieron comportamientos alimentarios patógenos o estuvieron en riesgo de desarrollar trastornos alimenticios según aparecen descritos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV). Por tanto, en estos casos la educación temprana es fundamental para prevenir que las deportistas lleguen a etapas más avanzadas de la patología. Cabría reseñar que este problema no es exclusivo de mujeres deportistas, sino que también afecta a las mujeres obsesionadas con la imagen (ortorexia).

Además, el incremento de la participación de la mujer en el deporte junto con una sociedad cada vez más competitiva y los estereotipos actuales, pueden conducir a las mujeres a trastornos alimenticios y de obsesión por el ejercicio haciendo que las labores de prevención, diagnóstico y manejo de cada uno de los factores de la triada se conviertan en esenciales.

Así, educar a las deportistas sobre pautas nutricionales adecuadas sería una fuente importante en la prevención de la triada ya que proporcionaría una disponibilidad óptima de la energía afectando positivamente a la salud ósea y a la salud reproductiva y, por tanto, evitando la aparición de estados patológicos asociados a los componentes de la triada.

De igual forma, los entrenadores, preparadores físicos y los profesionales de la salud también deben ser educados sobre esta triada para detectar y saber reconocer cualquier alteración de sus componentes. La anamnesis y el examen físico por parte de profesionales de la salud pueden proporcionarnos datos que verifiquen si una deportista está en riesgo de desarrollar cualquiera de las alteraciones comentadas. Es por esto que el tratamiento para este grupo de deportistas es esencial que se lleve a cabo de forma multidisciplinar.

Para finalizar y aunque esta triada representa un gran riesgo para la salud, los beneficios del ejercicio, sobradamente evidenciados en muchos casos, superan sus potenciales riesgos.


REFERENCIA

Matzkin, E., Curry, E. J., & Whitlock, K. (2015). Female Athlete Triad: Past, Present, and Future. Journal of the American Academy of Orthopaedic Surgeons23(7), 424-432.