“TRASTORNO DE DÉFICIT DE EJERCICIO EN NIÑOS”. ¿CUÁLES SON SUS CONSECUENCIAS PARA LA SALUD?

Las recomendaciones internacionales nos indican que los niños y adolescentes deberían realizar diariamente 60 minutos o más de actividad física moderada a vigorosa, como mínimo. Además de los beneficios sobre la condición física, la práctica de actividad física fomenta el bienestar emocional, social y cognitivo de nuestros niños.

La infancia es un periodo clave en la adquisición de las conductas, saludables y no saludables, que se desarrollarán posteriormente a lo largo de la vida. Así, en niños que tienden a ser físicamente inactivos durante su infancia, presumiblemente predominarán los hábitos de vida sedentarios durante la edad adulta.

En referencia a esta situación de inactividad en la infancia, el científico pediátrico Dr. Avery Faigenbaum definió el concepto de “Trastorno de Déficit de Ejercicio” (EDD por sus siglas en inglés: “Exercise Deficit Disorder”) (1), el cual describe una condición caracterizada por la disminución del nivel de actividad física por debajo de lo recomendado, esto es, menos de 60 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa.

Mientras que con actividad física nos referimos a cualquier movimiento producido por el músculo esquelético que conlleva gasto energético, el término ejercicio denota un tipo de actividad física planeada y realizada de forma regular. Por tanto, el sentido de ejercicio en el concepto de EDD enfatiza la premisa de que la actividad física habitual debería ser prescrita por los especialistas pediátricos en ejercicio y los profesores de educación física, sin hacernos perder la perspectiva de la importancia mayúscula que tienen el juego y su componente lúdico para estas edades. Así, la participación en actividades al aire libre, actividades recreacionales, clases de educación física y deportes van a contribuir a su desarrollo físico y psicosocial.

Aunque el EDD no puede considerarse una enfermedad como tal, los niños y adolescentes con EDD deberían ser tratados con la misma resolución que los pacientes pediátricos con hipertensión o dislipidemia, ya que sus consecuencias clínicas futuras pueden ser de un tremendo impacto sobre la salud pública de las generaciones venideras.

En este sentido, conocemos que algunas enfermedades crónicas como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer,… que se manifiestan prevalentemente en etapas adultas vienen determinadas por estilos de vida sedentarios durante la infancia. Por tanto, serán necesarias estrategias que promuevan la actividad física desde las edades más tempranas con objeto de prevenir el desarrollo de factores de riesgo y procesos patológicos en el futuro.


REFERENCIA

  1. Faigenbaum, A.D. & Myer, G.D. (2012). Exercise Deficit Disorder in Youth: Play Now or Pay Later. Current Sports Medicine Reports, 11(4), 196-200.
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